Vivir la Semana Santa para afrontar la vida

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas       Los cristianos no solo creemos, sino que vivimos, celebramos y actualizamos aquello en que creemos. Por eso es tan importante vivir la Semana Santa participando de las celebraciones del Domingo de Ramos, del Martes Santo (misa crismal), del Jueves Santo, Viernes Santo, Vigilia Pascual o Domingo de Pascua. ¿Por qué? En primer lugar, porque somos cristianos, es decir, que somos de Jesucristo, y también porque durante estos días podemos vivir  el sentido profundo de nuestra vida. 

Experimentamos momentos de gozo, exaltación, éxitos… Casi toda la vida es un servicio, como la acción de Jesús al lavar los pies de los discípulos: servicio a la familia, al trabajo, al pueblo, barrio o ciudad. También vivimos momentos  de sufrimiento, de oscuridad, de interrogantes, de percepción de la muerte y de la brevedad de las distintas etapas vividas, dado que el hoy pronto será el ayer. Hay momentos en que beberemos el cáliz amargo de la injusticia, de la calumnia, de juicios crueles, puede que de condena, de enfermedad, de tensiones, en los cuales habremos de cargar nuestras propias cruces. Y resta saber la gran cuestión de si la propia vida tiene solución, es decir, salvación. Si tiene futuro o no. Pero, ¿acaso no es ésto lo que Jesús vivió y sufrió? 

La Semana Santa nos permite descubrir como afrontar todas estas situaciones confiando en Jesús. 

Además, puede que alguno de vuestros hijos o nietos sean bautizados;  chicos y chicas serán confirmados; en algún momento puede necesitarse la unción de los enfermos…

 

Celebrar la Semana Santa, la Pascua, ha de ser compatible con el descanso o el tiempo libre de estos días. Todo es cuestión de voluntad, organización, imaginación, fe y también de interés personal. 

Todos deberíamos preguntarnos como celebrar durante estos días nuestra fe en Jesús muerto y resucitado por nosotros, la Pascua, como la primera de las actividades que deseamos organizar o participar.Han de ser días en que sepamos parar el reloj, y dedicar todo el tiempo que sea necesario a participar de las celebraciones para entrar en profunda comunión con el misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor. 

Pensemos en el Domingo de Ramos; en el martes santo, cuando podéis estar  junto a los sacerdotes en la Misa Crismal, en la que renovamos nuestros compromisos y consagramos los santos óleos que utilizamos en algunos de los sacramentos; en la Misa de la cena del Señor el jueves, y la austera celebración de la muerte de Jesús el viernes. Al mismo tiempo,  contemplar las procesiones del jueves o del viernes santo nos ayudará a seguir, por medio de las imágenes, los diferentes momentos del camino de la pasión del Señor; podemos asistir al singular Canto del Ángel, del domingo de Pascua. Estos actos y rituales nos emocionarán porque se han convertido en cultura popular que muestra así el amor a Jesús, al que ruega y recuerda su amor por las calles de pueblos y ciudades. 

Las parroquias, las iglesias y la catedral os ofrecen el programa de celebraciones y plegarias.

Si estáis lejos de vuestra parroquia habitual, seguro que hallaréis  una iglesia donde un grupo de cristianos celebrarán la muerte y resurrección de Jesús. No será un tiempo “perdido” en vuestro programa, sino todo lo contrario, ganado. 

Estemos donde estemos, nos es necesario vivir la Semana Santa, corazón de nuestra fe y vida cristiana.

 +Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

 

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 404 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.