Ascensión de Jesús: subió al cielo – 1 junio 2014

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas      Cuando profesamos nuestra fe, el Credo, afirmamos: “…subió al cielo, está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; y desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos”. Afirmamos y profesamos la ascensión de Jesús, el Resucitado. 

Considerando las dificultades para explicar de una forma fácil de entender la ascensión, sobretodo a los jóvenes, niños… lo he hecho procurando responder a tres cuestiones: una pregunta, un mensaje y un reto o desafío. 

– Una pregunta: ¿qué queremos dar a entender cuando decimos que Jesús subió al cielo? 

¿Qué queremos decir cuando nos referimos a la ascensión de Jesús? 

No se trata de un viaje sideral de Jesús por el espacio hacia un destino perdido en las galaxias. Lo remarco porque el primer cosmonauta ruso, a su regreso a la Tierra, entre otras declaraciones dijo que no había encontrado a Jesús. 

De hecho, es Dios Padre quien responde la pregunta: reivindico a Jesús como Hijo, elevándolo hasta mi gloria, a mi lado, precisamente por haber dado la vida por amor, como la dio al cumplir la misión que le había sido encomendada. Quien sufrió la pasión y la cruz, aquél a quien convirtieron en un deshecho humano, en un siervo sufriente… es mi Hijo. El apóstol Pablo, en su carta a los filipenses, lo deja muy claro: “Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre… y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre”. 

Ascender o ser exaltado, en todas la culturas se considera una señal de dignidad, lo contrario a  ser rebajado o despojado de dignidad. 

Pero Jesús, sentado a la derecha del Padre, no nos ha dejado solos ante la historia, ya que sigue haciéndose presente gracias al Espíritu y a su humanidad, que ahora es su Iglesia. Además, nos espera tal como dijo  durante la última cena: “Padre, éste es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy”. 

– El mensaje: hay que vivir con esperanza y alegría. 

No se trata de una alegría superficial, sino de vivir con aquella serenidad y paz que alcanzamos al saber que también compartimos la gloria de Jesús, aunque no en toda su plenitud. No se trata de aparentar estar alegres en las penas y desgracias, sino de vivirlas con la esperanza que será Dios quien diga la última palabra. 

– El desafío: llegar a ser semejantes a Jesús en esta vida. 

Pensando en las persones que comparten su camino con cada uno de nosotros, ya que es así como encontramos a Jesús haciéndolo presente en nuestra vida real y concreta. 

Una lección para todos: cuanto más nos demos a semejanza suya, pese a que dejemos la piel en ello, más nos reconocerá el Padre como hijos suyos. 

La ascensión nos empuja a mirar a Jesús glorificado y a mirar a las personas, como hacía Jesús, el Señor glorificado, para vivir con sus sentimientos y actitudes. 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 372 Artículos
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.