El dolor, la soledad, el abandono

Mons. Gerardo MelgarMons. Gerardo Melgar     Queridos diocesanos:

Esta semana quiero compartir con vosotros una reflexión sobre el dolor, la soledad y el abandono, y cómo vivirlos en cristiano, desde la fe. «Llegada la hora sexta, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. A la hora nona gritó Jesús con fuerte voz: Eloí, Eloí, ¿lama sabactaní?, que quiere decir: ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?» (Mc 15, 34) Éste es el grito de abandono lanzado por Jesús: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Es la expresión más nítida de una angustia sin límites en el abismo de su soledad.

Abandonado de los hombres, Jesús se siente también abandonado del mismo Dios. Es la expresión de la experiencia de abandono más radical pero es, a la vez, la expresión más patente de la relación que Jesús mantiene con Dios: Él sabe que Dios, aunque parezca que no está presente, está ahí, no abandona. Cristo eleva un grito al Padre al que reclama como «Dios mío». Cuando vuelven a resonar, una vez más, estas palabras de Jesús en nuestros corazones nos conviene recordar que esta escena nos explicas tantas situaciones como se dan en la vida del hombre: tantos que, ante una enfermedad grave, han pensado que Dios les ha abandonado o han gritado «¿por qué a mí?»; tantos que, ante la muerte de un ser querido, han pensado «¿por qué me ha tenido que pasar a mí? ¿En qué situación quedo yo?. Sin embargo, cuando se conoce a Dios uno se da cuenta de que Dios no abandona nunca.

Dios sigue ahí aunque nos parezca que nos ha abandonado porque Dios es nuestro Padre, un Padre que se preocupa por sus hijos aunque, en ocasiones, los hijos no entiendan su modo de proceder. ¡Tantas veces en nuestra vida no acertamos a explicarnos el actuar de Dios! Es más, le echamos la culpa de lo malo que nos está sucediendo, nos sentimos abandonados por Él; pero nada más lejos de la realidad: Dios está siempre a nuestro lado, interesándose por nosotros, por nuestras cosas y dándonos cuanto necesitamos para que podamos salir adelante. Cuando todas las ventanas de la vida se nos cierran, aparece la ventana de Dios siempre abierta para acogernos, abrazarnos y darnos lo que necesitamos en cada momento.

En los momentos de cruz es crucial seguir confiando en Dios, seguir convencidos de que Dios es nuestro Padre y nos sigue queriendo aunque no siempre coincida nuestra manera de hacer las cosas y la manera como las hace Él. La fe es lo único que puede darnos esperanza y nos puede ayudar a recuperar la ilusión, a encajar los momentos de dolor y de amargura; para ello tenemos que confiar en Dios que nunca falla, como hicieron los santos, como hizo Cristo en el calvario cumpliendo la voluntad del Padre aunque ésta le suponga sufrimiento y dolor.

Así de sencillo y así de difícil, queridos hermanos: Dios, en nuestros momentos de dolor y de sufrimiento, no sólo no está lejos de nosotros sino que nos lleva en brazos y nos da su gracia para que podamos superar el sufrimiento, para que nos demos cuenta que no estamos abandonados porque Él está a nuestro lado aunque nos resulte difícil verlo y sentirlo.

Que el Señor, cuando la noche se acerque a nuestra vida, cuando el dolor se haga compañero de nuestro camino, cuando el sufrimiento nos haga difícil seguir caminando, nos ayude a descubrir que camina con nosotros, que nos acompaña, que nos alienta y nos da fuerzas y gracias para salir adelante. Que sepamos leer y sentir la presencia del Señor en nuestra vida, especialmente en esos momentos en que la fe parece que se tambalea y nos es más difícil creer.

Vuestro Obispo,

+ Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.