IV Domingo de Pascua o “Dominica del Buen Pastor” Celebración de la LI Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones al Sacerdocio Ministerial y por las Vocaciones de Especial Consagración

Mons. Manuel UreñaMons. Manuel Ureña        Celebramos hoy en la Iglesia el IV Domingo de Pascua, conocido desde siempre como “Dominica del Buen Pastor”. Cristo resucitado resplandece hoy ante su esposa la Iglesia, mostrándose a ésta como el buen Pastor, como el verdadero guía de las ovejas, pues solo Él tiene poder para conducir el rebaño a la fuente de agua viva y a los campos de hierba verde. Sólo en tal fuente pueden las ovejas calmar la sed. Y sólo en tales campos es posible saciar el hambre.

Las características centrales de Cristo, pastor de las ovejas, son éstas:

1. Él es el único pastor capaz de salvar a las ovejas. Sólo Él puede encontrar para éstas la fuente de agua cristalina y los prados de la hierba verdadera.

2. Dicha fuente de agua y dichos prados son el propio Cristo. Por eso, Él se nos da en comida y se nos ofrece como bebida. “Tomad y comed: éste es mi cuerpo que se ofrece por vosotros…”, nos dice en los relatos de la institución de la Eucaristía, que terminan así: “Tomad y bebed, porque ésta es mi sangre derramada por vosotros…”.

3. Sólo Cristo es el buen Pastor, porque sólo Él ama verdaderamente a las ovejas, y las ama hasta el punto de entregar eficazmente su vida por ellas (cf Jn 10, 10-15).

4. Y sólo Cristo es el buen Pastor, porque sólo Él es la puerta que conduce a la vida (cf Jn 10, 1ss.). En efecto, Jesús es el buen Pastor y es también la puerta por la que hay que pasar para alcanzar la meta. El no solamente nos conduce, sino que es preciso pasar a través de Él, que es ya la meta. La imagen de la puerta se refiere a Cristo como mediador entre Dios y los hombres. Con razón señala San Agustín que, para entrar a través de Cristo, es preciso agacharse, esto es, ser humilde. Porque, quien es la puerta, se ha abajado al nivel de los hombres a fin de que los hombres podamos salvarnos a través de Él. Por consiguiente, pensar que nos podemos salvar sin su mediación es un signo de orgullo. Por su encarnación, Jesús se ha colocado en el nivel de los hombres; por su resurrección, nos ha dado paso hacia Dios.

Pues bien, en este IV Domingo de Pascua, Dominica del Buen Pastor, la Iglesia celebra desde hace ya más de medio siglo la Jornada mundial de oración por las vocaciones al ministerio sacerdotal, a la vida consagrada y a la vida apostólica. Y, como fácilmente se ve, no es ésta una mera coincidencia.

La Iglesia ora en el Domingo del buen Pastor por las vocaciones al ministerio ordenado y a la vida consagrada porque el buen Pastor, Cristo, es representado sacramentalmente en el Pueblo de Dios por los sacerdotes, obispos y presbíteros, y, aunque no sacramentalmente, es representado también de forma analógica por las vocaciones de especial consagración, las cuales, una vez maduradas, curan y procuran, desde sus diversos carismas, por el bien espiritual de las almas, ejerciendo sobre éstas una función pastoral.

El papa Francisco nos ofrece en su mensaje a propósito de la Jornada unas bellas reflexiones sobre la necesidad en la Iglesia del sacerdocio ministerial y de las vocaciones de especial consagración, y sobre la urgencia de pedir al Señor que Él las dé.

1. En primer lugar, el Papa proclama la primacía de la gracia. Dios es quien da el crecimiento de la mies. Nosotros somos siervos inútiles, meros colaboradores. Y, en efecto, así es, pues todos sabemos que “primero es necesario arar, sembrar y cultivar, para poder luego, a su debido tiempo, cosechar una mies abundante. Pero ¿quién ha trabajado para que el resultado fuese así? La respuesta es una sola: Dios”.

Así las cosas, dice el Papa, primero nace dentro de nuestro corazón el asombro por una mies abundante que sólo Dios puede dar; luego, la gratitud por un amor que siempre nos precede; por último, la adoración por la obra que Él ha hecho y que requiere nuestro libre compromiso de actuar con Él y por Él.

2. Consecuente con su afirmación de la primacía de la gracia, el Papa enuncia la gran verdad de que la vocación surge del corazón de Dios, sin menoscabo de que ésta brota y crece en la tierra buena del pueblo fiel. ¿Qué características debe reunir esta tierra buena para que la llamada de Dios o vocación prenda en ella? La respuesta del Papa es clara. “No obstante la pluralidad de los caminos, la vocación requiere siempre el éxodo de nosotros mismos para centrar nuestra propia existencia en Cristo y en su Evangelio… Tanto en las formas de consagración religiosa y secular como en la vida sacerdotal, es necesario superar los modos de pensar y de actuar no concordes con la voluntad de Dios. Es éste un éxodo que nos conduce a un camino de adoración al Señor y de servicio a Él en los hermanos y en las hermanas”.

Por tanto, la vocación sembrada por el Espíritu en las almas de los fieles sólo brotará en aquellos que estén en proceso de salida de sí mismos y que se estén adentrando en el camino de la experiencia del amor a Dios y del amor a los hermanos. En caso contrario, la llamada divina morirá, porque habrá caído en tierra no preparada para recibirla. Como tan bien dice Francisco, “la vocación es un fruto que madura en el campo bien cultivado del amor recíproco que se hace servicio mutuo, en el contexto de una auténtica vida eclesial. Ninguna vocación nace por sí misma o vive por sí misma”.

3. Finalmente, la consecuencia no puede ser otra que la siguiente: “Dispongamos nuestro corazón a ser “terreno bueno” para escuchar, acoger y vivir la Palabra y dar así fruto”. Dicho en síntesis, entremos por los caminos del Evangelio, y la llamada del Señor triunfará en nosotros.

Manuel Ureña Pastor,

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.