¡Duras palabras nos dice el Señor!

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio  Algora      «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?». Es el evangelista san Lucas, en el capítulo 24, el que pone en boca de Jesucristo estas palabras, que deseo subrayar con el fin de vivir estimulados y aun gozosos nuestra fe en el Señor Resucitado.

Me refiero a que, en las visitas pastorales a las parroquias, veo que crece en muchos de nosotros la conciencia de que la Iglesia es continuamente vapuleada con ocasión o sin ella y… poco o nada respetada la fe de los cristianos. Percibo, además, que es creciente la reacción de muchos de nosotros dando la cara por Jesucristo y su Iglesia —con sus personas e instituciones— en el seno de la familia, de la vecindad, del trabajo y hasta se da el caso en algún político.

Noto, efectivamente, que a todos los niveles, niños, jóvenes, adultos y ancianos, varones y mujeres está creciendo la conciencia de esta hostilidad hacia todo lo que ha surgido de la fe de la Iglesia en usos y costumbres, como si no tuviéramos derecho, como cualquier otro ciudadano, a vivir libremente asentados en nuestros valores y convicciones.

Lo que me llama la atención es que, demasiadas veces, nos sorprendemos de que se metan con nosotros y que vayamos descubriendo lentamente lo que se cuece en nuestro mundo occidental. Es cierto que hasta hace pocos años, aun cuando ya sean muchos los años en que viene sucediendo todo esto, gozábamos de una posición dominante en la forma de construir la persona, la familia y la sociedad. Hoy, sin embargo, no es así, y hay un pluralismo de opciones que no siempre conviven en paz, sobre todo cuando lo plural pasa a ser pensamiento único e impuesto con leyes injustas que van más allá de lo que pueden y deben tratar y legislar.

Las palabras que recuerdo del Evangelio de este domingo, nos deben alertar, pues muchas veces y en muchas ocasiones sucederá así en la vida de los cristianos. Efectivamente, porque el discípulo no puede ser de mejor condición que el Maestro, «si al dueño de casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados!» (Mt 10, 25), nos dijo el Señor. Nuestra identificación con nuestro Señor Jesucristo resucitado, como les sucedió a los dos discípulos de Emaús ha de contar con la incomprensión, el comentario despectivo y aun la persecución. «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».

Si el Señor ha resucitado y está con nosotros, en nosotros, si nos acompaña en nuestro caminar es porque dio la vida, hasta la muerte misma, para quitar a la muerte su poderío sobre la humanidad. Muchos de nuestros contemporáneos están necesitando ver y sentir que los cristianos somos gente que supera la incomprensión y el ridículo con la generosidad y el buen ánimo de quien sabe que lo que estamos viviendo en valores y posturas es lo que construye fraternidad y futuro: bien común. Hay que vencer el mal a fuerza de bien, y las energías nos han de venir del Espíritu Santo que el Señor sopla sobre los discípulos, y que es quien les da valentía y audacia para hablar del Crucificado. Es necesario el testimonio de quien sabe llevar la cruz de cada día, como camino, verdad y vida para la multitud, sin discriminación alguna. Así, hasta los perseguidores se convierten en apóstoles, como sucedió con san Pablo. ¡Feliz Pascua!

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.