«Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único» (Jn 3,16)

Mons. Murgui Mons. Jesús Murgui       Se acercan los días Santos, el centro del Año Litúrgico; días para detenernos y meditar lo mucho que Dios nos ha amado a través de la pasión de su Hijo. Los hechos que conmemoramos, acaecidos en Jerusalén, fueron la mayor prueba de amor de parte de Dios, un amor demostrado en la entrega de la vida de su propio Hijo. S. Pablo se sintió personalmente afectado por aquel acontecimiento decisivo, por lo que dirá: «Me amó y se entregó por mí» (Gal 2,20).

Cada año al leer estos Días Santos la Palabra de Dios, debe acrecentarse en nosotros la certeza de que Jesús lleva al pleno cumplimiento su misión, así como la historia del pueblo hebreo y nuestra historia. Jesús ha sido enviado por el Padre a revelar el misterio de nuestra salvación, el misterio de amor que se realizará en su muerte de cruz.

Acojamos el misterio de Dios que da la vida por todos nosotros; dejémonos amar por Él.

Que vuelva a impresionarnos su entrega voluntaria, libre, profundamente libre, de su vida. Así como su paz, el sereno señorío como Jesús vive su pasión e inmolación en la cruz. Él entrega su vida, no se la quitan, y lo hace como aceptación de la voluntad del Padre, así lo afirmará en Getsemaní: «Hágase» (Mt 26,42); así lo vive en toda su pasión.

Se nos muestra llevando la cruz con todo lo que significa de paciencia, de humildad, de reconocimiento de la propia debilidad y también de decisión de seguir, de volver a levantarse. Jesús conquista a los hombres por la cruz, que se convierte en centro de atracción, de referencia, en modelo de vida, en fuente de salvación para toda la humanidad.

El hombre es redimido en el signo bendito de la cruz de Cristo; en ese signo es bautizado, confirmado, absuelto, bendecido. El primer signo que la Iglesia traza sobre el recién nacido y el último con el que conforta y bendice al moribundo. el signo con el que implora la bendición y los bienes de Dios sobre las personas, las actividades, las cosas y la misma naturaleza creada por Él.

Y va más allá de un símbolo, de un gesto. La vida cristiana nace de la cruz de su Señor, y adhiriéndose al Señor en la cruz, confiando en los méritos de su pasión, puede salvarse. Y esto es tan así que, desde la palabra expresa del mismo Jesús, ser su seguidor significa tomar la cruz; para que llevándola, como Él, con amor y por amor, sea medio de perfección, de santidad; y ese es el camino, pues es la única vía que nos
configura con Cristo muerto y resucitado, vida nuestra.

Cuando estos días veamos la cruz en nuestras iglesias y por nuestras calles, que no nos falte el amor en la mirada y la oración en los labios, por todo lo que significa, por todo lo que en ella nuestro Salvador nos ha dado. Acerquémonos a la cruz recordando a María, la Virgen fiel que estuvo, al pie de la Cruz, para acogernos, en la persona de Juan, como Madre, en ese último gesto de Jesús, que ya sin nada, nos dio lo único que le quedaba, a María.

Mirémosle en la cruz; pidamos llegar a la confesión del centurión, que al instante de morir el Señor confiesa la divinidad de Jesús: «Verdaderamente este era Hijo de Dios» (Mt 27, 54), afectado por la gracia salvadora que de la cruz procede, gracia capaz de
hacer creer a quien no cree.

Sean, bajo el signo de la cruz estos días, días llenos de su gracia y de su paz. Días de acercarnos a la salvación, al amor que nos ha salvado.

Con mi bendición a todos para esta próxima Semana Santa

+ Jesús Murgui Soriano
Obispo de Orihuela-Alicante

Mons. Jesús Murgui Soriano
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Mons. D. Jesús Murgui Soriano nace en Valencia el 17 de abril de 1946. Recibió la ordenación sacerdotal el 21 de septiembre de 1969 y obispo desde el 11 de mayo de 1996. Estudió en el Seminario Metroplitano de Moncada (Valencia) y está licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctorado en esta misma materia por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor entre 1969 y 1973 y párroco, en distintas parroquias de la archidiócesis de Valencia, entre 1973 y 1993, año en que es nombrado Vicario Episcopal. Fue Consiliario diocesano del Movimiento Junior entre 1973 y 1979 y Consiliario diocesano de jóvenes de Acción Católica de 1975 a 1979. Fue nombrado Obispo auxiliar de Valencia el 25 de marzo de 1996, recibiendo la ordenación episcopal el 11 de mayo de ese mismo año. Entre diciembre de 1999 y abril de 2001 fue Administrador Apostólico de Menorca. El 29 de diciembre de 2003 fue nombrado Obispo de Mallorca, sede de la que tomó posesión el 21 de febrero de 2004. El 27 de julio de 2012 se hizo público su nombramiento como Obispo de Orihuela-Alicante. El sábado 29 de septiembre de 2012, tomó posesión de la nueva diócesis. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Cargo que desempeña desde el año 2005. Anteriormente, ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral desde 1996 a 1999 y de la Comisión Episcopal del Clero desde 1999 a 2005.