Una carta para un momento importante – Escrito pastoral a los niños que se preparan para recibir el Cuerpo y La Sangre de Jesús por primera vez

Mons. Braulio Rodríguez PlazaMons. Braulio Rodríguez      Es una carta parecida a la que he escrito otros años a los niños de 8/9 años. ¿Por qué a los que tienen esa edad? Porque son los niños y niñas que se inician al domingo y a la Eucaristía recibiendo a Jesús sacramentado. ¿Ah, sí? ¿Y qué es eso de iniciarse al domingo y a la Eucaristía? Eso es muy fácil: es prepararse a celebrar cada domingo la Eucaristía y poder comulgar el Cuerpo y la Sangre de Jesús por primera vez y, desde ese momento, todos los domingos. Bueno: otros lo llaman “hacer la Primera Comunión”, y está bien dicho, pero me asusta que una cosa tan bonita como recibir a Jesús sacramentado sólo se quede en tantas ocasiones en una fiesta y poco más.

¿No es bueno hacer fiesta cuando se recibe a Jesús por primera vez en la celebración de la Misa dominical? Sí, pero sin pasarse, porque entonces se piensa que sin fiesta, regalos, ya no merece la pena comulgar en la Misa que celebramos cada domingo ni seguir en catequesis para crecer en la fe y la amistad con Jesús. Cuando tú, comulgues, niño o niña que me leas, deja que Jesús te mire a los ojos porque quiere ser tu amigo. Mírale también tú con amor y cuéntale tus cosas como a un verdadero amigo. ¿Sabes por qué? Es que Él te invita a mirar también con amor a todas las personas, sobre todo a las que sufren, a los que nadie quiere, a los que están solos y abandonados. Es muy importante acostumbrarse a hablar con Jesús de muchas cosas; es lo que llamamos oración, que no son únicamente el Padrenuestro o el Avemaría que rezamos de carrerilla.
Os contaré algo. No hace mucho que me escribió una niña que va a un oratorio para aprender a hablar con Jesús, es decir, a aprender a orar; esta niña me decía que lo que siente cuando asiste al oratorio es cómo le llama Jesús y le dice que la quiere: “Cosa que también la pasará a mucha gente”, dice ella. Cuando va al oratorio se siente alegre, tranquila, como si le llegara una chispa de felicidad que le ayuda a seguir caminando todo el día, es como si entrara en un cielo inmenso, pues el Señor está ahí, para apartar de ella los males y tomarla en sus brazos, pues con Jesús siempre estaremos a salvo. La carta es posible que le haya ayudado a escribirla la mamá de la niña u otra persona. Pero lo que me importa es deciros que si desde la primera comunión tú te acostumbras a hablar con Jesús, cuando le recibes en la Misa de los domingos, serás feliz y te acostumbrarás a ser mejor cada día.

Ya sé que también en toda la preparación a esta iniciación al domingo y a la Eucaristía ayudan (o, por el contrario, perjudican) los papás de cada niña o niño. Pero no tengo porque ser mal pensado y creer que muchos padres lo hacen pero que muy bien, aunque ¡a veces…! También me dicen los catequistas y los párrocos que la primera comunión de su hijo ha ayudado a algunos papás a poner una mirada atrás para volverse a encontrarse como personas queridas por Dios. ¿Quién duda que la ilusión de su hijo ante el acontecimiento de recibir a Jesús haya ayudado a muchos padres a recordar el encuentro con Aquel que sabemos nos ama y siempre espera? Yo creo que no debéis dejar de vivir con mucha más profundidad la fe y así recibir un apoyo para afrontar con más fuerza todas las dificultades de la vida. Sólo os pediría que enseñéis a vuestro niño o niña a ser más solidario con los demás, a mirar con otros ojos a los pobres y abandonados, y que sepan ofrecer el perdón a quienes les ofenden. Y, ¿por qué no damos juntos, vosotros y yo, muchas gracias a vuestros sacerdotes y catequistas por cuando han hecho por acoger cada semana a vuestro hijo en la catequesis? Os invito a celebrar la primera comunión de vuestros hijos con la sobriedad y la belleza propias de las fiestas cristianas, y a ir con ellos a la Eucaristía de la segunda, la tercera, la cuarta… comunión. Felicidades.

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.