Primeras Comuniones

Mons Ángel RubioMons. Ángel Rubio       La Eucaristía se sitúa en el corazón de la “iniciación cristiana” junto con el Bautismo y la Confirmación y constituye la fuente de la vida misma de la Iglesia. Y es que este sacramento de amor dinamiza todo el camino auténtico de fe, de comunión y de testimonio.

La Primera Comunión constituye un momento muy importante en la iniciación cristiana del niño; se comprende por ello que sea un acontecimiento de notable relieve religioso, tanto personal como familiar y eclesial. Para participar en la mesa de la Eucaristía, es imprescindible que los niños se hayan incorporado previamente a un proceso formativo, iniciático, cristiano. La preparación de los niños al sacramento de la Eucaristía constituye una fase, ordinariamente de dos o tres años de duración, integrada en el itinerario de iniciación cristiana, que seguirá a la fase del despertar religioso, se apoyará en él, y se prolongará, a través de la etapa de la infancia adulta, hasta la fase de la iniciación cristiana en la adolescencia. Supuesta la necesidad de esta preparación, que ha de ser esmerada, la Primera Comunión se dará, de ordinario en el año que cumplen los nueve.

Hay que cuidar con extraordinario esmero el marco litúrgico de la Primera Comunión para que ésta tenga su máxima significación. Por ello se impone una cuidadosa preparación de todos los elementos de la celebración (ornamentación del templo, colocación de los niños y familiares, homilía, preces, cantos, fórmulas, etc.), evitando todo lo que sea superfluo o resulte teatral. La liturgia ha de tener un hondo sentido religioso, comunitario-eclesial, que no es incompatible con un sentido festivo y alegre; ha de brillar en ella la belleza de la sobriedad y sencillez, evitando tanto el individualismo como la masificación, la “teatralidad” como el excesivo ruido o falta de silencio, el “espectáculo” como la superficialidad o deficiencia religiosa; que no se fuercen las cosas y todo se haga con naturalidad y dignidad; que la presencia en el templo de familiares y amigos que muchas veces se hacen presentes más por compromiso social que por motivos cristianos, no convierta la celebración en algo profano o sin fuerza religiosa. No se puede olvidar, por lo demás, que el “protagonista” principal, si podemos hablar así, es Jesús y no los niños. Así se puede ver la Primera Comunión como una “ocasión propicia para que el niño consciente de lo que significa ser cristiano, haga una profesión personal de su fe; para ello hay que dar un relieve especial al acto de renovación de las promesas bautismales, que debe hacerse tras la homilía, en lugar del Credo, ambientándolo debidamente.

Debemos hacer una llamada urgente y continuada a evitar el derroche y la ostentación que son contrarios al misterio de amor que celebramos en la Eucaristía. Es hoy muy frecuente que, con ocasión de la recepción de este sacramento, muchos padres, parientes o amigos de los mismos, conviertan la Primera Comunión de los niños en un acontecimiento social y pagano, y se dejen absorber por los regalos y gastos abusivos y absurdos. Hay que insistir a tiempo y a destiempo con los padres que eviten todo eso y que pongan todo su empeño en centrar su interés y el de su hijo en la celebración eucarística; que la fiesta inherente se caracterice por la sobriedad y la sencillez. Por todos los medios se ha de evitar que los niños identifiquen el día de su Primera Comunión con una fiesta profana; los niños son lo que seamos y hagamos los mayores; está en nuestras manos evitar el que se convierta todo en una fiesta profana. Los padres han de ser conscientes de que esta celebración es un paso muy importante para sus hijos en su iniciación cristiana que incluye necesariamente el amor y el servicio al prójimo.

En consecuencia, los padres deberán procurar que sus hijos, con ocasión de la Primera Comunión, se interesen de un modo eficaz por la infancia desvalida, por ejemplo entregando un donativo importante a alguna asociación destinada a atender a niños necesitados y marginados o teniendo otros gestos hacia los pobres en ese mismo día de su Primera Comunión, de tal manera que los niños asocien y recuerden después ese día con la caridad cristiana. “Comulgar con Cristo es también comulgar con los demás”.

+ Ángel Rubio Castro

     Obispo de Segovia

Mons. Ángel Rubio Castro
Acerca de Mons. Ángel Rubio Castro 137 Artículos
Nace en Guadalupe (Cáceres), Archidiócesis de Toledo, el 18 de abril de 1939. Entró en el Seminario Menor diocesano de Talavera de la Reina (Toledo) desde donde pasó al Seminario Mayor “San Ildefonso” para realizar los estudios eclesiásticos. Fue ordenado sacerdote en Toledo el 26 de julio de 1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología en Madrid, por la Universidad Pontificia de Comillas y en Salamanca la Diplomatura en Catequética por el Instituto Superior de Pastoral. Es Doctor en Catequética por la Universidad Pontificia de Salamanca. CARGOS PASTORALES Tanto su ministerio sacerdotal como el episcopal han estado vinculados a la diócesis de Toledo. Como sacerdote desempeñó los siguientes cargos: de 1964 a 1973, coadjutor de la parroquia de Santiago el Mayor; 1971, Secretario de la Visita Pastoral; 1972, director del Secretariado Diocesano de Catequesis; en 1973 es nombrado capellán y profesor de la Universidad Laboral de Toledo, Beneficiado de la Santa Iglesia Catedral primada, cargo que desempeñó hasta el 2000, y profesor de Catequética en el Seminario Mayor, donde fue docente hasta su nombramiento episcopal. Además, de 1977 a 1997 fue Vicario Episcopal de Enseñanza y Catequesis; de 1982 a 1991 profesor de Religión en el Colegio diocesano “Ntra. Sra. de los Infantes”; en 1983, capellán de las Religiosas Dominicas de Jesús y María; de 1997 a 2000 es designado subdelegado diocesano de Misiones y en el año 2000 delegado diocesano de Eventos y Peregrinaciones, Profesor de Pedagogía General y Religiosa en el Instituto Teológico de Toledo, Delegado Episcopal para la Vida Consagrada y Canónico de la Catedral, cargos que desempeñó hasta 2004. El 21 de octubre de 2004 se hacía público su nombramiento como Obispo titular de Vergi y Auxiliar de la Archidiócesis de Toledo. El 12 de diciembre del mismo año recibió la consagración episcopal. El 3 de noviembre de 2007 se hacía público el nombramiento como Obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 9 de diciembre de ese mismo año. El Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Segovia el 12 de noviembre de 2014, aunque continuó como administrador apostólico hasta el 20 de diciembre, día de la toma de posesión de su sucesor. Es Consiliario Nacional para Cursillos de Cristiandad. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Anteriormente, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Enseñanza (desde 2005) y de Apostolado Seglar (desde 2011). También ha sido miembro, de 2005 al 2011, de Vida Consagrada.