Angelo di Berardino: "El cristianismo era eminentemente un fenómeno urbano"

fatherEn el Seminario Conciliar de Barcelona, la segunda sesión del Congreso Internacional de las Grandes Ciudades (20-22 de mayo), centrada en el encaje del cristianismo en la gran ciudad, la ha abierto el patrístico Angelo di Berardino, que ha hecho un repaso histórico sobre el origen urbano del cristianismo. Antes, el experto ha querido destacar cuatro testigos de los siglos I-IV, algunos de ellos paganos, que dejaron constancia del fenómeno de contagio del cristianismo: «El cristianismo, en los primeros siglos, se extiende como una peste», dijo Berardino.

¿Donde emerge el cristianismo?

La Buena Nueva se difunde de las grandes ciudades a las áreas más rurales. En el siglo V, el clero no era demasiado numeroso. En las ciudades, convivía la sociedad cristiana con la pagana, a veces, enfrentadas violentamente. Existía un fuerte desequilibrio de la presencia episcopal. Esto ocurría, no sólo por la diferencia de urbanización, sino también por la cristianización. Por ejemplo, en la Galia meridional, muy romanizada, se encuentran varias sedes episcopales, mientras en la Galia occidental y septentrional escasean. En este sentido, hay que distinguir entre la presencia de los cristianos y la existencia de una comunidad organizada con la presencia de un obispo: entre comunidades no episcopales y comunidades episcopales. Las segundas, se extienden más rápidamente.

 ¿Cristianismo, un fenómeno urbano?

El modelo urbano conlleva una gran variedad de situaciones locales, dependiendo de diferentes factores como la urbanización, la organización de la provincia, la distribución de la población en el territorio, la configuración del territorio, la riqueza o las condiciones climáticas, entre otros.

En aquella época, se llamaba ‘ciudad’ en los lugares lejanos uno con el otro. Y el concepto de ‘urbe’ se aplica sólo en Roma. El término ‘ciudad’ evolucionó hacia otra interpretación, considerada como estructura política y organizativa, compuesta por calles, tiendas, teatros, acueductos… y dotada de un componente jurídico. Las ciudades se desarrollaban en extensión, no en altura. Todos se conocía y se sabía todo de todos: había una acentuación de la falta de espacio. La forma inicial expansiva de los primeros misioneros se debilitaba ya que implantaba, en cada ciudad, una comunidad local, que se convertía en un centro de irradiación del cristianismo.

¿Cuántos cristianos habían?

«El cristianismo se difunde con la relación personal en los primeros siglos», especificó Di Berardino. La población estaba muy concentrada pero no se sabe exactamente cuántas personas vivían en estas ciudades. El único dato eran las sedes episcopales: habían casi mil, cada una de las cuales comprendía unas tres mil o cuatro mil personas. Pero grandes ciudades, había pocas.

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 (Iglesia de Barcelona)

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