El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

Mons. YanguasMons. José María Yanguas      Queridos hermanos:

Hace dos semanas dimos inicio a nuestras reflexiones sobre dos realidades profundamente humanas y estrechamente vinculadas entre sí: el matrimonio y la familia. Ambas tienen necesidad de ser iluminadas nuevamente por la razón y la fe, para superar el deterioro que sufren hoy en la cultura ambiente, en el pensamiento dominante, en los modelos de vida que nos presentan, con demasiada frecuencia y casi con exclusividad, los medios de comunicación.

El Concilio Vaticano II, en la Constitución Gaudium et spes, se refiere repetidamente al matrimonio y a la familia con el concepto de comunidad (communitas coniugalis et familiaris) (cf. nn. 47-48). Así, desde el primer momento, matrimonio y familia son puestas  en relación con el amor. En efecto, el concepto de comunidad remite necesariamente como a su fundamento al amor, a algún tipo de amor, ya que característica y efecto esencial del amor es la unión, crear comunidad. Por si no fuera claro, el Concilio precisa que se refiere a la comunidad  del matrimonio y de la familia como una “comunidad de amor”, una “comunidad de vida y amor” (ibídem).

Si, como decíamos hace dos semanas, el bienestar del hombre está estrechamente ligado a la prosperidad del matrimonio y de la familia, eso encuentra su razón en el hecho de que, por ser comunidades de amor, convienen máximamente a la persona humana, única criatura sobre la tierra a la que Dios ama por sí misma. Ésta es su verdad más profunda: el hombre es fruto del amor de Dios. Experimenta la vida como regalo, como don gratuito, que encuentra su fundamento no en sí mismo sino en la voluntad amorosa de otro, de Dios. Sólo de este modo, reconociéndose como don se descubre el hombre a sí mismo, se le revela su ser más íntimo. Al mismo tiempo, el hombre puede percibir que “no puede encontrar su propia su plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás” (ibídem, 24). San Juan Pablo II glosaba estas palabras del Concilio con palabras que pertenecen ya al núcleo mismo de la antropología cristiana: “El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente” (Redemptor hominis, n. 10).

Encontramos aquí un presupuesto necesario para entender la doctrina cristiana sobre el matrimonio y la familia. La naturaleza del hombre es, en efecto, la de un ser creado para el amor y hecho capaz de amor. Si no se comprende esto y no se acepta, no será posible percibir la verdad y la belleza del matrimonio y de la familia. Si el hombre es el “lugar” del amor en su sentido más fuerte y genuino, la familia es como su “casa“, su “hogar”; allí donde, por así decir, se encuentra más cómodo, se trate de la familia de vínculos de sangre o de la familia espiritual, la Iglesia.

Hablo del hombre como “lugar” del amor en su sentido más hondo y auténtico porque el amor puede revestir formas muy variadas, desde las más altas y cautivadoras, hasta las más falsas y rastreras: del oro puro, valiosísimo y de altísimo valor, a la purpurina, la falsa imitación, los sucedáneos engañosos y embusteros. Cuando se habla del amor más genuino nos estamos refiriendo al amor interpersonal, al que se da entre Dios y el hombre o entre un hombre y una mujer, un amor real, objeto de experiencia, dotado de sus leyes y constantes: la del deseo y exigencia de la persona amada, la de la entrega sin condiciones y sin término,  la del don de sí en su dimensión corporal y en aquella espiritual.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).