Promesa de la liturgia celestial

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez      El anuncio de la liturgia definitiva en el cielo completa los elementos de la celebración para que ésta sea  litúrgica.  La liturgia es recuerdo, actualización y promesa. Anuncia la nueva Jerusalén del cielo. La comunidad cristiana, el ámbito de la celebración y las acciones que se realizan han de anunciar cómo será el cielo: una celebración eterna, feliz y gloriosa de alabanza a la Santísima Trinidad. Se intenta  reproducir en la tierra la visión profética de San Juan en el Apocalipsis que vio la liturgia celestial: “Un trono estaba erigido en el cielo y Uno sentado en el trono” (Ap 4,2). “El Señor Dios” (Is 6,1; cf Ez 1,26-28). Al lado estaba el Cordero, “inmolado y de pie” (Ap 5,6; cf Jn 1,29). Cristo crucificado y resucitado, el único Sumo Sacerdote del santuario verdadero (cf Hb 4,14-15; 10, 19-21). El mismo “que ofrece y que es ofrecido, que da y que es dado” (Liturgia Bizantina).

Y por último, revela “el río de agua de vida… que brota del trono de Dios y del Cordero” (Ap 22,1), uno de los más bellos símbolos del Espíritu Santo (cf Jn 4,10-14; Ap 21,6). Están presentes las potencias celestiales (cf Ap 4-5; Is 6,2-3), toda la creación (los cuatro Vivientes), los servidores de la Antigua y de la Nueva Alianza (los veinticuatro ancianos), el nuevo Pueblo de Dios (los ciento cuarenta y cuatro mil (cf Ap 7,1-8; 14,1), en particular los mártires “degollados a causa de la Palabra de Dios” (Ap 6,9-11), y la Santísima Madre de Dios (la Mujer) (cf Ap 12), la Esposa del Cordero (cf Ap 21,9), y finalmente una muchedumbre inmensa, que “nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas” (Ap 7,9).

Por eso el propio templo debe parecerse al cielo. El que entra en él ha sentirse enseguida en contacto con lo divino y sobrecogido por el misterio. Los templos tienen las bóvedas artesonadas preciosamente recordando el cielo. Especialmente destacan las basílicas bizantinas que tienen las partes superiores recubiertas de oro queriendo expresar con el elemento más precioso que tenemos en la tierra el mismo cielo. La unción en los signos, el énfasis en las palabras, la belleza del canto, el arte, en una palabra, todo, debe producir una emoción religiosa que traslade al creyente hasta lo misterioso y divino. En toda celebración hay una carga de emotividad, espontaneidad y sorpresa. Aunque se repita casi lo mismo, siempre es creativa y viva porque la situación anímica de quienes celebran es diferente cada vez. Esta es la fuerza de la liturgia, purificada de racionalismo, que transfigura y transforma las realidades creadas para que se abran a la liturgia definitiva del cielo.

Finalmente se pueden señalar otras cualidades de la liturgia como la capacidad catequética que posee para enseñar, recordar y afirmar las verdades de la fe y para transformar la vida de los celebrantes. El Espíritu Santo transforma todo aquello que toca. La vida humana a nivel de tierra la hace divina y celestial y la eleva a la altura del cielo. Dios desciende y el hombre asciende. Una celebración litúrgica, si es tal, con las características que hemos indicado,  nunca deja indiferentes. Lo que se celebra se hace concreto en la vida diaria. La liturgia es vida. Lleva a actuar como Cristo en palabras, acciones y sentimientos.

La liturgia encuentra todo su realismo y su verdad cuando se lleva a la vida. Vivimos la liturgia en la oración, en el trabajo, en la cultura, en las relaciones humanas de justicia y solidaridad, en la caridad con los demás, especialmente en la ayuda a los pobres, en la misión evangelizadora a la que somos enviados. San Agustín le llama a esta concreción de la celebración litúrgica en la vida: “esparcir y derramar aquello de lo que te has llenado” (Sobre la doctrina cristiana 1,4).

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).