¡Id!: Cristo y la Misión de la Iglesia

Mons. Gerardo MelgarMons. Gerardo Melgar    Queridos diocesanos:

Quiero compartir en los próximos Domingos de este mes de junio cinco reflexiones sobre otros tantos temas que vamos a desarrollar en la Semana «Tiempo de…», que pone el punto y final a nuestra Misión diocesana. Hoy quiero reflexionar sobre la misión que Cristo encarga a la Iglesia en la persona de los Apóstoles.

«Id al mundo entero y predicad el Evangelio» es el mandato a sus discípulos que encontramos en el texto evangélico según San Mateo (Mt 28, 19). Cristo había sido enviado por el Padre con una misión a realizar en el mundo, anunciar a los hombres la salvación. Él cumplió la misión hasta el final, hasta derramar la última gota de su sangre por ser fiel a lo que Dios le había encomendado. Él mismo, desde el principio, elige unos compañeros de fatigas que sean los continuadores de esta misión a través de los tiempos y los llama para una doble tarea: para que estén con Él, para que aprendan de Él, y para confiarles su misma misión en orden a que puedan ser continuadores de esta hermosa tarea por todo el mundo hasta el final de los tiempos.

Esta misión se la confía a toda la Iglesia porque en los Apóstoles está toda la Iglesia y la confía con la misma finalidad: ofrecer a los hombres la salvación. Pero esta misma misión nos la sigue encomendando el Señor a la Iglesia de hoy, a cada uno de nosotros, para que el mensaje salvador de Cristo llegue al hombre actual, se convierta y se salve.

Sí, a nosotros nos encomienda el Señor, como decía San Juan Pablo II, llevar el mensaje salvador de Cristo al corazón del mundo para que lo conozcan, se interpelen, se conviertan, cambien de vida y se salven. En la actualidad, cada uno de nosotros debe escuchar como dirigido a sí mismo ese mandato de Cristo: ¡Id!. Todo cristiano, por el hecho de estar bautizado, tiene que hacerse responsable de ese envío de Jesús y preguntarse: ¿Dónde y a quién ir? ¿Qué trasmitir? ¿Cómo hacerlo?

¿Dónde y a quien ir? A todos los hombres y mujeres de hoy, a todos los adolescentes y jóvenes, a todos los matrimonios y familias que viven al margen de Dios para anunciarles que el Señor les ama, que Él es el único que puede saciar su sed. Este mensaje hemos de llevarlo a los que no creen porque no conocen a Cristo y su mensaje salvador, a los que lo conocen pero se han olvidado y viven como si no lo conocieran, a los indiferentes a todo lo que suene a Dios o fe, a los que un día creyeron y hoy viven una fe mustia, a todos cuantos han abandonado la senda de Cristo por el mal ejemplo de los cristianos.

¿Qué transmitir? La esencia del Evangelio: que Dios nos ama y se interesa por todos y cada uno, por nuestras cosas, por nuestra vida. No podemos dejar de hacer resonar en el corazón de la humanidad que Él es el Padre bueno que no abandona a nadie, aun cuando nosotros no queramos saber nada de Él; sí, aunque le hayamos abandonado, Él sigue a nuestro lado para demostrarnos su amor. Debemos grabar a fuego en el corazón humano que el hombre no puede ser sin Dios y que sólo en Él puede encontrar respuesta auténtica a sus interrogantes más profundos.

¿Cómo hacerlo? Es claro que con nuestra palabra, sabiendo dar razón de nuestra fe, defendiéndola y mostrando un santo orgullo de nuestra condición de cristianos; para ello, tenemos que ser personas y cristianos bien formados. Pero, sobre todo, debemos hacerlo con nuestro testimonio pues a muchas personas no le sirven los discursos; quieren coherencia, que podamos decir con Jesús: «si no me creéis a mí, creed a mis obras».

Que el Señor nos ayude a llevarle con alegría y amor a los corazones de este S. XXI. ¡Feliz Domingo!

Vuestro Obispo,

+ Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.