Presidir la procesión

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora      En un medio de comunicación afín a la Iglesia, un locutor, en su tarea de informador, dijo que «El Príncipe de Asturias presidirá el funeral por D. Adolfo Suárez». Al oírlo pensé que podíamos reflexionar sobre la naturaleza de los acontecimientos religiosos en general, para caer en la cuenta de su auténtico significado, además el Domingo de Ramos, que hoy celebramos, es una ocasión especialmente elocuente de lo que os quiero decir.

Está claro que aquella improvisada procesión en la que nuestro Señor Jesucristo se montó en una borrica, y entró en la ciudad de Jerusalén, aclamado por los discípulos y con la colaboración de los niños y de la gente de la calle, estaba presidida por Jesús. No hay ninguna duda, hasta fue eso mismo lo que molestó a las autoridades religiosas, fariseos, sacerdotes judíos y levitas incluidos: «Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: “Maestro, reprende a tus discípulos”. Y respondiendo, dijo: “Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras”».

Para nosotros los católicos la procesión es una manifestación de la Iglesia misma, es decir, de ese misterio grande que nos une a los bautizados y que nos hace miembros del Cuerpo de Cristo con su cabeza que es Jesucristo mismo. El sacerdote, que va inmediatamente detrás del paso que lleva la imagen sagrada, es un bautizado que ha recibido el sacramento del Orden que le capacita para representar a Jesucristo, en el sentido de hacer presente al Señor; de este modo expresamos que Dios existe, que se ha encarnado, se ha hecho hombre, que ha dado su vida hasta la muerte en la cruz, y porque ha resucitado, ha vencido la barrera, que a nosotros nos limita, del tiempo y del espacio, y está presente como cabeza nuestra en el Sacramento Universal de Salvación que es la Iglesia para introducirnos en Dios mismo: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Hay que aclarar que esta presidencia nada tiene que ver con lo que entendemos normalmente en la vida civil. El Señor que dijo «no he venido a ser servido sino a servir» y que se hinca de rodillas para lavar los pies a sus discípulos, preside a su Iglesia, ama a los suyos a través del sacerdote. La expresión correcta es «presidir en la caridad», esa es la función propia del sacerdote dentro y fuera del templo, cuando se trata de reunir a la comunidad cristiana. Al sacerdote se le ha ordenado para servir y ha de recordar siempre aquello de: «No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20, 26 – 28).

Que nadie piense otra cosa, seguimos aceptando la presencia de nuestras autoridades civiles en nuestras procesiones y en nuestras celebraciones, agradecidos de que quieran estrechar lazos de coordinación y respeto con la comunidad cristiana, que debe estar siempre dispuesta a trabajar por el bien común y en especial por los más desfavorecidos de nuestra sociedad. A la vez, nuestra manera de hacer las cosas deberá mostrar la presencia del Señor siendo ese pueblo bien dispuesto, del que nos habla la Palabra de Dios, y que a todos ofrece los misterios de la salvación con la plasticidad de imágenes, personas y ritos.

Como veis, no discutimos por ocupar puestos de presidencia o de rango más o menos elevado, sino que afirmamos que la vida de la Iglesia es posible por Jesucristo, nuestro Señor, cuya presencia celebramos y deseamos ofrecer a todos los que se nos acerquen.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.