Libre… ¡resucitó!

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora       Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra», les dijo el Señor a los apóstoles al enviarlos a predicar el Evangelio a todas las naciones, a bautizar en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, y a poner en práctica el mandamiento del amor: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado». Por encima del tiempo y de las estaciones, Jesucristo tiene poder para hacerse presente en cualquier momento de la historia. Por encima de lugares y de espacios, el Señor puede estar con nosotros y a la vez con el resto del mundo.

Libre, sí, de toda atadura espacio temporal, sale a nuestro encuentro, pues «la muerte ya no tiene dominio sobre Él» (Gal 6, 9). En este Domingo de Resurrección no solo celebramos lo que pasó, sino que, por eso mismo, podemos encontrarnos con Él como hacemos los humanos: cuando nos hablamos y Él nos habla con «la Palabra de Dios»; cuando nos juntamos y Él «está con nosotros», «tomad y comed: esto es mi Cuerpo»; cuando cumplimos el Mandato del amor: «Tuve hambre y me disteis de comer… (Mt 25, 35)».

Nos encontramos con Jesús en las celebraciones y en la vida, y esta es nuestra alegría mayor. A la familia de los hijos de Dios, que es la Iglesia, nos duele que haya personas que estén solas afrontando la dureza de las situaciones mil en las que podemos vernos envueltos los humanos. Cuando Marx escribió que «la religión es el opio del pueblo» (hacia 1844), ignoraba el potencial revolucionario que tiene la presencia de Jesucristo resucitado, presente en la vida de los que se encuentran con Él. Realidades como dignidad de la persona, lucha por la justicia, entrega de la vida en la construcción del bien común, el trabajo humano concebido como principio de vida, el esfuerzo común para que nadie quede excluido de la mesa, la lucha que patrocina el papa Francisco contra lo que él llama «la cultura del descarte» que deja fuera de juego a los indefensos que no han causado la quiebra de los bancos, ni la especulación de capitales, son ya tareas para que los que nos encontramos con el Señor resucitado vivamos alegres para hacer lo que esté en nuestra mano para dar gusto al Señor de cielo y tierra, «que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de su Verdad» (1Tim 2, 4).

No puedo por menos de citar entero el párrafo de esta primera carta de san Pablo a Timoteo, pues la presencia de Jesucristo resucitado nos debe dar alas como a él para llevar la alegría de la vida nueva a todos. Dice san Pablo: «Te encarezco, pues, ante todo, que se hagan súplicas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y todos los que ocupan altos cargos, para que pasemos una vida tranquila y serena con toda piedad y dignidad. Todo ello es bueno y agradable ante Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Porque uno solo es Dios y uno solo también el mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre, que se entregó a sí mismo en redención por todos; este testimonio ha sido dado a su debido tiempo. Yo he sido constituido mensajero y apóstol de ese testimonio “digo la verdad, no miento”, doctor de los gentiles en la fe y en la verdad». (1Tim 2, 1 – 7).

¿Quieren saber de dónde le viene al Papa su valentía y frescura para decir y actuar en su vida? Oigan sus propias palabras: «La alegría del evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría». ¡Feliz Pascua!

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.