A propósito de San Anastasio, mártir

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris     La celebración de San Anastasio este domingo, un mártir del siglo III nacido en Lleida y muerto en Badalona, además de conmemorar festivamente historia, leyendas y reconocimiento público por Voto de los “Paers” desde 1627, nos ofrece a los bautizados una nueva oportunidad para plantearnos el seguimiento de Jesucristo como un compromiso radical de vivir la fe, la esperanza y la caridad.

Hablar de radicalidad es hablar de dinamismo, de totalidad, de vida, de una libertad que se hace concreta intentando liberar y servir. Es hablar de más coherencia y más autenticidad, conscientes de caminar hacia lo absoluto. Naturalmente esto pide a los miembros de la Iglesia de Jesús llevar una vida de calidad evangélica, una vida animada por el espíritu de las bienaventuranzas. Un espíritu que debe influir en la manera de vivir los elementos que constituyen el ser humano en la vida concreta: la relación con la naturaleza y con los bienes, el tener; la relación con el otro, el amar; y la relación con los otros, con el grupo social, el poder, la aspiración fundamental de participar en la construcción de la sociedad.

Todos sabemos que estos tres valores (tener, poder y amar), pueden fácilmente degenerar o, incluso, desnaturalizarse si se convierten en absolutos. Tantas veces la riqueza degenera en avaricia que impulsa a acumular bienes sin ponerlos al servicio de la sociedad. Lo mismo ocurre con el poder, que degenera fácilmente en dominio o instrumentalización del otro. Igualmente el amor fácilmente puede convertirse en una forma de posesión, utilizando al otro en función de la satisfacción de cualquier necesidad.

Pues bien, los seguidores de Jesús afirmamos que hay una perspectiva que va más allá, que es necesario establecer una relación de trascendencia con estos valores. Que este mundo, siendo bueno, no es la última situación de vida, no es definitivo. Es lo que han puesto de manifiesto los mártires jugándose la vida.

En la vida y actitudes de Jesús queda perfectamente claro que el amor al dinero, aunque se envuelva en razonamientos de todo tipo, afecta a la manera de orientarse en relación con el Decálogo: «No tendrás otro dios fuera de mí». Por ello afirma radicalmente: «No podéis servir a Dios y al dinero». Y las Cartas apostólicas dirán de muchas maneras que «la codicia es una idolatría». Igualmente el poder y su ejercicio, que históricamente ha llegado incluso a sacralizarse, ya había sido denunciado como una forma de prostitución por los mismos profetas antes de Jesús. Y también la relación amorosa, que puede conseguir también niveles idolátricos con pretensión de absoluto para las personas.

De hecho, los llamados consejos evangélicos (pobreza, castidad y obediencia) quieren ser afirmación de la trascendencia de las realidades de este mundo, y son una denuncia de la riqueza estructurada como sociedad de consumo, del poder político absolutista, y del erotismo en tanto que mera utilización del otro. Son una manera de testimoniar un mundo abierto a la vida futura y que debe traducirse en un compromiso de servicio y disponibilidad absoluta.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.