DÍA DE LA ACCIÓN CATÓLICA Y DEL APOSTOLADO SEGLAR SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS 2014 – La Christifideles Laici a la luz de la Evangelii Gaudium

Mons. BarrioMons. Julián Barrio   Queridos diocesanos:

La solemnidad de Pentecostés, al recrearnos con el gozo anual del Espíritu de Cristo, nos ofrece la oportunidad de revisar en comunión la vitalidad de nuestro laicado, el «apostolado seglar» y desde ahí tomarle el pulso a la tarea evangelizadora que compete a nuestra iglesia diocesana, y en concreto a cada uno de nosotros, pastores y fieles. Deseo compartir con vosotros mis preocupaciones y perspectivas de pastor, sin otra finalidad que recordar la necesidad imperiosa que tenemos todos de compartir y animarnos a asumir las tareas de la evangelización, es decir la misión que el Señor nos confió.

1. Constatación de la realidad del laicado diocesano.

Si hemos de ser fieles a lo que constatamos cada día en la vida diocesana, es necesario en primer lugar reconocer con gozo, y dar gracias a Dios
por ello, la realidad de una inmensa mayoría de personas que viven la fe con coherencia, sinceridad y fidelidad al Señor, como miembros lúcidos de la Iglesia. Son cristianos y cristianas que descubren progresivamente que la fe es adhesión personal a Jesucristo más que ritualismo o consuetudinaria tradición.

Son cristianos que maduran en su fe y la van depurando y cribando, quedándose con el Señor y desembarazándose de convencionalismos y rutinas empobrecedoras. Son los cristianos habituales de la eucaristía dominical, decididos a dar testimonio, e implicados en la transmisión de la fe en su familia y en su ambiente.

Contamos también con una minoría significativa de cristianos que se organizan, se asocian y reúnen, colaboran en la gestión parroquial, en la
animación litúrgica, en la catequesis parroquial, en la organización de los eventos y celebraciones festivas, entregando su tiempo por el bien y al servicio de una comunidad cristiana viva, alegre, acogedora y participativa. Entre ellos, son más visibles los voluntarios de la caridad, mediadores de la comunicación de bienes, servidores de los pobres y desamparados, profetas de la solidaridad y creadores de relaciones de bondad y misericordia. Son los testigos diligentes de la iglesia samaritana que lleva consuelo, compañía y el amor de Dios a los pobres, a los enfermos, a los solos, a los dependientes.

Alegría especial de la comunidad eclesial y del obispo son los cristianos implicados en las organizaciones y asociaciones de apostolado, con muy diferentes acentos y líneas de espiritualidad. Sus reuniones, grupos y equipos son mediación para la acción del Espíritu Santo y gratificantes experiencias de comunión y de pertenencia eclesial. ¡Que signo de vida, de esperanza y de fidelidad al Espíritu emanan de los participantes en las escuelas de formación de agentes de pastoral que en diversas zonas mantienen con una estructura muy sencilla la alegría de la oración compartida, de la Palabra escuchada para ser anunciada, y de la reflexión y comprensión actualizada de la fe! A todos ellos quiero agradecer su esfuerzo y constancia, saludándolos, como san Pablo a sus amados filipenses, con todo cariño y gratitud: «Vosotros, mi alegría y mi corona, alegraos en el Señor siempre; lo repito: alegraos» (Flp 4, 1-5).

Causa apremiante de preocupación pastoral son, en cambio, los numerosos bautizados que «bajaron los brazos», que no sienten ni viven ni
celebran su fe. O que, incluso, albergan sentimientos de reproche contra la Iglesia y se distancian de ella abandonando progresivamente las prácticas religiosas identitarias: la eucaristía dominical, los procesos catequéticos, el sentido de pertenencia, la oración personal, la familiaridad con la Palabra de Dios. Desde esta preocupación animo a todos los cristianos lúcidos a hacerse mediadores del retorno. Ayudemos a los alejados y decepcionados a desprenderse de prejuicios y de sentimientos y facilitemos la acogida y la participación para
que redescubran la alegría del encuentro con Cristo. En este sentido creo necesario que en las zonas pastorales, los coordinadores junto con sus comisiones articulen proyectos o programas de acción para orientar los eventos de religiosidad popular hacia la recuperación y el retorno a la fe personalizada de los visitantes, curiosos y «devotos» que acuden masivamente a los santuarios y celebraciones consuetudinarias a lo largo y ancho de la diócesis.

2. ¿A qué nos llama el Espíritu Santo ante esta situación?

