El Evangelio de la alegría en la Pascua

Mons. Vicente Jiménez ZamoraMons. Vicente Jiménez       ¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya! Esta es la feliz noticia que resuena durante todo el tiempo de Pascua. La Resurrección de Cristo es el acontecimiento central de la historia de la humanidad. La celebración de la Pascua de Resurrección se continúa durante el tiempo pascual. Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés se celebran con alegría desbordante.

Como un solo día festivo, más aún, como ‘el gran domingo’, como afirma San Atanasio.

La reforma del año litúrgico del Concilio Vaticano II ha tenido el acierto de restituir a este tiempo pascual su carácter unitario. La cincuentena pascual ha vuelto otra vez a ser el tiempo simbólico y real que recuerda a Cristo Resucitado presente en su Iglesia, a la que hace donación de la promesa del Padre, el Espíritu Santo (cfr. Lc 24, 49; Hc 1, 4; 2, 32-33). Por eso el tiempo pascual es el tiempo del Espíritu Santo, que ha
brotado del costado de Cristo muerto en la cruz (cfr. Jn 19, 30.34; SC 5); y por ello es también el tiempo modélico y emblemático de la Iglesia (cfr. Jn 20, 22; Hc 2, 33).

Pascua es una invitación honda y serena a la alegría cristiana. Es la alegría de la victoria definitiva de Cristo sobre el pecado y la muerte, la alegría de la reconciliación del mundo con el Padre y la unidad del género humano, la alegría de la nueva creación por el Espíritu.

El signo de una existencia cristiana es la verdadera alegría. Y no se trata de ser individualmente alegres. Se trata también de formar comunidades pascuales, que vivan e irradien diariamente la alegría. El mejor testimonio de la comunidad cristiana primitiva -unida en la Palabra, la Eucaristía y el servicio- era “la alegría y sencillez de corazón” (Hc 2, 47).

Hoy hace falta recuperar la alegría de la Pascua. Porque el peor signo de la descomposición de una comunidad cristiana y humana, es la tristeza y el miedo. Pero recuperar en la Iglesia y para el mundo la alegría de la Pascua es recuperar el sentido de la cruz. Porque no se trata de una alegría superficial y pasajera (que suele coincidir con un éxito inmediato), sino de una alegría honda y eterna, que sólo nace de la cruz
(alegría crucificada) y que es fruto del Amor de Dios derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado (cfr. Rom 5, 5). “El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz” (Gál 5, 22).

Nos hace bien meditar sobre la alegría. En el fondo es meditar sobre la esencia de nuestro cristianismo: el amor del Padre, la cruz de Cristo, la comunicación del Espíritu Santo, la serenidad de la oración, la presencia maternal de nuestra Señora.

El Papa Francisco nos invita a vivir y anunciar la alegría del Evangelio en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium. “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús[…] Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (EG 1).

En la alegría de la novedad pascual encontramos a la Virgen María, “causa de nuestra alegría”. Por eso en el tiempo pascual cantamos la antífona Regina coeli laetare.

Alleluya. Reina del cielo, alégrate. Aleluya.

+ Vicente Jiménez Zamora

Obispo de Santander

Mons. Vicente Jiménez Zamora
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Mons. D. Vicente Jiménez Zamora nace en Ágreda (Soria) el 28 de enero de 1944. Fue ordenado sacerdote diocesano de Osma-Soria el 29 de junio de 1968. Es licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y en Filosofía por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma. CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal y episcopal está unido a su diócesis natal, en la que durante años impartió clases de Religión en Institutos Públicos y en la Escuela Universitaria de Enfermería, además fue profesor de Filosofía y de Teología en el Seminario Diocesano. También desempeñó los cargos de delegado diocesano del Clero (1982-1995); Vicario Episcopal de Pastoral (1988-1993); Vicario Episcopal para la aplicación del Sínodo (1998-2004) y Vicario General (2001-2004). Fue, desde 1990 hasta su nombramiento episcopal,abad-presidente del Cabildo de la Concatedral de Soria. El 12 de diciembre de 2003 fue elegido por el colegio de consultores administrador diocesano de Osma-Soria, sede de la que fue nombrado obispo el 21 de mayo de 2004. Ese mismo año, el 17 de julio, recibió la ordenación episcopal. El 27 de julio de 2007 fue nombrado Obispo de Santander y tomó posesión el 9 de septiembre de 2007. Desde el 21 de diciembre de 2014 es Arzobispo de Zaragoza, tras hacerse público el nombramiento el día 12 del mismo mes. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro del Comité Ejecutivo desde el 14 de marzo de 2017. Además, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe (2007-2008) y Pastoral Social (2008-2011). Desde 2011 era presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, tras ser reelegido para el cargo el 13 de marzo de 2014. El sábado 29 de marzo de 2014 la Santa Sede hizo público su nombramiento como miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.