Fiesta del Trabajo 2014

HoyoLopezRamonMons. Ramón del Hoyo        Queridos fieles diocesanos:
1. El jueves, día 1 de mayo, fiesta de san José Obrero, celebramos el día del Trabajo.
El mismo Jesucristo ha sido un trabajador y pasó buena parte de sus años en Nazaret, en la carpintería de san José. La gente hablaba de él como “el hijo del carpintero” (Mt 13, 55). Se ganaban el pan con el sudor de su frente.
San Juan Pablo II, el Papa recientemente canonizado, habló sobreel Evangelio del trabajo, afirmando que “fue escrito, sobre todo, por el hecho de que el Hijo de Dios, hecho hombre, trabajó con sus propias manos”. (Discurso en Terni, Italia, del 9 de marzo de 1981).
2. En numerosas páginas la Biblia nos muestra cómo el trabajo pertenece a la condición originaria del hombre. Cuando el Creador plasmó al hombre, a su imagen y semejanza, lo invitó a trabajar la tierra (cf. Gn 2, 5-6). Por el pecado de nuestros primeros padres, sin embargo, el trabajo se transformó en fatiga y sudor (cf. Gn 3, 6-8), pero el proyecto divino mantiene intacto su valor y finalidad.
Es muy importante que comprendamos el trabajo bajo esta perspectiva y no como un instrumento de explotación o de ofensa a la dignidad de la persona. Esta se dignifica precisamente por el trabajo, se hace más persona, porque mediante él desarrollamos nuestra dignidad y contribuimos al sostenimiento de la sociedad. Por ello mismo es preciso que el trabajo se organice y desarrolle siempre en el pleno respeto a la dignidad humana y al servicio del bien común.
Leemos en la Encíclica Laborem excercens que “El trabajo está en función del hombre y no el hombre en función del trabajo” (Juan Pablo II, 14 de septiembre de 1981, n. 6).
3. En la época de la industrialización, el trabajo, como en las culturas griega y romana, dividía a los seres humanos en esclavos y libres. Aunque no en los mismos términos se volvió de hecho a caer en planteamientos no muy distintos. Se consideró al trabajo como una mercancía que vendía el trabajador y que compraba el empresario. Según fuera la calidad y cantidad de la oferta, el trabajo valía más o menos.
Esta mentalidad materialista y economicista se fue superando con el paso del tiempo, teniendo mucho que ver en ello la Doctrina Social de la Iglesia en que se sienta por cierto que el valor del trabajo humano no es en primer lugar el trabajo mismo, sino la persona que lo realiza.
     Pero la teoría contraria rebrota una y otra vez, aunque sea con nuevas modalidades. Efectivamente, detrás de la precariedad de no pocos contratos de trabajo, de la mano de obra barata, de las dificultades para la maternidad en la mujer trabajadora, de tantos contratos eventuales… se encuentra la concepción mercantilista, más o menos solapada.
4. Hemos  de tener muy claro, por tanto, que a la luz de la Revelación y Enseñanzas de la Iglesia, el ser humano se hace cercano a Dios por su trabajo. Por ello, el cristiano, acepta y vive su realidad de trabajador como santificante y santificadora. Participa en la obra creadora de Dios y, con esa participación, procura entender sus trabajos.
 Al Patriarca san José la Iglesia le propone como modelo de trabajador porque, en circunstancias nada fáciles, sobre todo como inmigrante en Egipto, proveyó a las necesidades de su familia, haciendo de su trabajo una oración, y santificación en su taller.
Bajo su intercesión y ejemplo hemos de seguir los cristianos testimoniando el evangelio del trabajo y su alto valor, procurar y defender el trabajo para todos y denunciar cualquier desorden contra estos principios. Nunca podremos tolerar que, unos pocos, dispongan de “tanto” y que se olviden de “una gran mayoría”, que ni pueden trabajar, ni contar con los medios más elementales para su propio sustento y el de sus familias.
 Mi felicitación al mundo del trabajo y saludo en el Señor.
+Ramón del Hoyo López
 Obispo de Jaén
Mons. Ramón del Hoyo
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Mons. Ramón del Hoyo nació el 4 de septiembre de 1940 en Arlanzón (Burgos). Cursó estudios en los Seminarios Menor y Mayor de Burgos, entre 1955 y 1963. Obtuvo la Licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de Salamanca (1963-1965) y el Doctorado en la Pontificia Universidad Angelicum (1975-1977). Fue ordenado sacerdote para la archidiócesis de Burgos el 5 de septiembre de 1965. CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis burgalesa. Comenzó como coadjutor de la parroquia de Santa María la Real y Antigua y Director espiritual de la Escuela media femenina “Caritas”, entre 1965 y 1968. Desde este último año y hasta 1974 fue Notario eclesiástico y Secretario del Tribunal Eclesiástico. Además, en el año 1972 fue nombrado Provisor-adjunto de la Curia de Burgos y en 1978 Provisor, cargo que desempeñó hasta 1996. También fue Vicario Judicial del Tribunal Eclesiástico Metropolitano desde el año 1978 y hasta 1993, cuando fue nombrado Vicario General y Canónigo y Presidente del Capítulo Catedral Metropolitano. Estos cargos los compaginó, desde 1977 y hasta su nombramiento episcopal, con la docencia en la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos, como profesor de Derecho Canónico. El 26 de junio de 1996 fue nombrado obispo de Cuenca y recibió la ordenación episcopal el 15 de septiembre del mismo año. El 19 de mayo de 2005 se hacía público su nombramiento como obispo de Jaén, diócesis de la que tomó posesión el 2 de julio de 2005. El papa Francisco acepta su renuncia al gobierno pastoral de esta diócesis el 9 de abril de 2016 y le nombra administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor,el 28 de mayo de 2016. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, de la que fue presidente de 2005 a 2011. Ha sido miembro del Consejo de Economía desde 2012 a 2017. También fue miembro de la “Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia”, que se creó con el encargo de preparar la Declaración y la promoción de la figura del nuevo Doctor.