Este Pentecostés, al celebrar la jornada de la Acción católica y del Apostolado Seglar, cumplimos 25 años de la Christifideles laici. El Papa
Francisco, por su parte, nos ha regalado recientemente la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, llamando a todos a vivir la alegría de la fe y a hacer de ésta la razón de plenitud vital para las personas. La Christifideles laici fijó los criterios de identidad del cristiano laico y asignó tareas específicas ineludibles en los distintos sectores de la pastoral para los cristianos de los nuevos tiempos. Leer y repasar ahora este documento desde la perspectiva de la alegría de la fe, propuesta por el papa Francisco, es un ejercicio de fidelidad a la vocación cristiana personal y a la renovación y actualización como testigos del evangelio. “Invito a cada cristiano, escribe el Papa, en cualquier lugar y
situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque «nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor”. Nos da confianza el saber que el Señor hace el camino con nosotros “ya que la obra es ante todo de Él, más allá de lo que podamos descubrir y entender. Jesús es el primero y el más grande evangelizador. En cualquier forma de evangelización el primado es siempre de Dios, que quiso llamarnos a colaborar con Él e impulsarnos con la fuerza de su Espíritu… Esta
convicción nos permite conservar la alegría en medio de una tarea tan exigente y desafiante que toma nuestra vida por entero. Nos pide todo, pero al mismo tiempo nos ofrece todo”.

Nuestra diócesis está inmersa en un proceso sinodal, un camino compartido por todos para poner el evangelio y la persona de Cristo el Señor
en el centro de la vida personal y eclesial. Entendemos el Sínodo como un acontecimiento de gracia, en que el Señor nos mostrará lo que tenemos que hacer en esta hora como iglesia suya. Hoy los cristianos estamos llamados a ser vigías que, atentos a la Palabra de Dios, podamos salir de caminos ya trillados y descubrir en la vida el misterio del dolor y la fuerza vital de la resurrección.

Nuestra Iglesia diocesana es testigo de que son miles y miles las personas de toda edad y condición, que dejando atrás la rutina que asfixia su alma, haciéndose peregrinos comparten no sólo su alimento y su tiempo, sino su fe y sus esperanzas más profundas.

3. «Haced lo que Él os diga».

La recomendación de María a los servidores del que iba ser el vino nuevo en Caná es también llamada y urgencia para cada uno de nosotros,
servidores también de la alegría del evangelio, vino nuevo de las bodas de Cristo con su Iglesia. Tenemos que poner ante el señor los cántaros del agua de nuestro esfuerzo, sabedores de que es él quien hará de nuestras realidades precarias y de nuestras débiles esperanzas el milagro de la alegría en plenitud.

Por eso hemos de desechar la inhibición, como si esta tarea no fuese con nosotros. Seamos conscientes de que nuestra aportación es necesaria y es lo que pide el señor y lo que nos manda María. Es frecuente en los ambientes eclesiales pronunciamientos clarividentes sobre lo que hay que hacer. «Hay que…», oímos repetir a nuestro lado una y otra vez. Es la expresión del que ve y siente la necesidad de la implicación. Sin embargo espera que sean otros –el cura, el catequista, el experto, el arcipreste, el coordinador, el obispo, la Conferencia episcopal, el Papa- los que carguen con los cántaros. Conscientes de esta esterilizante inhibición, os llamo a que os decidáis a poner sujeto agente a esas
frases impersonales, pues a todos se nos confía el anuncio del evangelio y el testimonio de nuestra fe. En la Iglesia todos somos corresponsables. Si hay algo que hacer, el que lo ve necesario, está siendo llamado a hacerlo.

Dos son las tareas que no esperan con urgencia, a mi modo de ver:
en primer lugar, la implicación parroquial de todos. La comunión eclesial se resiente y el empuje evangelizador decae cuando no somos capaces de encontrarnos en la comunidad de comunidades. No podemos inhibirnos permitiendo un deterioro progresivo que introduce inercias negativas y la parroquia, en lugar de ser acogedora y participativa, se reduce al ámbito de gestión autoritaria de una o unas pocas personas que imposibilitan la aportación de los carismas presentes en el pueblo de Dios. Este llamamiento a la implicación parroquial, y a que sea facilitada por los párrocos e inmediatos colaboradores, va dirigido especialmente a los miembros de la Acción Católica y de todos los movimientos y asociaciones apostólicas. Son ellos los que, presentes en la comunidad parroquial, la mantendrán sensible a las realidades
sociales del entorno y urgirán su respuesta y su testimonio, tanto de caridad como de esperanza y de fe.

