La Pascua Diocesana del Enfermo

Mons. Manuel UreñaMons. Manuel Ureña       La Pastoral de la Salud conoce en nuestra diócesis tres momentos fuertes a lo largo del año: el encuentro interdiocesano de comienzos de curso en el mes de octubre; la celebración de la Jornada Mundial del enfermo en el mes de febrero, coincidiendo con la fiesta de la Santísima Virgen de Lourdes; y la presente celebración de la Pascua diocesana del enfermo, que tiene lugar en las parroquias el VI domingo de Pascua. Estos momentos fuertes, pequeños kairoí, son ocasiones muy propicias para el reconocimiento, el cultivo y el compromiso crecientes en la actividad diaria en favor de los enfermos y de los ancianos.

El tema de la Campaña pastoral de este año ––indicada desde la Santa Sede y vivida en todas las diócesis–– ha sido Fe y Caridad, una fe que se expresa necesariamente en la caridad y cuyo fundamento se enuncia en el texto de 1 Juan 3, 16: “En esto hemos conocido el Amor: en que Él, Jesucristo, dio su vida por nosotros. Por lo cual, también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos”.

La fe es nuestra respuesta libre al acto salvífico del dársenos Dios en Cristo por el Espíritu Santo. Ella nos permite conocer el amor que Dios nos tiene y ofrecerle el obsequio de nuestra más completa adhesión. Se trata, además, de una fe que es puesta a prueba en el tiempo de la enfermedad, como nos enseña el Catecismo (n. 164). Pero esta fe no sólo es puesta a prueba en los enfermos y en los ancianos, sino también en la comunidad cristiana de la que aquéllos forman parte, a saber, en sus familias y en sus parroquias. Dicho en síntesis, la enfermedad y el sufrimiento ponen a prueba la fe de todos. Tanto es así que la verdad de nuestra vida nueva en Cristo se verifica en la medida en que vemos y queremos a los enfermos y a los ancianos como Jesucristo los ve y los quiere, y en la medida en que estamos realmente dispuestos a entregar la vida por ellos, esto es, nuestro tiempo, nuestros bienes, nuestro mismo afecto.

Como nos enseña el papa Francisco, “el cristiano sabe que siempre habrá sufrimiento, pero que le puede dar sentido, puede convertirlo en acto de amor, de entrega confiada en las manos de Dios, que no nos abandona y, de este modo, puede constituir una etapa de crecimiento en la fe y en el amor. Viendo la unión de Cristo con el Padre, hasta en el momento de mayor sufrimiento en la cruz, el cristiano aprende a participar en la misma mirada de Cristo. Incluso la muerte queda iluminada y puede ser vivida como la última llamada de la fe, el último “Sal de tu tierra”, el último “Ven”, pronunciado por el Padre, en cuyas manos nos ponemos con la confianza de que nos sostendrá incluso en el paso definitivo” (Lumen fidei, 56).  “La luz de la fe – prosigue el Papa – no disipa todas nuestras tinieblas, sino que, como una lámpara, guía nuestros pasos en la noche, y esto basta para caminar. Al hombre que sufre, Dios no le da un razonamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que le acompaña, con una historia de bien que se une a toda historia de sufrimiento para abrir en ella un resquicio de luz (Lumen fidei, 57).

Todos los días han de ser para nuestra Iglesia diocesana “día del enfermo”, porque así lo son para el corazón de Cristo. Sin embargo, la celebración anual de la Pascua del Enfermo en las parroquias, el VI domingo de Pascua, que se viene celebrando en España desde 1985, nos brinda la ocasión de caer especialmente en la cuenta del gran lugar que ocupan los enfermos y los ancianos en el ser y en la misión de cada comunidad, así como también del vasto espacio que ellos cubren en el corazón y en el compromiso de todos los miembros que integran aquélla.

La fe nos permite ver a los enfermos con los ojos de Dios. Nos lleva a descubrir esa verdad tan presente en la predicación y en la vida de San Juan Pablo II: el cristiano puede vivir el gozo de saber que en la cruz de Cristo todo sufrimiento tiene un valor redentor. La fe no nos hace olvidar el sufrimiento de los hombres, sino que nos permite abrazarlo y luchar por aliviarlo. “¡Sanad a los enfermos!”, nos sigue diciendo hoy el Señor. La fe que actúa por la caridad, que es la fe verdadera, hace que nos interesemos en conocer las condiciones concretas en que viven los enfermos y los ancianos de nuestras parroquias en la actual situación de crisis. La fe hace que nos impliquemos en la lucha por una justa distribución de los recursos y hace también que demos a los enfermos y a los ancianos el lugar activo, militante, que les corresponde en nuestras comunidades.

La fe, que actúa por la caridad, sostiene nuestra esperanza cristiana y nos mueve hoy a reconocer y a agradecer la vida de cuantos se dedican a cuidar y a curar a los enfermos y a los ancianos. Me refiero a las familias, a los hermanos en la fe, a los profesionales sanitarios y sociales.

La Virgen María, a quien dedicamos este mes de mayo, fortalezca nuestra fe, sostenga nuestra esperanza y haga ardiente y constante nuestra caridad en la vivencia de la enfermedad y en el servicio a los enfermos.

Manuel Ureña,

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.