"Fuisteis liberados con una sangre preciosa" (1Pe 1,18)

Mons. VivesMons. Joan E. Vives      La Pascua es el triunfo de Cristo, que muriendo destruía nuestra muerte, y resucitando nos ha dado la vida. Y este triunfo suyo es el de todos aquellos que lo han seguido en la cruz y en la muerte martirial. San Pedro nos exhorta: «Fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo» (1Pe 1,18-19). Los días de la Visita ad limina en Roma, los Obispos de Cataluña depositamos reliquias de los mártires catalanes del siglo XX en el altar de la Basílica de San Bartolomé, en una ceremonia sencilla, profunda y muy emotiva. Ahora nuestros beatos mártires sacerdotes de Urgell iluminan unidos a los mártires del siglo XX en todos los continentes del mundo y de todas las confesiones cristianas. Es el ecumenismo de la sangre. Cerca del Viernes Santo, y también dentro del tiempo pascual, es bueno hacer memoria con amor de aquellos que, en todo el mundo, han dado y están dando hoy la vida por fidelidad a Cristo, a los pobres, a la justicia y a la verdad del Evangelio.

Recientemente nos ha sobrecogido el asesinato a tiros del jesuita belga, Frans van der Lugt, de 75 años, en la ciudad de Homs (Siria) donde llevaba más de 48 años. Fue un hombre de paz, que, con gran coraje, quiso permanecer fiel al pueblo sirio, a quien le había entregado desde hacía muchos años su vida y su ministerio espiritual, trabajando por el entendimiento entre musulmanes y cristianos, y siempre cerca de los que sufren. ¡Nos impresionan tantas vidas entregadas a semejanza de la de Cristo! Vidas ejemplares, atrayentes… Contrariamente a lo que podría parecer, desde una perspectiva ajena a la fe, el mártir no es un excéntrico, ni un irresponsable, ni un intolerante, sino que expresa una fidelidad sincera, que se sitúa más allá de los convencionalismos y los juegos de intereses calculados. No actúa conforme a sus ganancias personales, ni está preocupado por su imagen social, ni tampoco inquieto por las consecuencias de su radicalidad en el seguimiento de Cristo. Tiene una paz que le viene de muy adentro, del descubrimiento de Dios en lo más íntimo de su intimidad. Vive conforme al Espíritu y da testimonio de la verdad de Cristo. Sorprende la serenidad de estos testigos que, en circunstancias tan adversas, no pierden la fortaleza ni la serenidad.

Debemos honrar sus vidas entregadas, como modelos de vida cristiana, de vida plena, sin amargura ni espíritu vengativo hacia nada ni nadie. Los mártires nos llevan a amar más y a desear parecernos a ellos. Nos estimulan al perdón y a la comprensión de los tiempos difíciles que les tocó vivir. Y son signos de paz y de reconciliación, también en nuestro tiempo, para que nunca más haya odio ni guerra ni espíritu de venganza, para que la libertad religiosa resplandezca como una de las libertades más fundamentales a cultivar. Amemos y valoremos su culto entre los cristianos y tengámoslos por espléndidos intercesores nuestros. Y sobre todo imitemos sus virtudes y la entrega confiada en las manos de Dios. Su sacrificio unido al de Cristo, salva al mundo, lo redime.

Su testimonio nos es camino de búsqueda. El testimonio de los mártires siempre es un buen motivo para profundizar en nuestra fe y en la firmeza de nuestras convicciones, en el amor a la verdad por encima de todo, y en el testimonio del Evangelio de la alegría. Cuando nos acercamos a ellos, con devoción y respeto, no podemos dejar de sentirnos interrogados, movidos interiormente, ya que el mártir, como seguidor fiel de Cristo, es un estímulo para la búsqueda fiel de la verdad, pero sobre todo, debe convertirse en un referente de nuestra acción en el mundo, ahora y aquí, guiándonos por el amor siempre más grande.

+ Joan E. Vives

Arzobispo de Urgell

Mons. Joan E. Vives
Acerca de Mons. Joan E. Vives 293 Artículos
Nació el 24 de Julio de 1949 en Barcelona. Tercer hijo de Francesc Vives Pons, i de Cornèlia Sicília Ibáñez, pequeños comerciantes. Fue ordenado presbítero en su parroquia natal de Sta. María del Taulat de Barcelona. Elegido Obispo titular de Nona y auxiliar de Barcelona el 9 de junio de 1993, fue ordenado Obispo en la S.E. Catedral de Barcelona el 5 de septiembre de 1993. Nombrado Obispo Coadjutor de la diócesis de Urgell el 25 de junio del 2001. Tomó Posesión del cargo el 29 de julio, en una celebración presidida por Mons. Manuel Monteiro de Castro, Nuncio Apostólico en España y Andorra. El día 12 de mayo del año 2003, con la renuncia por edad del Arzobispo Joan Martí Alanis, el Obispo Coadjutor Mons. Joan-Enric Vives Sicília pasó a ser Obispo titular de la diócesis de Urgell y copríncipe de Andorra. El 10 de julio del 2003 juró constitucionalmente como nuevo Copríncipe de Andorra, en la Casa de la Vall, de Andorra la Vella. El 19 de marzo del 2010, el Papa Benedicto XVI le otorgó el titulo y dignidad de Arzobispo "ad personam". Estudios: Después del Bachillerato cursado en la Escuela "Pere Vila" y en el Instituto "Jaume Balmes" de Barcelona, entró al Seminario de Barcelona en el año 1965 donde estudio humanidades, filosofía y teología, en el Seminario Conciliar de Barcelona y en la Facultad de Teología de Barcelona (Sección St. Pacià). Licenciado en Teología por la Facultad de Teología de Barcelona, en diciembre de 1976. Profesor de lengua catalana por la JAEC revalidado por el ICE de la Universidad de Barcelona en julio de 1979. Licenciado en Filosofía y ciencias de la educación -sección filosofía- por la Universidad de Barcelona en Julio de 1982. Ha realizado los cursos de Doctorado en Filosofía en la Universidad de Barcelona (1990-1993).