El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

Mons. YanguasMons. José Mª Yanguas      Queridos diocesanos:

Los medios de comunicación informan en estos días con profusión de noticias y declaraciones de diverso tipo y procedencia, sobre hechos gravemente lesivos de la dignidad humana, de la libertad en general de las personas y, más en concreto, de la libertad religiosa. Los cientos de niñas que en el norte de  Nigeria han sido arrancadas a sus familias por el simple hecho de recibir una enseñanza, derecho fundamental de toda persona humana, es un evidente y dolorosísimo testimonio que no nos deja de ningún modo indiferentes. De otra parte, no puede quedar orillada la circunstancia de que se trata, según las noticias, de niñas cristianas. Se perpetra así en un solo acto un atentado contra la razón y contra la fe, ámbitos y reductos últimos de la libertad humana. Se trata de la más ruda y brutal imposición de la fuerza, sectaria y cerril, sobre el espíritu humano y el espíritu de convivencia.

Desgraciadamente, el que ocupa nuestra atención estos días, y cuyo desenlace está todavía por escribirse, no es el único, ni mucho menos, que registramos con dolor. Son numerosísimos los casos de verdadera persecución contra los cristianos de diversas confesiones. Sólo el año 2013, ha habido en la India más de cuatro mil casos de violencia anti-cristiana, obra en su mayoría de grupos extremistas hindúes que operan en aquel inmenso país. Los casos de violencia incluyen asesinatos, abusos, palizas a mujeres, niños y sacerdotes, ataques a iglesias y lugares de culto. En otras áreas geográficas del oriente medio, hemos sabido igualmente en los últimos meses de destrucción de iglesias, castigos físicos, privación de libertad y aún muertes por profesar la fe. En los últimos años, son centenares de millares de cristianos los que se han visto obligados a emigrar a otros países al ver que su vida se hace extremadamente difícil y al sentir gravemente amenazadas sus comunidades religiosas.. En otros lugares, bien concoidos, la persecución es menos aparente, menos vistosa podríamos decir, pero, por desgracia, igualmente injusta y “eficaz”. Siempre supone la limitación indebida o la anulación del derecho a la libertad religiosa. Los sucesos recientes en el norte de Nigeria, protagonizados por extremistas islamistas son el último ejemplo de lo que estamos diciendo. Se ha hablado con razón, el Papa Francisco lo ha hecho recientemente, de un tiempo, el nuestro, que puede ostentar un triste record: el de contar con el mayor número de personas muertas por profesar su fe cristiana.

Es preciso, pues, avivar la conciencia individual y colectiva, fomentar dentro de cada uno el rechazo de toda forma de violencia y de imposición violenta de las propias ideas o convicciones; hacer del respeto a los demás norma principal de convivencia;  huir de las descalificaciones radicales de los demás que pueden servir en un momento de tensión como justificación de actuaciones criminales; pedir, desde una decidida elección por la libertad de cada persona, “presionar” , diría, a las instituciones públicas, a los gobiernos y organismos internacionales para que se respete efectivamente uste derecho fundamental de cada hombre y mujer, el derecho a la libertad religiosa, y se declare como derecho civil en todas las constituciones y documentos internacionales, de manera , de manera que “ sea protegida por una eficaz tutela jurídica y se respeten los deberes y derechos supremos del hombre a desarrollar libremente su vida religiosa dentro de la sociedad” (Concilio Vaticano II, Declaración sobre la libertad religiosa, 15).

Una libertad que no puede servir de coartada para el ejercicio caprichoso de una voluntad sin vínculos, normas o reglas, que imponen ya la misma naturaleza y el hecho de vivir en sociedad; una libertad, en cambio, entendida como el Concilio Vaticabo II hace: como un derecho por el cual debemos estar libres de coacción por parte de cualquier potestad humana, “de manera que en materia religiosa ni se obligue a nadie a obrar en contra de su conciencia ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, solo o asociado con otros, dentro de los límites debidos” (ibídem, 2). Es un derecho que se funda en la dignidad de la persona humana y en su derecho y deber de buscar la verdad, especialmente en lo que a Dios se refiere.

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).