En segundo lugar no es necesario recordar que nuestra diócesis está inmersa en un proceso sinodal de renovación de cara a la comunión de
todos en el Señor. La respuesta, como se pudo constatar el pasado 12 de abril en la reunión con los moderadores y secretarios de los grupos sinodales de toda la diócesis, está siendo esperanzadora. Pero no podemos contentarnos con ser los de siempre. Hemos de llegar a muchos más y que en todas las parroquias e instituciones pastorales se creen y organicen equipos o grupos sinodales. Nos ponemos a la escucha y recepción del aliento del Espíritu de Cristo. Reunidos en su nombre compartamos la experiencia de alegría que nos da el encuentro, la
oración compartida, la corresponsabilidad ejercida, y la sinodalidad que enriquecen y favorecen la maduración de una fe adulta, lúcida, profética y comprometida.

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

Mons. Julián Barrio Barrio
Acerca de Mons. Julián Barrio Barrio 133 Artículos
D. Julián Barrio Barrio preside la Iglesia Compostelana desde el día 25 de febrero de 1996, fecha en que tomó posesión de la Sede para la que había sido nombrado por el Papa Juan Pablo II el día 5 de enero del mismo año. Cuando este evento se produjo, llevaba ya dos años con nosotros. Había llegado desde la Iglesia hermana de Astorga el día 7 de febrero de 1993 en pleno Año Jubilar, siendo consagrado en nuestra Catedral como Obispo Titular de Sasabe y Auxiliar de su antecesor. Desde octubre de 1994 hasta su nombramiento gobernó la archidiócesis como Administrador Diocesano. Nació en Manganeses de la Polvorosa, provincia de Zamora y Diócesis de Astorga, el 15 de Agosto de 1946. Cursó los estudios de Humanidades y de Filosofía en el Seminario Diocesano de Astorga. Distinciones: - Medalla de Honor de la Universidad en la Licenciatura de Historia de la Iglesia en la Facultad de Historia de la Universidad Pontificia Gregoriana (1974). - Medalla de Oro en el Doctorado en la Facultad de Historia de la Iglesia de la Universidad Pontificia Gregoriana (1976). - Medalla de Oro de la Ciudad de Santiago y Título de Hijo Adoptivo. - Caballero de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén. Miembro de la Confraternidad de Nosa Señora da Conceçao. - Capellán Gran Cruz Conventual “Ad honores” de la S. O. Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén de Rodas y de Malta. - Medalla de oro del Concello de Vila de Cruces. Premio de Santa Bona de la Ciudad de Pisa (Italia). Títulos Académicos: Es Licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca (1971), Doctor en Historia de la Iglesia por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1976) y Licenciado en Filosofía y Letras, Sección de Geografía e Historia, por la Universidad de Oviedo (1979). Publicaciones: - Félix Torres Amat (1772-1847), Un Obispo reformador, Roma 1977. - La Junta de ancianos de la iglesia de Gibraltar: Anthologica Annua. - Aportación para un epistolario de Félix Torres Amat: Anthologica Annua. - Proceso a un clérigo doceañista: Astorica. - 25 Años de Postconcilio en el Seminario: 25 Años de Ministerio episcopal en la Iglesia Apostólica de Astorga, Astorga 1993. - La formación de los sacerdotes del mañana, (1989). - Peregrinar en Espíritu y en verdad. Escritos Jacobeos (2004). - Peregrinando en esperanza. Lectura creyente de la realidad actual (2007). Cargos: - Bibliotecario del Instituto Histórico Español, anejo a la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat en Roma, de donde fue Becario. - Secretario de Estudios y Vice-Rector del Seminario Mayor Diocesano de Astorga (1978-1980). - Rector del Seminario Mayor Diocesano y Director del Centro de Estudios Eclesiásticos del Seminario de Astorga (1980-1992). - Profesor de Historia Eclesiástica en el Seminario Mayor y de Historia de España en 3º de BUP y de Contemporánea en COU en el Seminario Menor (1980-1992). - Profesor de la UNED en la sección delegada de Valdeorras en A RUA PETIN (1991-1993). - Miembro del Consejo Nacional de Rectores de Seminarios (1982-1985). - Miembro del Consejo de Consultores del Obispo de Astorga. - Secretario del Consejo Pastoral Diocesano de la diócesis de Astorga (1991-1992). - Nombramiento de Obispo Auxiliar de Santiago de Compostela el 31 de Diciembre de 1992. Ordenación episcopal el 7 de Febrero de 1993. Responsable de la sección de los Seminarios Mayores en la Comisión Episcopal de Seminario y Universidades de la Conferencia Episcopal Española. - Obispo Administrador Diocesano de la Archidiócesis de Santiago desde octubre de 1994. - Nombrado Arzobispo de Santiago de Compostela el 5 de enero de 1996, de cuya Sede toma posesión el 25 de febrero. - Presidente de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española (1999-2005). - Miembro de la Permanente de la Conferencia Episcopal Española (Marzo 1999…). - Presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (Marzo 2005-2011). - Miembro del Comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española (2011…).