El comercio de armamento y la migración forzada ponen en peligro la paz, señala el Papa

1_0_799469La mañana del jueves el Papa Francisco recibió las cartas credenciales de siete nuevos embajadores ante la Santa Sede: de Suiza, Liberia, Etiopía, Sudán, Jamaica, Sudáfrica e India.
 
En el discurso que les dirigió, el Obispo de Roma se refirió a los retos que plantean a la paz el comercio de armas y la emigración forzosa. »La palabra paz, dijo, resume todos los bienes a los que aspira cada persona y todas las sociedades humanas. Incluso el esfuerzo con que queremos promover las relaciones diplomáticas no tiene, en último análisis, otro propósito que este: conseguir que en la familia humana crezca la paz, en el desarrollo y la justicia. Se trata de una meta que nunca se ha alcanzado plenamente y cuya búsqueda se replantea siempre a cada generación según los desafíos de la época». »Todo el mundo habla de paz – notó Francisco – todos afirman que la desean, pero por desgracia la proliferación de armas de todo tipo conduce en la dirección opuesta. El comercio de armas tiene el efecto de complicar y alejar la resolución de conflictos, tanto más en cuanto que se desarrolla y se lleva a cabo en gran parte fuera de la ley. Considero por tanto que, mientras estamos reunidos en esta Sede Apostólica, que por su naturaleza está llamada a servir especialmente la causa de la paz, podemos unir nuestras voces para desear que la comunidad internacional inaugure una nueva estación de esfuerzo concertado y decidido que se oponga al aumento de los armamentos y favorezca su reducción».
 
El Papa recordó también que otro reto para la paz, que salta a la vista y que »desgraciadamente asume en algunas regiones y en determinados momentos el carácter de una tragedia humana verdadera y propia es el de la migración forzosa» que definió como fenómeno muy complejo reconociendo también los esfuerzos de las organizaciones internacionales, los Estados, las diversas fuerzas sociales y religiosas para responder »de forma civil y organizada a los aspectos más críticos, a las emergencias y las situaciones de mayor necesidad». Pero, incluso en este caso, »nos damos cuenta de que no podemos limitarnos a correr tras las emergencias. El fenómeno se ha manifestado ya en toda su amplitud y de una forma que hace época. Ha llegado el momento de enfrentarlo con una perspectiva política seria y responsable que toque todos los niveles: mundial, continental, de macro-regiones, de relaciones entre las naciones, hasta el ámbito nacional y local».
 
En este campo hay experiencias opuestas. Por una parte »casos maravillosos de humanidad, de acogida, de encuentros: personas y familias que han logrado salir de una realidad inhumana y han vuelto a descubrir la dignidad, la libertad , la seguridad. Y por otra, desgraciadamente historias que nos hacen llorar y avergonzarnos: seres humanos , hermanos y hermanas nuestros, hijos de Dios, que llevados por el deseo de vivir y trabajar en paz, se enfrentan a travesías extenuantes y sufren el chantaje, la tortura, vejaciones de todo tipo, para terminar a veces muertos en el desierto o en el fondo del mar».
 
El fenómeno de la migración forzosa »está estrechamente vinculado a los conflictos y las guerras , y por lo tanto también al problema de la proliferación de las armas. Son las heridas de un mundo que es el nuestro, en el que Dios nos ha puesto a vivir hoy y nos llama a ser responsables de nuestros hermanos y hermanas, para que ningún ser humano sea violado en su dignidad. Sería una contradicción absurda hablar de la paz, negociar la paz y, al mismo tiempo, promover o permitir el comercio de armas. También podríamos pensar que, de alguna manera, sería una actitud cínica proclamar los derechos humanos y, al mismo tiempo, ignorar o no hacerse cargo de hombres y mujeres que obligados a abandonar sus tierras mueren en el intento o no son acogidos por la solidaridad internacional».
 
»La Santa Sede –concluyó el Pontífice ante los diplomáticos – afirma ante ustedes y ante sus respectivos países su firme voluntad de seguir colaborando para dar pasos hacia adelante en estos frentes y en todos los caminos que conducen a la justicia y la paz, basándose en los derechos humanos reconocidos universalmente».
 
(RC-RV)
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