La alegría ante la obra de Cristo – Semana Santa 2014

Mons. Carrasco RoucoMons. Alfonso Carrasco      Observa santo Tomás que las obras de otro pueden ser causa de nuestra alegría de tres maneras. Así podemos hablar de la alegría del Evangelio, que es la producida en nosotros por la fe en nuestro Señor Jesucristo, bien sabiendo que podría y debería ser descrita siguiendo todos los aspectos de las obras de Dios en el mundo –artículo por artículo del Credo, por ejemplo. Nos gozamos, en primer lugar, en la obra de otro, porque por su medio conseguimos un bien.

Y esto se da máximamente en el caso de Cristo, en quien recibimos todos los bienes y los más deseables, la liberación del mal, la plenitud de la vida, la eternidad; y, más aún, el don de un amor entrañable, radicalmente gratuito, el don de su Persona misma, de participar en su propio ser divino.

Nos gozamos también cuando la obra de otro desvela una estima, una alabanza, un honor para nosotros. Esta alegría por una nueva dignidad –reconocida con estupor–, por una estima tan inmensa como la manifestada en este amor de Dios, capaz de bajar de los cielos y de llegar hasta la muerte en cruz por cada uno, es propia de la fe del cristiano.

Y, en tercer lugar, nos llenamos de alegría por las obras buenas del amigo, porque las sentimos como propias por la fuerza del amor. Y así se alegra la fe ante nuestro Señor en modo máximo. Es además una alegría siempre creciente, en la misma medida en que se progresa en el conocimiento de la grandeza y el esplendor de su obra y se profundiza en la amistad. La alegría crece al contemplar los misterios de su vida –como hacemos de un modo especial en Semana Santa– y al escuchar sus palabras, crece al poder confiarle un día a los propios seres queridos para su resurrección, crece al esperar de Él la fuerza y la plenitud del amor en los desafíos de la vida, crece al recibir el perdón que Él nos ha adquirido de una vez para siempre, crece al contemplar la fecundidad de sus dones en los fieles, en la santísima Virgen María y en todos los santos, en las maravillas obradas por ellos en medio del mundo, en las muchas formas de su entrega en la fe y en la caridad, en su defensa de los más pequeños y abandonados.

No terminaríamos de describir los motivos de la alegría del Evangelio. Recordemos simplemente que en cada oración y en cada petición resuena escondida una acción de gracias a nuestro Dios; y que la máxima expresión de nuestra fe es, al fi n y al cabo, unirnos a la perenne, plena y radical acción de gracias al Padre que Cristo instituyó en vísperas de su Pasión, en la Última Cena. Aceptamos así que la fuente última y la cima de nuestro corazón sea también la acción de gracias al Padre –por el Don de su Hijo– y, por tanto, el agradecimiento, inseparable de la alegría.

+ Alfonso Carrasco Rouco.

Obispo de Lugo

Mons. Alfonso Carrasco Rouco
Acerca de Mons. Alfonso Carrasco Rouco 34 Articles
Nació el 12 de octubre de 1956 en Vilalba (Lugo). Cursó la enseñanza secundaria en el Seminario de Mondoñedo y los estudios de Filosofía en la Pontificia Universidad de Salamanca (1973-1975). Después estudió Teología en Friburgo (Suiza), donde obtuvo la Licenciatura en 1980. Fue ordenado sacerdote el 8 de abril de 1985 en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol. De 1980 a 1981 realiza labores de investigación en el Instituto de Derecho Canónico de la Universidad de Munich. De 1982-1987: Profesor asistente de la Cátedra de Moral Fundamental de la Universidad de Friburgo. Becario del “Fondo nacional suizo para la investigación” de la Universidad de Munich (1987-1988). En 1989 se doctora en Teología en la Universidad de Friburgo, con la tesis titulada: “Le primat de l’évêque de Rome. Étude sur la cohérence ecclésiologique et cononique du primat de juridiction”. Entre los años 1989-1991 forma parte del equipo parroquial de Santa María de Cervo, encargado de seis parroquias, en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, donde ejerce también como docente de la “Escuela Diocesana de Teología” . En 1992 se desplaza a Madrid como profesor agregado de Teología Sistemática del “Instituto Teológico San Dámaso”, convirtiéndose en catedrático en 1996. Este mismo año es nombrado consiliario del Centro de Madrid de la AcdP (Asociación Católica de Propagandistas). Desde 1994 a 2000 ejerce como director del “Instituto de Ciencias Religiosas” del Centro de estudios teológicos “San Dámaso” y vice-decano de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid desde 1998 a 2000. Decano de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid, desde 2000 a 2003. Durante los años 2001-2006 colabora regularmente en las Teleconferencias de la Congregación para el Clero para la formación permanente del clero (www.clerus.org). En 2004 actúa como relator de la Cuarta Ponencia (“Cómo vivir la comunión en la Iglesia”), y miembro nato de la Asamblea y de la Comisión central del Tercer Sínodo Diocesano de Madrid, clausurado el día 14 de mayo de 2005. Es miembro, además, de la Comisión Teológica Asesora de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española desde 1995; Miembro del Consejo de Redacción de la Revista Española de Teología y del Consejo Asesor de Scripta Theologica, Communio Nuntium (edición en español) (1992-2005). Fue también, hasta su ordenación episcopal, profesor de Teología dogmática en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid (desde 1996) y director del Departamento de Dogmática de la misma Facultad en 2006. Durante su estancia en Madrid colaboró pastoralmente en la Parroquia de “San Jorge, mártir de Córdoba”.