La espiritualidad, motor de la vida cristiana

Mons. Pérez GonzálezMons. Francisco Pérez       Estamos reflexionando sobre la celebración del misterio cristiano. Para que la celebración no sea una mera sucesión de palabras, gestos y símbolos externos y superficiales es necesario ponerle alma, es decir, celebrar en espíritu y verdad. No se puede reducir el cristianismo a ritos alejados de la vida, sino que incidan en la transformación de la existencia propia en un “culto espiritual agradable a Dios” (Rm 12,1). Cuando así se hace la liturgia se convierte en la fuente y el motor de la espiritualidad del cristiano.

En el lenguaje popular la espiritualidad equivale a la piedad o servicio divino. Algunos piensan que se trata de algo muy teórico, por las nubes, demasiado lejano del cristiano de a pie, propio  de personas privilegiadas que están en los monasterios o casas religiosas o para quienes se cultivan mucho espiritualmente en el camino de la perfección. Quizás otros opinen que la espiritualidad es un lujo inútil, que lleva a la alienación. Nada más lejano de eso.

La espiritualidad imbuye la vida ordinaria, concreta, del trabajo de cada día, de todo lo que se realiza sin excepción. La oficina, el estudio, el trabajo en el campo, en la fábrica, en las tareas domésticas son ambientes donde vivir una profunda espiritualidad. La espiritualidad no se vive únicamente en momentos privilegiados de oración, meditación, introspección, en ejercicios espirituales o retiros, sólo en momentos concretos como si de algo a intervalos se tratara.

¿En qué consiste la espiritualidad? En cultivar y vivir en el espíritu siguiendo un camino de esfuerzo y santidad.  Es obrar con recta intención en todo momento alabando y bendiciendo a Dios por medio del ofrecimiento de obras y trabajos, sufrimientos y alegrías dándole a todo un valor espiritual. Es impregnar toda la vida de la presencia de Dios y de su amor concreto en cada momento o circunstancia.

En la antigüedad espiritualidad significó esfuerzo ascético, reflexivo y ético. También significó sabiduría basada en las enseñanzas religiosas que se proyectaban en un comportamiento moral. En la Grecia antigua existió una ciudad llamada Eléusis. Allí se concentraron personas selectas que se iniciaban en cultivar de forma especial el espíritu para ser iluminados, penetrar en el mundo espiritual, vislumbrar los misterios de la existencia humana y el sentido de la vida y de la muerte.

En el Antiguo Testamento aparece la presencia del Espíritu como una fuerza viva y eficaz que cambia los corazones, hace un pueblo nuevo y una tierra nueva transformada. Este Espíritu se manifestaba especialmente en algunos hombres singulares que lideraron al pueblo y hablaron profetizando de parte de Dios. La espiritualidad consiste en una tensión interior para que la tierra se vea llena del Espíritu y llegue la plenitud de su acción con el Mesías.

En el Nuevo Testamento el Espíritu aparece más intensamente presente sobre todo en Jesús, en su predicación, sus milagros y su obra. “El Espíritu lo llevó al desierto…”. “El Espíritu me ha enviado…” dirá en la sinagoga de Nazaret. El Espíritu invadió a Jesús y se manifestó en Él y a través de Él se transmite a sus seguidores.

El Sermón de la Montaña contiene lo esencial de la espiritualidad cristiana. El Espíritu  Santo constituye a la primitiva comunidad cristiana y le da una nueva identidad. La espiritualidad no se entiende como un conjunto de oraciones, ritos, prácticas o normas sino de una presencia viva de Dios, a través de su gracia, en los corazones que los renueva, transforma y da vigor.
Desde la Iglesia primitiva hasta nuestros días la espiritualidad de la Iglesia es la presencia de la vida Trinitaria, del Resucitado en medio de sus fieles, fundada en el Evangelio, de seguimiento a Jesús, viviendo las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad como referencia fundamental. A lo largo de los siglos se ha buscado adjetivar la espiritualidad buscando sus modalidades en San Pablo, en los Padres de la Iglesia, en los fundadores de órdenes, congregaciones e instituciones diversas. Van apareciendo diversas denominaciones: espiritualidad paulina, patrística, benedictina, franciscana, dominicana, ignaciana, etc. Así se identifican modos de cultivar el espíritu con características propias, no divergentes, sino enriquecedoras de la única y gran espiritualidad que es la de la Iglesia. Todos los diversos grupos de creyentes están injertados y se alimentan de la savia de vida y gracia cuyo tronco y depósito lo mantiene la Iglesia. Según estas definiciones la espiritualidad es muy concreta, nada teórica o inalcanzable, sino que motiva y fundamenta la vida de los fieles. Es una fuerza interior operante.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Tudela

Mons. Francisco Pérez
Acerca de Mons. Francisco Pérez 316 Artículos
Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).