Iglesia orante: la Trinidad

AGUSTINCORTÉSMons. Agustí Cortés       El hecho de que la Trinidad sea puesta siempre en relación con lo más incomprensible y oscuro de la fe cristiana no ha sido culpa solamente de la teología, con sus razonamientos y sus intentos de comprender y poner palabras al misterio, sino también del desacierto en su exposición pastoral. Por un lado, determinadas teologías se han entretenido con juegos de palabras y conceptos abstractos e inútiles. Por otro, su exposición pastoral se ha realizado muchas veces trasladando sin más ese lenguaje teológico o usando fórmulas abstractas. Parecía que con ello se pretendiera conseguir una impresión de mayor profundidad o una respuesta de fe más “heroica” o valiosa, al subrayar lo “ilógico” o contradictorio del misterio.

Sin embargo, guardo el recuerdo de la impresión que me produjo el primer contacto que tuve con el testimonio de Sor Isabel de la Trinidad (Dijon 1880-1906). Una mujer de carácter y de gran sensibilidad, apasionada y humilde, inteligente y afectivamente rica, que de su temperamento natural, según un estudioso, “igual podría haber sido una santa que un demonio”. Pero llegó a experimentar una cima de plenitud humana al descubrir y hacer motivo central de su oración al Dios trinitario. Su trayectoria espiritual, como joven creyente y como carmelita, es una auténtica búsqueda de la plenitud de felicidad en la relación viva con Dios – amor. Daba por descontado, como buena carmelita, que debía asumir el dolor, como el de la enfermedad que le llevó a su temprana muerte, pero el acento de su vida, estaba puesto absolutamente en la alegría de vivir el mismo amor del Padre al Hijo en el Espíritu Santo. Así, escribió:

«La Trinidad: aquí está nuestra morada, nuestro hogar, la casa paterna de la que jamás debemos salir… Me parece que he encontrado mi cielo en la tierra, puesto que el cielo es Dios y Dios está en mi alma. El día que comprendí eso todo se iluminó para mí.»

Como sentía que estaba hecha para la relación interpersonal de amor y éste, en su grado más perfecto, es mirar al otro y reconocer su valor, tomó como lema de su vida aquella afirmación de San Pablo: vivir sólo para “alabanza de la gloria de Dios”. Era como existir en el interior de la Trinidad o experimentar que la Trinidad vive efectivamente en nosotros. De ello estaba plenamente convencida, porque su misma experiencia de alegría sincera se lo demostraba. Una experiencia que vivió fundamentalmente en la oración. ¿Por qué razón?

Intentamos mil veces lograr un equilibrio y unas relaciones interpersonales “sanas” que nos permitan vivir en comunidad y testimoniar una existencia de verdadera fraternidad en la Iglesia. No acabamos de conseguirlo, entre otras razones, porque es sencillamente imposible. Lo poco que nos es permitido gozar aquí son pequeños destellos de alegría, regalados en el marco del contacto vivo con la Trinidad, es decir, en la atmósfera de la oración. Sólo mediante ella participamos en el amor que existe entre las tres personas de la Trinidad. Alcanzarlo nos permite vivir una tensión fecunda entre las fuerzas que nos llevan a ser uno mismo y ser para los otros, recibirnos en la diversidad y mantenernos en la más profunda unión, conservar la interioridad y acoger al otro y al mundo exterior…

La Iglesia nació y nace constantemente de la comunión de amor que es la Trinidad. ¿Cómo pensar que pueda existir y avanzar si no vive hoy del contacto con Dios trinitario y si no le tiene a Él como su único sueño y su única esperanza?

Bien sabemos que la Trinidad, más que explicarla, hay que vivirla.

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
Acerca de Mons. Agustí Cortés Soriano 275 Artículos
Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.