Dos pontífices dóciles al Espíritu Santo

Mons. Lluís Martínez SistachMons. Lluís Martínez Sistach        En esta Pascua de Pentecostés, popularmente conocida como la Pascua granada, quisiera recordar sobre todo que el Espíritu Santo es la garantía de la permanente juventud de la Iglesia. El Espíritu, derramado sobre la Iglesia naciente en el día de Pentecostés, inaugura una nueva etapa en la historia de la salvación. El Espíritu Santo es la presencia renovada de Dios en medio de su pueblo, es la fuerza que guía a los discípulos de Cristo en su misión de dar testimonio del Resucitado; es quien orienta esta actividad testimonial y promueve la proclamación misionera del Evangelio, a la que nos invita tan claramente el papa Francisco.

El Espíritu Santo tiene una acción permanente en la Iglesia: su rejuvenecimiento constante. La llama de Pentecostés no se apaga. El impulso vivificador del Espíritu es bien perceptible en las diversas manifestaciones de la vida de la Iglesia universal y también en nuestro país, porque el Espíritu trabaja en el corazón de cada cristiano y suscita respuestas individuales y colectivas a los retos que nuestro mundo nos va presentando.

El Concilio Vaticano II nos habló de la acción del Espíritu Santo en la Iglesia, diciendo que siempre «dota y dirige la Iglesia con diversos dones jerárquicos y carismáticos […]. Rejuvenece la Iglesia con el vigor del Evangelio, la renueva sin cesar y la lleva a la unión total con Jesucristo”.

Entre los dones jerárquicos recibidos por la Iglesia contemporánea, quisiera recordar que, durante el tiempo de Pascua, hemos vivido en la Iglesia la canonización de los papas Juan XXIII y Juan Pablo II. El papa Francisco, en su homilía de la misa de canonización, mencionó especialmente la docilidad de estos dos nuevos santos y los frutos que eso le ha comportado a la Iglesia de nuestros tiempos. «Juan XXIII y Juan Pablo II colaboraron con el Espíritu Santo para restaurar y actualizar la Iglesia según su fisonomía originaria, la fisonomía que le dieron los santos a lo largo de los siglos. No olvidemos que son los santos los que hacen avanzar y crecer a la Iglesia.»

El papa Francisco añadió que san Juan XXIII, cuando convocó el Concilio Vaticano II, demostró una delicada docilidad al Espíritu Santo, se dejó conducir y fue para la Iglesia un pastor, un «guía guiado» –bonita expresión del papa Francisco–; y, de esta manera, hizo un gran servicio a la Iglesia, porque fue «el Papa de la docilidad al Espíritu Santo».

La docilidad de san Juan Pablo II al Espíritu Santo se manifestó sobre todo en convertirse en «el Papa de la familia». Por eso el Papa actual le pidió que desde el cielo quiera acompañar y apoyar el camino sinodal que está viviendo toda la Iglesia sobre la familia y con las familias en los sínodos episcopales de los años 2014 y 2015. En Barcelona, donde tenemos un gran templo dedicado a la Sagrada Familia, debemos orar para que «estos dos nuevos santos pastores del Pueblo de Dios intercedan por la Iglesia porque durante estos dos años de camino sinodal, sea dócil al Espíritu Santo en el servicio pastoral a la familia”.

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona

Mons. Lluís Martínez Sistach
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El Cardenal Martínez Sistach nace en Barcelona el 29 del abril de 1937. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Mayor de Barcelona entre los años 1954 y 1961. Fue ordenado sacerdote el 17 de septiembre de 1961 en Cornellá de Llobregat. Entre 1962 y 1967 cursó estudios jurídicos en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, doctorándose en Derecho Canónico y Civil. Terminados sus estudios jurídicos en Roma, fue nombrado Notario del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, cargó que ocupo desde 1967 a 1972. Desde ese mismo año y hasta 1979, fue Vicario Judicial Adjunto del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, y de 1975 a 1987, Profesor de Derecho Canónico de la Facultad de Teología de Cataluña, en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona y en el Instituto de los PP. Salesianos de Barcelona. De 1979 y 1987 fue Vicario General de la archidiócesis de Barcelona. En 1983 fue elegido Presidente de la Asociación Española de Canonistas. CARGOS PASTORALES Fue nombrado Obispo auxiliar de Barcelona el 6 de noviembre de 1987. Recibió la ordenación episcopal el 27 de diciembre de ese mismo año. Fue nombrado Obispo de Tortosa el 17 de mayo de 1991. El 20 de febrero de 1997 fue promovido a Arzobispo Metropolitano de Tarragona y el 15 de junio de 2004 a Arzobispo Metropolitano de Barcelona. El 6 de noviembre de 2015 el papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Barcelona, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 26 de diciembre del mismo año. Es Gran Canciller de la Facultad de Teología de Catalunya y de la Facultad de Filosofía de Catalunya, y Presidente de la Fundación “Escola Cristiana de Catalunya”. Creado Cardenal en el Consistorio de noviembre de 2007. En la Curia Romana es miembro, desde mayo de 2008, del Pontificio Consejo para los Laicos, del que ya era consultor desde 1996; del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos de la Iglesia, desde 2002, y desde julio de 2006, es también miembro del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, cargo para el que fue ratificado en mayo de 2008. Desde junio de 2010 es miembro de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede. El 9 de abril de 2013 la Generalitat de Cataluña le otorgó la Medalla de Oro. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos, de la que ya fue miembro desde 1987 al 2005 y Presidente de 1990 al 2002. Formó parte del Comité Ejecutivo de 2005 al 2011, año que fue elegido Presidente de la Comisión de Liturgia para el trienio 2011-2014. Desde este último y hasta diciembre de 2015, era miembro de la Comisión Permanente.