¡Sed buenos si podéis!

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris      Es muy conocida esta recomendación de san Felipe Neri, que una película nos ha acercado últimamente y que yo ahora repito en el día en que la Iglesia proclama la santidad de dos de sus miembros: Juan XXIII y Juan Pablo II. Ambos -como tantos otros a lo largo de la historia- nos han demostrado que se puede ser bueno, que se puede vivir con gozo y que, si nos dejamos conducir por la acción fecunda del Espíritu del Señor Resucitado, nacen siempre realidades nuevas y esperanzadoras.

Hoy estamos invitados a dar gracias por las maravillas que Dios hace en personas de carne y hueso como nosotros que, con defectos y pecados, habiendo encontrado la perla preciosa (Mt 13,44) han dado un vuelco definitivo a su vida y han hecho todo lo posible para seguir a Jesús, reproduciendo día a día su Evangelio y dejándose transformar por la gracia de Dios. Han descubierto que, para acertar en la vida, hay que vivir en el horizonte del amor a Dios y a los hermanos y han optado por el amor como actitud fundamental, entregando por completo su vida, buscando transformar las realidades que les ha tocado vivir en la Iglesia y en el mundo.

Me gusta subrayar que ambos han demostrado la eficacia del amor, no sólo en su vida personal sino también en la dimensión pública, colectiva, estructural de la vida de las personas y de sus problemas. Debe ser así, si no queremos descafeinar el evangelio de Jesús. El amor cristiano debe traducirse en justicia, solidaridad, paz; pide aceptar el propio tiempo, tener sentido de la historia, compartir angustias y esperanzas (cfr. Gaudium et Spes, 1), ser hombres del pueblo, de la propia época, disfrutar de los valores auténticos y esforzarse al mismo tiempo en liberarse de idolatrías y esclavitudes de todo tipo.

Un amor así se demuestra creativo y no resignado a ningún determinismo, sabiendo que el futuro es un campo abierto y que hay que aventurarse para superar límites, descubrir soluciones alternativas, producir hechos nuevos y aspirar a situaciones siempre mejores. Pienso que esta actitud fundamental ha sido un denominador común en estos dos grandes Papas, cada uno a su manera y según sus circunstancias. En ambos se ha manifestado la bondad de Dios por nosotros de una manera extrema. Podemos distinguir entre los dones de Dios y Dios mismo, pero los dones son siempre una manifestación de Dios. En este sentido, podemos decir que tanto en San Juan XXIII como en San Juan Pablo II son bien visibles las huellas de la bondad de Dios: ambos han sido un retrato privilegiado, una reproducción muy fiel.

¡Sed buenos si podéis! Ellos han podido hacer realidad a su medida lo que se lee en la 2ª carta de Pablo a los Corintios (3,18): «Todos nosotros, sin ningún velo en la cara, reflejando como un espejo la gloria del Señor, somos transformados en su misma imagen, con una gloria cada vez mayor, por obra del Señor, es decir, del Espíritu».

Al descubrir la acción del amor de Dios en estos dos gigantes de la historia contemporánea de la Iglesia, os invito a unirnos todos en una oración de alabanza al buen Dios, con voluntad de seguir estos ejemplos y ponernos a Su servicio.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.