Una semana para vivirla

Cartagena Lorca PlanesMons. José Manuel Lorca     En estos días de Semana Santa recibiremos muchas llamadas a interiorizar el momento de gracia de poder comprobar cuanto amó Dios al mundo que no paró hasta dar a su Hijo Unigénito, porque conmemoramos la Pasión de Cristo. La semana se compone de dos partes: el final de la Cuaresma (del Domingo de Ramos al Miércoles Santo) y el Triduo Pascual (Jueves, Viernes y Sábado-Domingo). Este es el tiempo de más intensidad litúrgica de todo el año. Merecerá la pena el esfuerzo por la interiorización después de escuchar la Palabra. Las narraciones de la pasión cobrarán nueva vida, como si los hechos se repitieran efectivamente ante nuestros ojos. Todos los acontecimientos que conducen al arresto, al proceso y a la ejecución de Jesús serán recordados y celebrados, le daremos un repaso a la Historia de la Salvación palpando la implicación de Dios en nuestra historia y seguimos el camino que Jesús pisó con sus pies durante los últimos días de su vida mortal. Será una bendición tener un poco de tiempo para ver a Jesús que se ha hecho uno de nosotros, el más pequeño entre nosotros, el varón de dolores, que anunciaba el profeta Isaías, y cómo cargó con el peso de nuestros pecados, hasta la Cruz.

En cada celebración de la Semana Santa, en cada rito cargado de signos recordarnos la insistente llamada a la conversión que desde el miércoles de ceniza nos viene haciendo la Iglesia para volver el rostro a Jesucristo. Vamos, ánimo, vivamos en estos días santos el Misterio de la Redención con serenidad, pero con valentía. Recordad cómo el Papa, Benedicto XVI nos urgía a la coherencia y a la firmeza de la fe, a que diéramos testimonio de ella: hace falta una confesión clara, valiente y entusiasta de la fe en Jesucristo… En medio de la incertidumbre de este tiempo y de esta sociedad, dad a los hombres la certeza de la fe íntegra de la Iglesia. La claridad y la belleza de la fe católica iluminan, también hoy, la vida de los hombres… La serenidad, el silencio y la calma de estos días podrán ayudarnos a tomar postura. Cuando seamos capaces de dar la cara al mundo con una confesión clara y valiente de la fe, nada de “paños calientes”, confesando la fe de la Iglesia, la verdadera doctrina, no lo que quieran oír los demás, veréis cómo sentiréis la fuerza arrolladora de Dios apoyándoos, mientras todos los que os adulaban van desapareciendo. En este momento comenzaréis a entender lo que San Pablo decía que sólo se gloriaba en Jesucristo y este crucificado.

La Semana de Pasión termina con el triunfo de Jesús sobre la muerte y el pecado, termina con la certeza de ser testigo de que el crucificado está vivo. La resurrección de Jesús indica el paso de una forma de existencia mortal (Rm 6,10) a otra forma de existencia en la gloria eterna del Padre (1 Pe 3,18); es la respuesta de Dios, que declara redentora la muerte de Jesús, iluminando y dando sentido a la cruz y al sepulcro. La Resurrección constituye ante todo la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó. Todas las verdades, incluso las más inaccesibles al espíritu humano, encuentran su justificación si Cristo, al resucitar, ha dado la prueba definitiva de su autoridad divina según lo había prometido.

Un momento precioso es cuando Jesús presenta una prueba palpable y evidente a los discípulos, lo narra San Lucas: «Ved mis manos y mis pies. Soy yo mismo» (Lc 24,39); y en el evangelio de San Juan: «Trae tu dedo aquí, mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado» (Jn 20,27). La resurrección ha supuesto en Cristo la transfiguración de siervo doliente en mesías glorioso, que tiene todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28,18) y en todas las riquezas del Espíritu (He 2,33); en Señor de vivos y de muertos

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

Mons. José Manuel Lorca
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Mons. D. José Manuel Lorca Planes nació en la localidad murciana de Espinardo, diócesis de Cartagena, el 18 de octubre de 1949. Curso los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor "San Fulgencio“ de Murcia. Es licenciado en Teología Bíblica por la Facultad de Teología de Granada. Recibió la ordenación sacerdotal el 29 de junio de 1975. Recibió la ordenación episcopal en Teruel el 6 de marzo de 2004. Nombrado Obispo de Cartagena el 18 de julio de 2009, tomó posesión el 1 de agosto de ese mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades.