Terminando la cuaresma

Mons. Gerardo MelgarMons. Gerardo Melgar     Queridos diocesanos:

El cinco de marzo comenzábamos, con la imposición de la ceniza sobre nuestras cabezas, el tiempo de gracia de la Cuaresma. Un tiempo de conversión y de cambio de actitudes que nos prepara al resurgimiento de un hombre nuevo en la Pascua de Jesucristo. Estamos ya a pocos días de la celebración de la Pascua del Señor y Él sigue llamándonos a la conversión de nuestras actitudes negativas por otras positivas; sigue llamándonos a cambiar nuestro «corazón de piedra por el corazón de carne» (Ez 11, 1) para poder resucitar con Él en la fiesta de la Pascua.

Seguro que, si nos miramos cada uno por dentro, descubrimos que no hemos avanzado todo cuanto nos habíamos propuesto al comienzo de este tiempo litúrgico de la Cuaresma; que seguimos sin dar muerte en nosotros a determinadas actitudes negativas que tantas veces nos dominan: unas veces porque no hemos puesto todo lo que se nos pedía de nuestra parte; otras porque hemos estado ocupados en otras cosas; y otras porque no hemos conseguido salir de nuestras preocupaciones más materiales y terrenas para centrarnos en la vivencia de este tiempo rico en gracia.

Aunque esto fuera así no tenemos derecho a desanimarnos. Dios sigue a nuestro lado, sigue llamando a las puertas de nuestra vida para pedirnos que nos decidamos por Él, que aprovechemos el tiempo que nos queda de Cuaresma para hacer lo que nos propusimos con la ayuda de su gracia. Tal vez lo hemos querido conseguir nosotros solos y seguro que hemos fracasado; tal vez hemos desconfiado de Él y de su paternal misericordia y nos ha parecido que nuestra vida debía cambiar demasiado para ajustarse a lo que el Señor esperaba de nosotros. No es así: Dios, lejos de abandonarnos, sigue a nuestro lado esperando que nos acerquemos a su misericordia; Él tiene sus brazos extendidos para cerrarlos sobre nosotros y ofrecernos su perdón incondicional. Nosotros sólo tenemos que acercarnos y dejar que Él cierre sus brazos y nos abrace.

El Señor nos sigue llamando a que ayunemos de nuestros hábitos negativos, que desechemos de nosotros el egoísmo y sepamos compartir con los que tienen necesidades (materiales, morales o espirituales) nuestros recursos personales, nuestra esperanza, nuestro tiempo y nuestra fe. El Señor quiere que ayudemos, con este tipo de ayuno, a todos los que están en la cuneta de la vida a causa de sus necesidades materiales; a aquellos que se sienten sin esperanza porque la vida les ha tratado mal y ya no confían en nadie ni tienen ilusión por nada; a aquellos que viven sin Dios porque creen que no lo necesitan aunque se sienten vacíos y buscan cómo llenar ese vacío fuera de Dios, no consiguiéndolo sino sintiendo un vacío mayor aún.

El Señor nos ofrece a todos su perdón porque Él es el Dios Padre misericordioso capaz de compadecerse de nuestras miserias y pecados; para ello nos ha dejado el Sacramento del perdón, en el cual nos da su abrazo de paz, de amor, de perdón incondicional. El Señor sigue ahí, en cada confesionario y en cada sacerdote, para darnos a través de sus palabras su perdón cuando, tras confesar nuestros pecados, el sacerdote nos dice «yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo», dejando que su perdón y su abrazo de amor lo sintamos cada uno de nosotros.

Hemos de acercarnos a este Sacramento para recibir el perdón de Dios que, como a la pecadora, nos va a decir: «¿Nadie te ha condenado? Yo tampoco te condeno. Vete y en adelante no peques más» (Jn 8, 11). Acerquémonos al perdón de Dios sin importarnos la dureza de nuestro pecado, sin importarnos el sacerdote que debe escucharnos y absolvernos; lo único que debe importarnos es que, a través de las palabras del sacerdote en la absolución sacramental, el perdón de Dios llega a nosotros y el Señor nos abraza, lleno de alegría, porque nos había perdido y nos ha encontrado, estábamos muertos y hemos resucitado a su amor (Cfr. Lc 15, 22).

No importa principalmente si hasta ahora, en esta Cuaresma, nos hemos quedado a mitad del camino: Cristo sigue llamándonos a vivir en intimidad con Él a través de la oración. Hemos de aprovechar la oración para desahogar nuestra alma con el Señor, para escuchar los proyectos que Dios tiene sobre cada uno de nosotros y para pedirle que, allí donde nuestra fragilidad no nos permita llegar para cumplirlos, sea su gracia la que esté siempre acompañándonos confiando en Él y en su Palabra que, como a San Pablo, nos dice: «te basta mi gracia porque la fuerza de Dios se manifiesta en la debilidad» (1 Cor 12, 9). Nos quedan aún quince días de este tiempo especial de preparación para la Pascua del Señor. Estemos donde estemos, nos encontremos donde nos encontremos, sea nuestra situación la que sea,no tiremos la toalla porque Dios no se ha cansado de nosotros ni nos ha abandonado; Él sigue nuestros pasos como el más fiel compañero de camino y sigue diciéndonos que nunca es tarde pues Él nos espera, sale al camino de nuestra vida todos los días a ver si nos decidimos a volver. ¡Volvamos a Dios! Si lo hacemos, le vamos a dar la más grande de las alegrías porque hay más alegría en el corazón de Dios por un solo pecador que se convierte que por noventa y nueve justos que no necesitan penitencia.

El Señor nos espera: démosle esa gran alegría y sintamos dentro de nosotros el abrazo de perdón y de amor paternal que Él nos va a dar. Si nosotros damos algún paso hacia Él, Él va a recorrer la mayoría del camino porque somos sus hijos y nos quiere con un amor infinito.

Vuestro Obispo,

+ Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
Acerca de Mons. Gerardo Melgar 377 Articles
Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.