A Dios rogando…

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora      Y con el mazo dando» reza el dicho castellano. Pero, lejos de toda agresividad, el proverbio lo que quiere decir es que hay que rezar en toda ocasión y que, además, hay que ser coherente con el comportamiento cristiano. Así me lo enseñaron de pequeño: que no se podía rezar para que te aprobaran si no habías estudiado antes. Todo esto a cuento de que, hoy, la Iglesia celebra una jornada especial de Oración por las Vocaciones de especial consagración.

Pues ciertamente tenemos que rezar para que Dios, nuestro Señor, siga llamando desde edades tempranas para consagrarle la vida, para dedicarle toda la existencia, reconociéndole como Creador, Padre y Hermano, destinado al amor a todos que sólo es posible desde el amor de Dios vivido en exclusiva. Poniendo al Señor en la cumbre de sus alegrías.

Y tenemos que rezar para que las personas, jóvenes en su mayoría lo escuchen y descubran que, cuando Dios llama, está asegurada la bienaventuranza, alegría, dicha, felicidad… pues son muchas las maneras de expresar la plenitud de la vida en Jesucristo.
Aquí es donde, si queremos preparar el terreno para que el Señor sea escuchado, hay que decir lo de «A Dios rogando y con el mazo dando», pues no podemos rezar para que otros se vayan a los noviciados y seminarios para ser monjas, frailes o sacerdotes, si no apreciamos nosotros mismos, sea el estado de vida en el que el Señor nos ha situado, ese Ser en Cristo como supremo ideal cristiano. Y menos si no deseamos que los miembros de nuestras familias encuentren el camino de la consagración a Dios en exclusiva.

Además, hay que hacer, «con el mazo dando», unos estilos de vida que sean compatibles con y se apoyen en la Moral Cristiana. Hoy la Palabra de Dios nos asegura que muchos se incorporaban a la Iglesia siguiendo la predicación de san Pedro: «Escapad de esta generación perversa». Pues bien, nos debemos todos educar en escapar de todo lo que engendra perversión: la austeridad frente al tener a toda costa y lo que sea, la honradez en medio de las corrupciones del todo vale con tal de triunfar en la vida, la sencillez frente a tanta sofisticación complicada que persigue encerrar al sujeto en el consumo indiscriminado, la sobriedad y la castidad bien entendida que hace a la persona libre de todo ese mundo de sensualidad y acomodo.

Toda una manera de ser y de vivir que incluye orden, horarios, vestidos, trabajo intelectual y material, disminuir gastos en provecho propio, disponibilidad, caridad con los que nos rodean y necesitan ser ayudados en las tareas del hogar, en los trabajos parroquiales, en la convivencia en el trabajo, oficina, colegio o donde el cristiano desenvuelva su vida.

Es, en definitiva, preparar el terreno para que la semilla caiga en tierra buena y fértil donde arraigue la fe, el amor a Dios y se vislumbre desde los años jóvenes que es por ahí por donde se mantiene la esperanza de llegar a obtener una vida plena, el ciento por uno prometido a los discípulos. Lograr una vida asentada en Jesucristo es tarea de toda la Iglesia y es ahí donde debemos sentirnos llamados, especialmente los adultos, para poder llegar a seducir a las generaciones jóvenes de que es así como, realmente, merece la pena vivir. He dicho merece la pena pues sin la palabra sacrificio no podemos soñar con identificarnos con el Redentor por su pasión, muerte y resurrección. Oremos por las vocaciones, ahora sí, seguros de que nuestros ruegos son escuchados.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Cartagena

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.