El Camino que lleva a la Vida

Mons. Ciriaco BenaventeMons. Ciriaco Benavente        El Evangelio es para los seguidores de Jesús su mejor manual de ruta a la hora de conducirse en la vida. El riesgo de extraviarnos es bien real. Una amistad insana, la seducción del dinero, una quiebra económica, un error irreparable, las limitaciones de nuestra condición humana o las perversiones de nuestra libertad pueden acabar llevándonos a callejones sin salida.

¿Tendría razón Machado cuando afirmaba aquello tan bien dicho y tan estimulante de «caminante, no hay camino, / se hace camino al andar«? Porque hay muchos caminos, y no todos igualmente válidos, el mismo Machado se preguntaba: «¿Adónde el camino irá?». Hay caminos de perdición y caminos de vida. Los primeros suelen ser anchos; los segundos, en cambio, son casi siempre angostos.

Parece que hoy impera un subjetivismo de hecho, que maltrata la verdad, recortándola a la medida del consumidor, y cuyas consecuencias inmediatas son el relativismo y el escepticismo, dos graves patologías de la razón.

El hombre, que fue definido como » pastor del ser» y, por tanto, «pastor de la verdad», no su dueño, ha quedado, tras la caída de las ideología y el abandono de las creencias, como única explicación de sí mismo, dueño del bien y del mal, de la verdad y de la vida, que suelen quedar a merced del propio gusto e interés.

El evangelio de este domingo nos presenta a Jesús en un momento de confidencias. Está dando ánimos a sus discípulos; les dice que no tengan miedo ni se acobarden ante lo que les espera; les habla de su próxima partida, de la casa del Padre donde hay estancias para todos, del camino de acceso, que ya conocen. Pero, como suele suceder en estas ocasiones, no falta el ingenuo de turno que se arranca con una  de esas preguntas aparentemente inoportunas, porque parece que rompen el encanto y la sublimidad del momento que se está viviendo: «Señor, si no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino?».

La pregunta de Tomás, el discípulo que se mueve siempre en el pragmatismo de lo cotidiano y visible, da lugar a una contestación aparentemente muy simple, pero tan honda que sólo puede brotar del corazón: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida». Es una afirmación tan pretenciosa que sólo puede brotar de Alguien en quien se revela la verdad de Dios.

Los hombres, a pesar de nuestra contingencia, no somos un puro fenómeno fugaz y evanescente, tenemos substancia, consistencia. Hay, por eso, una verdad del hombre que es la que responde a su ser, la que permite hablar de su dignidad, la que se expresa en su capacidad de libertad, de amor y de transcendencia, la que puede guiar su camino y orientar su destino.

Hay una frase del Concilio Vaticano II que me encanta: “Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación” (GS.22). Es una afirmación para ser saboreada, rumiada.

Pilato, interrogando a Jesús en el Pretorio, preguntaba: «¿Qué es la verdad?». En la encrucijada de los miles de caminos que se abren ante nosotros, hay un Camino que tiene que ver con lo bello, con lo bueno, con lo verdadero, con lo que unifica y construye. Es el Camino que lleva a la Vida. El Camino no es una ideología, sino Jesús mismo, su vida, su muerte y su resurrección.

+Ciriaco Benavente Mateos

Obispo de Albacete

 

Mons. Ciriaco Benavente Mateos
Acerca de Mons. Ciriaco Benavente Mateos 200 Artículos
Mons. D. Ciriaco Benavente Mateos nació el 3 de enero de 1943 en Malpartida de Plasencia, provincia de Cáceres y diócesis de Plasencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Plasencia y fue ordenado sacerdote el 4 de junio de 1966. Es Graduado Social por la Universidad de Salamanca (1971). Comenzó su ministerio sacerdotal en el pueblo salmantino de Béjar, donde fue coadjutor, de 1966 a 1972, y luego párroco, de 1973 a 1979, de la Parroquia de San Juan Bautista. Desde 1979 a 1982 fue Rector del Seminario de Plasencia y Delegado Diocesano del Clero entre 1982 y 1990. Este último año fue nombrado Vicario General de la diócesis, cargo que desempeñó hasta su nombramiento episcopal. El 22 de marzo de 1992 fue ordenado Obispo en Coria. Obispo de la diócesis de Coria-Cáceres hasta diciembre de 2006. En la Conferencia Episcopal Española ha sido Presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones desde 1999 hasta 2005. En la Conferencia Episcopal Española en la actualidad es miembro de las Comisiones Episcopales de Migraciones y de Pastoral Social. Con fecha 16 de octubre de 2006 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Albacete, tomando posesión de la sede el día 16 de diciembre de 2006.