Nuevo pueblo y nueva alianza

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris       Los antiguos escritores bíblicos estaban convencidos de que toda la humanidad procedía de un tronco común y no se explicaban cómo había tanta gente enfrentada, dividida e incapaz de entenderse. A tal efecto, casi mil años antes de nuestra era, construyeron el relato de la torre de Babel (Gen 11,1-8) en el que los hombres, al intentar edificarse un templo a sí mismos, rompieron la unidad del género humano, demostrando que cuando el ser humano cree que puede ser dios se convierte en un peligro para sus semejantes y viceversa.

Más de diez siglos después, leemos otro relato en el libro de los Hechos de los Apóstoles, acompañado de eventos expresados como si se tratara de fenómenos sensibles: ruido de viento huracanado, lenguas de fuego… Es la manera que utiliza san Lucas para expresar cómo aquellos primeros discípulos, asustados por lo ocurrido con su Maestro y con las puertas cerradas por miedo a los judíos, sintieron la fuerza del Espíritu de Dios que se les metía dentro, perdieron el miedo, y empezaron a dar los primeros pasos hablando con libertad y difundiendo la buena noticia de la muerte y resurrección de Jesús.

El texto dice que «residían en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones que hay bajo el cielo» (Hech 2,5), y el signo dado por la acción del Espíritu Santo, el signo que desconcierta, es que cada uno los oía hablar en su propia lengua. El Espíritu había hecho posible la unidad, sin uniformarlos: las lenguas seguían siendo diferentes, pero el entendimiento era posible.

Poco importa averiguar en qué consistió ese fenómeno. Lo que importa es que el día de Pentecostés el mundo pudo descubrir y experimentar la unidad hecha de diversidad; que la comunidad de Jesús nace abierta a todos; que Dios ya no quiere la uniformidad, sino la pluralidad; que no quiere la confrontación sino el diálogo; que ha comenzado una nueva era en la que hay que proclamar que todos podemos ser hermanos a pesar de las diferencias; que ya es posible entenderse superando todo tipo de barreras que impiden la comunicación. Y ello porque el Espíritu nos facilita un lenguaje universal, el único que conduce al entendimiento respetando las diversas maneras de expresarse: el lenguaje del amor, el lenguaje de la entrega en favor de la construcción de un mundo nuevo en el que nadie quiera ser dios de nadie, el lenguaje de los que intentan construir una verdadera fraternidad universal.

El relato de los Hechos de los Apóstoles hace algunas precisiones que nos deberían llevar a los bautizados a una buena revisión de vida: por una parte nos dice que hace falta recogimiento y oración para recibir el Espíritu y para abrir las puertas de la comunidad (los discípulos reunidos y orando, en compañía de María, la Madre de Jesús (Hech 1,14); y por otra, muestra que toda la vida de la Iglesia continuaba girando en torno al Cristo resucitado y se expresaba en la celebración de la fe, como encuentro de los hermanos que necesitan alabar y agradecer los dones de Dios, y en la atención preferente a los más necesitados (Hech 2,42-47).

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.