La Pascua, un estallido de vida

Mons. Lluís Martínez SistachMons. Lluís Martínez Sistach       En la Pascua del año pasado, el papa Francisco inició su mensaje a la ciudad de Roma y al mundo con estas palabras: «Es una gran alegría para mí poderos hacer este anuncio: ¡Cristo ha resucitado! Quisiera que llegara a todas las casas, a todas las familias, especialmente allí donde hay más sufrimiento, a los hospitales, a las cárceles… Quisiera que llegara sobre todo al corazón de cada uno, porque es allí donde Dios quiere sembrar la Buena Nueva: Jesús ha resucitado, hay esperanza para ti, ya no estás bajo el dominio del pecado, del mal. Ha vencido el amor, ha triunfado la misericordia. La misericordia de Dios siempre vence.»

La resurrección de Jesús no es un hecho marginal de la fe cristiana, sino que constituye su núcleo central mismo. Por eso, san Pablo lo expresa con toda claridad cuando afirma: «Si Cristo no hubiera resucitado, sería sin objeto nuestra fe, lo sería también nuestra predicación». Como nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica, «la resurrección es, sobre todo, la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó».

A los apóstoles, al principio, les costó creer en la resurrección de su maestro. El impacto de la pasión y muerte en la cruz había sido un traumatismo muy fuerte para ellos. Los evangelistas nos cuentan numerosas manifestaciones sensibles de Cristo resucitado, como las apariciones al grupo de los doce, entre otras. Y Pedro, en casa del centurión Cornelio, dirá: «Nosotros hemos comido y bebido con Él después de haber resucitado de entre los muertos».

Podríamos hacer esta suposición: los cristianos de hoy preguntan a la comunidad de los apóstoles: «¿Quién se ha manifestado en la Pascua? ¿Cuál es nuestra fe? Y la comunidad apostólica responde: «Es el Jesús viviente quien se ha manifestado, se ha dejado ver y nos ha acompañado hasta convertirnos». Y todavía añade: «Nosotros creemos que Cristo ha resucitado de entre los muertos y que vive para siempre en Dios, el Padre, dándonos el Espíritu Santo de la conversión y de la vida.»

En su resurrección, Jesucristo manifiesta su victoria sobre la muerte y nos hace partícipes de ella. Como dijo el papa Francisco en su primer mensaje pascual, «Jesús no ha vuelto a su vida anterior, a la vida terrenal, sino que ha entrado en la vida gloriosa de Dios, y ha entrado en ella con nuestra humanidad, nos ha abierto un futuro de esperanza».

He aquí lo que es la Pascua: el paso del hombre de la esclavitud del pecado y del mal a la libertad del amor y la bondad. Porque Dios es vida, sólo vida, y su gloria, como escribió san Ireneo de Lyon, somos nosotros: «La gloria de Dios es el hombre viviente». La Pascua es un estallido de vida y de esperanza.

Compartiendo esta esperanza, os deseo a todos una santa y gozosa Pascua de resurrección.

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona

Mons. Lluís Martínez Sistach
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El Cardenal Martínez Sistach nace en Barcelona el 29 del abril de 1937. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Mayor de Barcelona entre los años 1954 y 1961. Fue ordenado sacerdote el 17 de septiembre de 1961 en Cornellá de Llobregat. Entre 1962 y 1967 cursó estudios jurídicos en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, doctorándose en Derecho Canónico y Civil. Terminados sus estudios jurídicos en Roma, fue nombrado Notario del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, cargó que ocupo desde 1967 a 1972. Desde ese mismo año y hasta 1979, fue Vicario Judicial Adjunto del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, y de 1975 a 1987, Profesor de Derecho Canónico de la Facultad de Teología de Cataluña, en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona y en el Instituto de los PP. Salesianos de Barcelona. De 1979 y 1987 fue Vicario General de la archidiócesis de Barcelona. En 1983 fue elegido Presidente de la Asociación Española de Canonistas. CARGOS PASTORALES Fue nombrado Obispo auxiliar de Barcelona el 6 de noviembre de 1987. Recibió la ordenación episcopal el 27 de diciembre de ese mismo año. Fue nombrado Obispo de Tortosa el 17 de mayo de 1991. El 20 de febrero de 1997 fue promovido a Arzobispo Metropolitano de Tarragona y el 15 de junio de 2004 a Arzobispo Metropolitano de Barcelona. El 6 de noviembre de 2015 el papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Barcelona, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 26 de diciembre del mismo año. Es Gran Canciller de la Facultad de Teología de Catalunya y de la Facultad de Filosofía de Catalunya, y Presidente de la Fundación “Escola Cristiana de Catalunya”. Creado Cardenal en el Consistorio de noviembre de 2007. En la Curia Romana es miembro, desde mayo de 2008, del Pontificio Consejo para los Laicos, del que ya era consultor desde 1996; del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos de la Iglesia, desde 2002, y desde julio de 2006, es también miembro del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, cargo para el que fue ratificado en mayo de 2008. Desde junio de 2010 es miembro de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede. El 9 de abril de 2013 la Generalitat de Cataluña le otorgó la Medalla de Oro. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos, de la que ya fue miembro desde 1987 al 2005 y Presidente de 1990 al 2002. Formó parte del Comité Ejecutivo de 2005 al 2011, año que fue elegido Presidente de la Comisión de Liturgia para el trienio 2011-2014. Desde este último y hasta diciembre de 2015, era miembro de la Comisión Permanente.