La Ascensión de Jesucristo a los cielos nos asegura la Comunicación con Dios

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora      Con el nombre genérico de «Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales», la Iglesia celebra este domingo de la «Ascensión del Señor a los cielos» con el pensamiento puesto en la comunicación. Sí, el final del Evangelio de San Mateo, que leemos hoy, es muy claro: Jesucristo se queda con nosotros: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». Resucitado, ya no está sujeto a las dimensiones espacio temporales, y, en el misterio de su Ascensión a los cielos, sabemos que desaparece de nuestra vista y, a la vez, sabemos que «está con nosotros». Palabra, sacramentos y amor («como yo os he amado») aseguran su presencia en la vida de la Iglesia.

Queda establecido definitivamente el puente entre Dios y la Humanidad: Jesucristo, Dios y hombre verdadero, a quien el Padre nos dice el texto de la carta a los Efesios: «Todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos».

La comunicación entre Dios y los hombres pasa, por tanto, a la Iglesia, lugar del encuentro con Dios y no como un simple templo, sino como comunidad de personas: «plenitud del que lo acaba todo en todos». No es extraño, pues, que esta «comunidad de Personas» se ocupe de los medios de comunicación que hoy tienen, todos, una proyección mundial, que abarca todo el planeta y, a pesar de nuestra mínima medida planetaria, sabe lanzar, también, señales al espacio.

«En el mundo de hoy, con la velocidad de las comunicaciones y la selección interesada de contenidos que realizan los medios, —nos dice el Papa en Evangelii gaudium 34—, el mensaje que anunciamos corre más que nunca el riesgo de aparecer mutilado y reducido a algunos de sus aspectos secundarios. De ahí que algunas cuestiones que forman parte de la enseñanza moral de la Iglesia queden fuera del contexto que les da sentido. El problema mayor se produce cuando el mensaje que anunciamos aparece entonces identificado con esos aspectos secundarios que, sin dejar de ser importantes, por sí solos no manifiestan el corazón del mensaje de Jesucristo. Entonces conviene ser realistas y no dar por supuesto que nuestros interlocutores conocen el trasfondo completo de lo que decimos o que pueden conectar nuestro discurso con el núcleo esencial del Evangelio que le otorga sentido, hermosura y atractivo».

El papa Francisco es consciente de las verdades a medias, que pueden llegar a ser las mayores mentiras, por «la selección interesada de los contenidos que realizan los medios». Y debemos estar advertidos para no tragarnos sin más los mensajes que se nos trasmiten. La referencia de la verdad sobre el ser humano es para nosotros Jesucristo y no podemos picar en ese dejar que se nos vaya filtrando en la conciencia la idea de que tantos crímenes, tantas barbaridades, tanto destrozo de seres humanos trasmitidos con toda crudeza por los telediarios hacen de la persona humana un ser siempre sospechoso de realizar el mal. Si somos más de siete mil millones en el mundo, ciertamente somos capaces de hacer mucho mal, pero hay que advertir que no se tiende a hablar del mucho bien que sí hacemos todos los días.

Los mil doscientos millones de católicos que estamos presentes en todos los países de la tierra hemos sido hechos en Cristo mensajeros de paz, amor, justicia y santidad… seamos, pues, comunicadores de esperanza y salvación.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.