Todo coincide… la Iglesia

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora       El papa Francisco ha querido hacer coincidir la canonización de los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II en el domingo segundo de Pascua, al que señaló el mismo Juan Pablo II como el Domingo de la Divina Misericordia. Después, en el calendario, celebramos la fiesta de San José Obrero, pues el jueves es el 1 de mayo.

Sentí una emoción muy especial al poder agradecer personalmente al papa Francisco sus intervenciones en favor de los más desfavorecidos; rápido en sus reacciones, aprovechó para invitarnos a los obispos que estábamos con él para hacer frente a esta «Cultura del Descarte», concepto que el papa Francisco razona cuando ve, y así nos lo dijo, que se dilata en el tiempo la solución a los millones de parados y a muchos más trabajadores ocasionales y en precario, mientras que, si baja un punto la Bolsa o sube la Prima de Riesgo, moviliza las fuerzas económicas internacionales con grandes alarmas en los medios de comunicación.

Cómo sentí la misma emoción cuando le pedí a Juan Pablo II que firmara una dedicatoria en un ejemplar de su libro «Don y Misterio» para la Juventud Obrera Cristiana que celebraba entonces el 50 aniversario de su aprobación por la Iglesia en 1947. Me recordó entonces el Papa su tiempo de obrero de la fábrica Solvay en su Polonia natal.

No son menores los sentimientos que se despiertan al recordar esta ya muy larga trayectoria del pensamiento pontificio que comenzara a finales del siglo XIX, que llena todo el siglo XX y que se consolida con toda fuerza en el XXI.

En estos días de su canonización, recordamos muy especialmente a san Juan XXIII cuando escribió aquello de: «En lo relativo al campo de la economía, es evidente que el hombre tiene derecho natural a que se le facilite la posibilidad de trabajar y a la libre iniciativa en el desempeño del trabajo» (Pacem in terris, 18). Y seguía en el n.º 20: «De la dignidad de la persona humana nace también el derecho a ejercer las actividades económicas, salvando el sentido de la responsabilidad. Por tanto, no debe silenciarse que ha de retribuirse al trabajador con un salario establecido conforme a las normas de la justicia, y que, por lo mismo, según las posibilidades de la empresa, le permita, tanto a él como a su familia, mantener un género de vida adecuado a la dignidad del hombre».
Citar a san Juan Pablo II es todavía más complicado, pues son muchas las cartas encíclicas e intervenciones donde dice cosas como esta: «No corresponde a la Iglesia analizar científicamente las posibles consecuencias de tales cambios en la convivencia humana (adelantos en las condiciones tecnológicas, económicas y políticas). Pero la Iglesia considera deber suyo recordar siempre la dignidad de los derechos de los hombres del trabajo, denunciar las situaciones en las que se violan dichos derechos, y contribuir a orientar estos cambios para que se realice un auténtico progreso del hombre y de la sociedad» (Laborem exercens, 1).

Solo nos queda a los católicos seguir la huella de estos dos nuevos santos para ahondar en esta Doctrina Social de la Iglesia y estar a la altura de las circunstancias en las que nos ha colocado la Divina Misericordia, en su providencia amorosa, para dar respuesta, en la medida de nuestras posibilidades, a los tremendos problemas y desafíos que nos toca vivir. ¿Cómo podemos dejar de sentir lo que les está pasando a millones de personas sin trabajo ni futuro?

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.