San José Obrero

ZornozaBoyRafaelMons. Rafael Zornoza      Queridos hermanos,

El trabajo es una dimensión fundamental de la existencia humana de perenne actualidad  que exige, sobre todo para los cristianos, una renovada atención y un decidido testimonio. Continuamente surgen nuevos interrogantes y problemas y nacen nuevas esperanzas, pero afloran también temores y amenazas relacionadas con el. En la celebración de San José Obrero, el día 1 de mayo, se nos ofrece una oportunidad para actualizar nuestra fe y nuestro compromiso.

El sufrimiento de los millones de parados de nuestra sociedad, muchos de ellos en trágicas situaciones por faltarles el subsidio de desempleo, y miles de jóvenes sin esperanza de empleo, o los adultos que nunca llegaron a trabajar, o quienes son víctimas de trabajos inhumanos o viven explotados, nos obligan a orar y comprometernos más por ellos y a recordar el Evangelio de Cristo que nos enseña a ver la imagen de Dios en cada uno y a buscar caminos nuevos para un mundo más justo y fraterno.

La vida del hombre está hecha cada día a base de trabajo. En el se juega la propia dignidad específica, al tiempo que contiene la medida incesante de la fatiga humana, y del sufrimiento.  También constatamos en la vida laboral el dolor y las injusticias que invaden profundamente la vida social dentro de cada nación y a escala internacional.

Es verdad que el hombre se nutre con el pan del trabajo de sus manos, pero no sólo de ese pan de cada día que mantiene vivo su cuerpo, sino que también necesita del pan de la ciencia y del progreso, de la civilización y de la cultura. Ese pan que consigue con el sudor de su frente no sólo supone el esfuerzo y la fatiga personales, sino también las tensiones, conflictos y crisis que, en relación con la realidad del trabajo, trastocan la vida de cada sociedad y aun de toda la humanidad.

No podemos conformarnos, por esto, sólo con discursos sobre la dignidad del trabajo sino que con el papa Francisco quisiéramos más todavía, que nuestro deseo llegara más alto. Porque no se trata tan sólo de asegurar a todos la comida, o un «decoroso sustento», sino de que todos tengan prosperidad sin exceptuar bien alguno. Esto implica educación, acceso al cuidado de la salud pero, sin duda, especialmente tener trabajo, porque en el trabajo libre, creativo, participativo y solidario, el ser humano expresa y acrecienta la dignidad de su vida. El salario justo permite el acceso adecuado a los demás bienes que están destinados al uso común.

Debemos interpelar a nuestra comunidad cristiana. Cuando san Pablo se acercó a los Apóstoles de Jerusalén para discernir «si corría o había corrido en vano» (Ga 2,2), el criterio clave de autenticidad que le indicaron fue que no se olvidara de los pobres (cf. Ga 2,10). Este gran criterio para que las comunidades cristianas no se dejaran devorar por el estilo de vida individualista de los paganos, tiene una gran actualidad en el contexto presente, donde tiende a desarrollarse un nuevo paganismo individualista. La belleza misma del Evangelio no siempre puede ser manifestada por nosotros adecuadamente. No obstante hay un signo que no debe faltar jamás: la opción por los últimos, nuestra preocupación por aquellos que la sociedad descarta y desecha. Hoy para la gran máquina de la economía neoliberal los últimos son los trabajadores poco productivos por su edad, por su condición de madre o padre, o simplemente por ser considerados  un número más que se puede sacrificar por la supuesta e inevitable reducción de costes de producción u otras causas.

Estas cuestiones nos tienen que hacer pensar a cada uno personalmente pues a veces nos hacemos duros de corazón y de mente, y nos olvidamos, nos entretenemos,  o nos extasiamos con las inmensas posibilidades del consumo y de distracción que ofrece esta sociedad. Se produce así una especie de alienación que nos afecta a todos. Ciertamente si está alienada una sociedad en sus formas de organización social, de producción y de consumo, se hace más difícil la realización de esta donación y el desarrollo de esa solidaridad humana. Nos jugamos mucho en ello.

En mis visitas por las parroquias escucho las situaciones laborales tan duras que muchos de vosotros tenéis que afrontar. El Señor está con vosotros, no dejéis de confiar, de luchar, de buscar apoyo. La situación es grave y está en juego la paz social que no puede entenderse como un irenismo o como una mera ausencia de violencia lograda por la imposición de unos sobre otros.  Es necesario reivindicar con voz profética la dignidad de la persona humana, los derechos humanos y el bien común. Rechacemos las actitudes insolidarias  y egoístas que no asumen riesgos por asegurarse más beneficios y defendamos unas condiciones laborales con la seguridad suficiente que permita a los jóvenes afrontar su futuro, formar una familia, tener hijos.

Pido a los a los responsables del mundo empresarial y laboral, a los políticos, que se sitúe siempre en el centro de las decisiones a la persona, a cada persona, que se mire, ante todo, su bien. Cada prójimo es Cristo mismo, el cual se identificó con cada hombre y mujer por su Encarnación.  Es urgente no sólo refundar en el amor la vida social y económica, sino nuestra propia humanidad. Sólo desde una nueva concepción del hombre surgirá una manera adecuada de vivir el trabajo como un bien solidario y una oportunidad de colaborar con el plan del Creador, un bien del que ninguno podemos quedar privados pues el Señor de la viña nos ha llamado a todos a trabajar.

Prestemos especial atención a la justa distribución de los trabajos, al respeto a la mujer trabajadora, especialmente en su maternidad, a la conciliación familiar, a los inmigrantes y sus derechos laborales, reivindicados en tantas ocasiones, idénticos a los de cualquier otro ciudadano. Apoyemos toda iniciativa empresarial, el riesgo de los emprendedores y cuanto fomente el trabajo digno, y fomentemos la colaboración, la participación solidaria. Desterremos además toda interpretación ideológica o política sectaria de nuestras actividades evangelizadoras en el mundo del trabajo y dejemos que la caridad de Cristo nos urja a cambiar nosotros, los primeros, el estilo de nuestra vida, sobre todo cuando exigimos que otros cambien las suyas.

Quisiera que sintiésemos a Jesús, el trabajador de Nazaret con nosotros. Los militantes de los movimientos obreros tenéis la misión de hacerle presente, fortaleciendo vuestro compromiso, siempre reflejo del amor cristiano, con la oración, la eucaristía y la penitencia, que os haga fiel reflejo de Cristo, capaces de comprometeros por la justicia y de acercar con paciencia la misericordia de Dios a todos.

Que la mirada del Señor transforme la nuestra y que san José, el hombre santo y justo ante Dios, nos enseñe a trabajar con las manos bien asidas a la tierra y el corazón y la mirada puestas en el cielo.
Vuestro Obispo, que está con vosotros en el nombre del Señor,

+Rafael Zornoza Boy,

Obispo de Cádiz y Ceuta

Mons. Rafael Zornoza
Acerca de Mons. Rafael Zornoza 252 Artículos
RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.