Impuestos y ayuda a la Iglesia

Mons. Alfonso MilianMons. Alfonso Milián      Aunque no gusta pagar impuestos y, de vez en cuando, se critica el modo de utilizar los recursos públicos, lo cierto es que contribuir a financiar los servicios que toda comunidad necesita es un deber moral. Así lo entiende la Doctrina Social de la Iglesia, que, además, ve los impuestos como instrumento de redistribución de la riqueza y «garantía de los sistemas de previsión y de protección social, destinados en modo particular a proteger a los más débiles». Es bueno desarrollar una mayor conciencia de solidaridad y ciudadanía a través del cumplimiento de nuestras obligaciones fiscales.

Estamos en ese tiempo en el que realizamos la declaración de la renta y debemos recordar cuál es su finalidad.

Esta circunstancia nos ofrece también la oportunidad de contribuir al sostenimiento de la Iglesia destinando a tal fin un pequeño porcentaje de nuestros impuestos: el 0,7 %, como sabemos. Basta con marcar la casilla de la Iglesia católica en el lugar correspondiente del impreso. Con ello expresamos nuestra voluntad de que esa parte de nuestros impuestos se destine a la Iglesia católica. También podemos decidir que un porcentaje similar se destine a “otros fines sociales”, marcando la casilla correspondiente. Naturalmente, estas decisiones no hacen pagar más, sino que expresan la libre voluntad del contribuyente de señalar una aplicación concreta de sus impuestos, incluso cuando el resultado final de la declaración sea a devolver.

No me parece inútil recordar que ya hace varios años que la Iglesia no tiene ninguna asignación con cargo a los presupuestos generales del Estado y depende exclusivamente de las aportaciones de sus adeptos. Las vías de estas aportaciones son diversas: una es ésta de la asignación tributaria, pero junto a ella están los donativos directos, las suscripciones periódicas, legados, etc. Con todo ello, la Iglesia lleva a cabo
una ingente tarea de servicio religioso, social y educativo a las comunidades y a los pobres, sin preguntarles por su credo o actitud ante ella.
Como sabéis, nuestra Diócesis necesita medios económicos para cumplir su misión evangelizadora, para retribuir modestamente a los sacerdotes, mantener los servicios pastorales, ayudar a las misiones y a los pobres, cuidar de los enfermos, de las personas que viven solas, de los jóvenes y niños… Sin contar el mantenimiento de tantos edificios que dependen de ella en sus más de doscientas parroquias y del patrimonio histórico, artístico y cultural que nos han legado nuestros antepasados.

Durante esta profunda crisis que aún vivimos, la Iglesia viene ayudando a muchas familias, parados, inmigrantes, transeúntes… Para muchos es el último recurso, cuando se les han cerrado todas las puertas. Por ello, necesita vuestra ayuda, para seguir ayudando a tantos. Por todo ello os digo ¡gracias! y que Dios aumente vuestra generosidad.

El próximo jueves celebraremos la fiesta de San José Obrero. Quiero recordar a todos los trabajadores, especialmente a los que sufrís las consecuencias de la crisis, y de manera particular a los jóvenes que tantas dificultades os topáis para encontrar vuestro primer trabajo. Luchemos todos para conseguir la superación de esta dolorosa situación.

Con mi afecto y bendición.

+ Alfonso Milián Sorribas
Obispo de Barbastro-Monzón

Mons. Alfonso Milián Sorribas
Acerca de Mons. Alfonso Milián Sorribas 101 Artículos
Mons. Alfonso Milián Sorribas nació el 5 de enero de 1939 en La Cuba, provincia de Teruel y diócesis de Teruel y Albarracín. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza y fue Ordenado sacerdote el 25 de marzo de 1962. En 1992 obtuvo la Licenciatura en Teología Catequética por la Facultad de Teología ‘San Dámaso’ de Madrid, con la tesina «La iniciación a la dimensión contemplativa del catequista por medio de la oración de Jesús». La segunda parte de la misma fue publicada en 1993, en la revista ‘Jesus Cáritas’ con el título «La invocación del nombre de Jesús, camino de encuentro con el Padre». Además del español, conoce el francés. Después de su ordenación, ha desempeñado los siguientes cargos: - 1962–1969:Párroco de Azaila (Teruel); - 1962–1967:Coadjutor de la Parroquia de La Puebla de Hijar (Zaragoza); - 1967–1969:Encargado de las Parroquias de Vinaceite (Teruel) y Almochuel (Zaragoza); - 1969–1983:Párroco de ‘San Pío X’ en Zaragoza; - 1970–1976:Delegado de Cáritas de Arrabal (Zaragoza); - 1978–1990:Miembro del Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Zaragoza; - 1980–1981:Consiliario del Movimiento ‘Junior’; - 1982–1990:Vicario Episcopal de la Vicaría IV de la Archidiócesis de Zaragoza; - 1992–1996:Delegado Diocesano de Apostolado seglar y Consiliario Diocesano del Movimiento ‘Junior’; - 1992–1998:Delegado Diocesano de Pastoral Vocacional; - 1996–2004:Vicairo Episcopal de la Vicaría II; - 1998–2004:Consiliario de ‘Manos Unidas’; - Nombrado Obispo Auxiliar de Zaragoza el 9 de noviembre de 2000 y elegido para la sede titular de Diana, recibió la ordenación Episcopal el 3 de diciembre de 2000. - El 11 de noviembre de 2004, el Nuncio Apostólico en España comunicó al Administrador Diocesano el nombramiento de Don Alfonso Milián para la sede barbastrense-montisonense, de la que tomó posesión el 19 de diciembre de 2004 en la catedral de Barbastro. - En la Conferencia Episcopal es miembro de la Comisión Episcopal de Asuntos Sociales y Obispo Delegado para Cáritas Española.