“Creo en un solo bautismo para el perdón de los pecados”

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris        ¿Quién de ustedes recuerda la fecha de su bautismo? preguntaba el Papa Francisco en la catequesis del miércoles hace unos meses a los miles de peregrinos reunidos en la  Plaza de San Pedro y fuera de ella.

En la Misa de cada domingo hacemos nuestra profesión de fe y afirmamos: Creo en un solo bautismo para la remisión de los pecados. Es la única referencia explícita que hay en el Credo a un Sacramento. Allí se habla sólo del Bautismo. Ciertamente, el bautismo es la «puerta» de la fe y de la vida cristiana y Jesús Resucitado encargó a sus apóstoles: “Id por todo el mundo y proclamad la buena noticia a toda criatura. El que crea y se bautice, se salvará; pero el que no crea se condenará” (Mc 16,15-16).

El Papa explicó que la misión de la Iglesia es evangelizar y perdonar los pecados a través del sacramento bautismal, que se renueva en el sacramento de la penitencia. Y encomendó una tarea: «Cuando vuelvas a casa pregunta ¿qué día fui bautizado? Es tu segundo cumpleaños, el día del nacimiento en la Iglesia». El Bautismo es la carta de identidad del cristiano y está ligado al perdón de los pecados. El sacramento de la penitencia o confesión es como un segundo bautismo que consolida y renueva el primero. El día de nuestro bautismo es el punto de partida de un camino hacia Dios, un camino de conversión que dura toda la vida y que está continuamente sostenido por el sacramento de la penitencia. Cuando vamos a confesarnos de nuestras debilidades y pecados, vamos a pedir el perdón de Dios pero, con este perdón, renovamos también el bautismo porque en cada confesión celebramos el día del bautismo. Por eso decía el Papa que la confesión no es una sala de tortura sino una fiesta, para tener limpia la vestidura blanca de nuestra dignidad cristiana.

El bautismo es una verdadera inmersión en la muerte de Cristo, de la que se resurge con él como criaturas nuevas. Baño de regeneración y de iluminación. Llenos de la gracia de Cristo, su luz deshace desde dentro las tinieblas del pecado y el bautizado se convierte en luz para los hermanos que están a oscuras. Y el Obispo de Roma preguntaba: ¿Te sientes fuerte o vives arrastrándote? El bautismo da fuerza. ¿Te sientes iluminado con la luz que viene de Cristo o eres un hombre o mujer que vive a oscuras? El don es convertirse en luz para todos. Se trata de una intervención potente de la misericordia de Dios en nuestra vida que no nos quita la debilidad humana. Todos somos débiles, todos somos pecadores. No nos quita la responsabilidad de pedir perdón cada vez que nos equivocamos y eso es precioso. No me puedo bautizar dos, tres, cuatro veces, pero sí puedo ir a la confesión. Y cuando me confieso renuevo la gracia del bautismo. El Señor es bueno y nunca se cansa de perdonar. El bautismo nos abre las puertas de la Iglesia, pero también cuando la puerta se cierra por nuestros pecados la confesión la vuelve a abrir, porque la confesión es como un segundo bautismo que nos ilumina para ir adelante con el Señor.

Y el sucesor de Pedro terminaba diciendo: «¡Vamos adelante y contentos! porque la vida se debe vivir con la alegría de Jesucristo y ésta es una gracia del Señor».

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.