San Bernabé 2014

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella        Queridos hermanos sacerdotes,
Excelentísimo Sr. Presidente de la Comunidad Autónoma,
Sra. Alcaldesa de Logroño,
Ilustrísimas autoridades,
Cofradía de San Bernabé y del Pez
Hermanos todos:

El nombre original de san Bernabé era “JOSÉ”, se llamaba José.

Pero los apóstoles le cambiaron el nombre y le pusieron el sobrenombre de Bernabé, que significa, según indica san Lucas, “esforzado, el que anima y entusiasma” (Hch 4,36).

¿Por qué le pusieron este nombre? Permitidme que os narre una pequeña historia que nos ayudará a entenderlo. Es una historia que puede aplicarse a san Bernabé y puede servir para nuestra vida de creyentes:

“Al final de una cena en un castillo inglés, un famoso actor de teatro entretenía a los huéspedes declamando textos de Shakespeare. Después se ofreció a que le pidieran un bis. Un tímido sacerdote preguntó al actor si conocía el salmo 22. El actor respondió: “Sí, lo conozco, pero estoy dispuesto a recitarlo sólo con una condición: que después lo recite usted”. El sacerdote se sintió incómodo, pero accedió. El actor hizo una bellísima interpretación, con una dicción perfecta: “El Señor es mi Pastor. Nada me falta”. Al final, los huéspedes aplaudieron vivamente. Llegó el turno al sacerdote, que se levantó y recitó las mismas palabras del Salmo. Esta vez, cuando terminó, no hubo aplausos. Sólo un profundo silencio y el inicio de lágrimas en algún rostro. El actor se mantuvo en silencio unos instantes. Después, se levantó y dijo: “Señoras y señores, espero que se hayan dado cuenta de lo que ha sucedido esta noche. Yo conocía el Salmo, pero este hombre conoce al Pastor”.

San Bernabé conocía bien al Pastor, al Buen Pastor Jesús; y el Espíritu del Señor, que moraba en su corazón, hizo que brotara en él, de un modo notable, el fruto de la fortaleza, de la alegría, del amor. Bernabé estaba lleno de Dios, era un hombre de Dios, conocía internamente a Dios, Padre y Pastor de nuestras vidas, que nos ha entregado a su único Hijo y derrama perennemente su amor sobre toda la Humanidad, dándonos el Espíritu santo. Los creyentes, los orantes, lo saben como san Bernabé: siempre llueve amor divino sobre el mundo. Y muchas veces también lágrimas, lágrimas de un Dios vulnerable ante el sufrimiento de los hombres…porque “no se vive en amor sin dolor” (SAN JUAN PABLO II, Encíclica Dominum et vivificantem).

De san Bernabé podemos aprender dos cosas:

1La primera: a “ser Bernabés”, esforzados y no indolentes, a animar e ilusionar a quienes nos rodean, con el testimonio de la alegría de nuestra fe y de nuestra esperanza en Dios.

Predica el evangelio con mucho entusiasmo. Recorre los caminos de Asia anunciando la Buena Nueva de Jesús sin miedo, con sencillez, pero con gran valentía.

Ojalá que nosotros, cristianos del siglo XXI, anunciemos el evangelio con ese talante.

Decía Pablo VI que “el hombre contemporáneo cree en los testigos más que en los maestros; y si cree en los maestros es porque son testigos” (E.N. 41).

Y el Papa Francisco nos dice: “También en esta época la gente prefiere escuchar a los testigos: tiene sed de autenticidad… exige a los evangelizadores -y lo somos todos los bautizados- que le hablen de un Dios a quien ellos conocen y tratan familiarmente como si lo estuvieran viendo” (E.G., 150).

Es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demora, sin pereza y sin miedo. “La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie” (E.G., 23).

2La segunda cosa, que podemos aprender del apóstol san Bernabé, sigue siendo hoy y siempre muy necesaria: A promover la comunión y no la división o el enfrentamiento.

San Pablo no quería llevar consigo a Marcos (Cf. Hch 15,36-40), san Bernabé lo defiende, no quiere rupturas ni enfrentamientos. Apuesta por la comunión, por la fraternidad.

¿Cómo podremos nosotros lograr la comunión y la fraternidad en medio de esta sociedad, a veces, tan dividida, tan fracturada? Nos duele a todos y nos escandaliza que haya división y tensión en el ámbito familiar, social, religioso y político. Parece como que los decibelios de tensión van creciendo en los últimos tiempos.

El Papa Francisco nos da criterios, pautas, para lograrlo:

 Aprender a descubrir a Jesús, el Hijo de Dios, en el rostro de los demás (E.G., 91).
 No dejarse vencer por la tentación de la envidia. Estamos en la misma barca y vamos hacia el mismo puerto. Pidamos, nos dice el Papa, la gracia de alegrarnos con los frutos ajenos, que son de todos (E.G., 99).
 Aprender a sufrir, en un abrazo con Jesús crucificado, cuando recibimos agresiones injustas o ingratitudes, sin cansarnos jamás de optar por la fraternidad, como decía santa Teresa de Lisieux (E.G., 91)

Que santa María, Estrella de Evangelización y Madre nuestra, nos ayude en esta tarea de seguir las enseñanzas de san Bernabé.

Le rogamos que con su oración maternal nos ayude para que cada uno de nosotros, para que la Iglesia entera y la sociedad, llegue a ser una casa para muchos, una madre para todos los pueblos, y haga posible el nacimiento de un mundo nuevo. Con María avanzamos confiados hacia esta promesa de conseguir un mundo nuevo, un mundo donde reine la fraternidad, la justicia, la libertad, y el amor (Cf. E.G., 288).

¡Feliz fiesta de san Bernabé! Amén

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
Acerca de Card. Juan Jose Omella 296 Artículos
Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.