Él está vivo entre nosotros

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris      En nuestros templos y en la calle, hemos celebrado los misterios de la Pasión y Muerte en Cruz de Jesús y su Santo Entierro: la Palabra reducida a silencio. Pero estamos llamados a hacer brillar la alegría de la Resurrección reavivando nuestra fe y ayudando a experimentar sus efectos en personas, situaciones y problemáticas muy variadas y no siempre alimentadas por la esperanza. Ahora es el tiempo de la Iglesia y del testimonio de sus miembros. Nuestra solidaridad con el resucitado nos hace encontrar la armonía de nuestra condición humana: ni evadirnos de la historia en nombre del espíritu, ni idolatrar la materia, el cuerpo y los valores humanos. La solución del problema planteado por el drama de la cruz (al que nuestras celebraciones, sobre todo de la piedad popular, da tanto relieve) es la Resurrección de Jesús: todos sabemos que la cruz sola no puede sostener la fe cristiana.

El misterio pascual reside en el hecho de que el Crucificado, aquel que ha manifestado el inmenso amor de Dios por nosotros dejándose crucificar, ha resucitado y vive entre nosotros. Esto es lo que anuncian los apóstoles compartiendo la experiencia de las apariciones de Jesús. Es un hecho muy extraordinario pero igualmente muy concreto, con testigos y signos bien tangibles. Una luz interior les ha permitido reconocer la veracidad del evento que ellos han visto y oído con sus propios ojos y escuchado con sus oídos. Y lo han ido transmitiendo unos a otros como una cadena hasta nosotros mismos. Anunciar la resurrección de Cristo ha sido, desde el inicio, el primer modo de comunicar la síntesis del mensaje evangélico y de dar testimonio del mismo. Es el acontecimiento que revela definitivamente la verdadera identidad de Jesucristo, sobre la que se fundamenta nuestra esperanza de vida para siempre.

Concretamente, cuando el apóstol Pablo lo transmite a los Corintios está buscando ofrecer una respuesta a sus dudas y lo hace concentrándose en lo esencial: que hemos sido justificados, salvados y convertidos en justos por el Cristo muerto y resucitado por nosotros. Sin esta resurrección la vida cristiana no tendría ningún sentido. La misma comunidad cristiana nace cuando aparece la decisión de compartir la fe en Jesucristo, Hijo de Dios resucitado, vivo y actuando en cada uno y en la Historia. Es muy conocido el testimonio de san Justino, ya en aquellos primeros tiempos, explicando por qué los seguidores de Jesús nos reunimos de manera especialísima cada domingo: «nos reunimos todos los días del sol… porque es el día en que Jesucristo, nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos, se dejó ver por sus apóstoles y discípulos y les enseñó todo lo que hemos expuesto a vuestra consideración» (cfr. Primera Apología, 67, 3-5).

Os animo, pues, a celebrar en comunidad «el día del sol» (cada domingo) para testimoniar con fe que Dios es el único verdadero señor de todo, presente, pasado y futuro, y que el actor principal de la salvación es Jesucristo quien, con su muerte y resurrección, nos ha dejado claro cuál es el camino de la vida. Demos testimonio cada día con comportamientos evangélicos. FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.