Formación litúrgica de la Comunidad Cristiana

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez        Vivir la espiritualidad litúrgica es muy hermoso, pero hemos de reconocer que los fieles cristianos están aún lejos de conseguirlo. Por eso es indispensable la formación litúrgica de las comunidades para que descubran toda la riqueza de la vida espiritual basada en la fuente de la liturgia.

Estamos en un momento propicio para elevar el listón espiritual del pueblo cristiano.  En medio del rimo trepidante de la vida moderna con sus formas existe un despertar espiritual. El trabajo y quehaceres en asuntos temporales no son estorbo, sino ocasión de impregnar la existencia entera de espiritualidad. Es posible encontrar y dedicar para Dios todas las horas, no sólo unos minutos. No hay clasismo entre los que tienen tiempo para la contemplación y para la acción. Ahora ya se acepta que la santidad no es sólo para los gigantes de santidad de siglos de antaño.

También hay conciencia de que tener una espiritualidad como guía de la vida no es un refinamiento aristocrático del espíritu. Aparecen nuevos movimientos espirituales que demuestran que hay una creciente inquietud religiosa. La espiritualidad se presenta como búsqueda y experiencia de Dios, respuesta al sentido de la vida y aliento del compromiso.

El Concilio vaticano II promueve la formación litúrgica de los fieles para que puedan beneficiarse de toda su riqueza para todas las dimensiones de la vida. “Los pastores de almas fomenten con diligencia y paciencia la educación litúrgica y la participación activa de los fieles, interna y externa” (SC 19).

Es necesario que el pueblo participe activa y conscientemente en la celebración del culto para que descubran que es la cumbre a la que tiende la actividad de la Iglesia y la fuente misma donde se alimenta el espíritu cristiano. La pastoral litúrgica está orientada a la formación auténtica de la comunidad cristiana (cf PO 6).

En las parroquias hay personas que se dedican especialmente a promover la pastoral litúrgica. Son los llamados equipos de liturgia. Realizan una labor encomiable. Esas personas son las primeras beneficiadas. Al formarse litúrgicamente viven en toda su riqueza las celebraciones que preparan. Perciben con gozo los sentimientos que provocan las palabras, los signos, los misterios. Ellos son los primeros que viven con temblor el gozo de las emociones religiosas. Poco a poco van transmitiendo y contagiando a las comunidades el gusto por la liturgia. Viven la espiritualidad litúrgica y los misterios que se celebran. Se sienten felices de hacer que sus hermanos bautizados gusten y canten las alabanzas del Padre, unido a Jesucristo en un mismo Espíritu (cf  SC 7-8). Esto lo realizan de forma práctica ayudando a los fieles a participar leyendo, ayudando al altar, realizando la colecta, etc. Enseñan a participar cantando, rezando y realizando los gestos litúrgicos de cada momento. Su acción es un ministerio necesario como lo son los agentes de otros campos de la pastoral.

Regulan con guiones bien preparados para cada celebración la estética, el marco, el ambiente, el ritmo de la celebración, las acciones, los movimientos de los que intervienen y los objetos y elementos usados. Nada queda al azar. Así luce en toda su belleza y esplendor la liturgia en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía.

El equipo de liturgia no es un grupo de animadores, sino que viven su trabajo como algo de orden espiritual que les santifica. Tienen conciencia de que ayudan a que los fieles vivan la espiritualidad litúrgica penetrando el sentido interno de los ritos.

Cuando las celebraciones están bien hechas los fieles son llevados de forma natural y suave al encuentro con Cristo y a participar más plenamente de su gracia.

Cumplen el encargo del Concilio Vaticano II: “Por tanto, la Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la acción sagrada, sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él, se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos” (SC 48)

La reforma conciliar de la liturgia entusiasmó y provocó un gran interés. El balance de lo conseguido es satisfactorio.

Quizás con el pasar de los años ha bajado la tensión de aquellas primeras reformas conciliares pensando que ya se había conseguido bastante. Pero es un reto mantener el empeño para que la espiritualidad litúrgica influya cada vez con más intensidad en la vida espiritual. No hemos de conformarnos con metas mínimas.

Dos textos del emérito papa Benedicto XVI, muy sensible a la belleza de la liturgia nos animan a considerar la liturgia como la mejor escuela de espiritualidad: “Todos debemos trabajar juntos para celebrar la Eucaristía cada vez con mayor profundidad: no sólo como rito sino como proceso existencial que toca a cada uno en su intimidad, más que cualquier otra cosa, y nos cambia y transforma. Y al transformarnos, también comienza la transformación del mundo que el Señor desea y por la que quiere hacernos sus instrumentos” (A los párrocos de Roma, 26 de febrero de 2009).

En la Audiencia General del miércoles 29 de septiembre de 2009 propuso a Santa Matilde de Hackerborn (1241) como modelo de que “la oración cotidiana y la vivencia intensa de la liturgia, especialmente la Eucaristía, son escuela de espiritualidad y camino de amistad con Dios”.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Tudela

Mons. Francisco Pérez
Acerca de Mons. Francisco Pérez 316 Artículos
Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).