¡Cuéntanos algo del papa Francisco!

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora      Es algo que se me ha pedido a lo largo de este tiempo desde que hicimos, los obispos españoles, la Visita ad limina, a finales de febrero. Pues bien, una de las cosas que más me impresionaron y a la que le sigo dando vueltas es lo que nos dijo de la Tercera Guerra Mundial que se viene dando desde que acabó la Segunda, en la modalidad de continuos países en guerra, hogueras donde se queman los productos de la mayor industria mundial que es la fabricación de armas, cada vez más sofisticadas, precisas y mortíferas.

Hasta aquí no me hubiera impresionado lo que nos dijo, pues es lo que sabemos todos y todos callamos vergonzosamente… (hace tiempo que no se sale a la calle para protestar por la guerra de aquí o de allá). Me impresionó, sobre todo, la tensión vital con la que vive el Papa estas cosas que le llegan a él de primera mano, colgado al teléfono, hablando con las gentes que sufren estos desastres. Es la presencia del mal en el mundo, la acción del Maligno en sus múltiples facetas y manifestaciones. Tenemos que ser muy conscientes de lo que está pasando pero no para derrotarnos en un pesimismo inútil y sí para trabajar por la paz también en las múltiples caras que tiene: justicia social, pobreza evangélica, generosidad y compartir bienes y dones, llevar adelante con honradez y eficacia nuestras responsabilidades sociales, etc..

Una cosa me llamó la atención especialmente y que creo que está en la base de la alegría evangélica con la que vive y se manifiesta nuestro Papa Francisco. Después de ese pavoroso panorama que presenta nuestro mundo provocando hambrunas, migraciones y muertes, injusticias, el Papa nos dijo con parecidas palabras «claro que, en medio de esa fuerza del mal, aparece “la viejita” rezando el Rosario y se desbaratan los peores planes que nos amenazan». Este tono ciertamente amable y esperanzado del Papa no se puede tomar a la ligera. Es el hombre de fe que confía en el poder de la oración, que sabe que la Iglesia entera está entre Dios y los hombres, identificada con Jesucristo entregando la vida para que sea posible la vida.
Es Jesucristo, el autor de la vida, que hoy vemos en el Evangelio resucitando a su amigo Lázaro, el que puede salvar, y ahí nace el poder de la oración de los cristianos y de todo hombre: varón o mujer de buena voluntad. Es la confianza en el amor de Dios a la humanidad la que da al Papa esa paz y serenidad interior que nos regala a todos con su sonrisa amable y su poder de seducción para invitarnos a empeñarnos y complicarnos la vida en la transformación de las estructuras injustas y las situaciones inhumanas. Es el Papa, así se percibe en el contacto personal inmediato, ese buen pastor que va por delante orientando a todos hacia ese Reino de Dios que estamos llamados a construir y que con sola su conversación nos invita a ser libres para hacer y decir lo que nace de Jesucristo, de la Buena Noticia.

El papa Francisco, con su persona y la autenticidad de su hacer, posee ciertamente ese poder de convocatoria del que he sido testigo directo viendo la Plaza de San Pedro llena y abarrotada de gente un miércoles o un domingo cualquiera del mes de febrero. Ante los intentos comerciales de enriquecerse utilizando su figura y sus frases como si fuera un superhéroe en alguna revista que pretendía ser de gran tirada en Italia, protestó esos mismos días pidiendo que no le sacaran de ser la persona normal que es. Le agradecemos al Señor que la libertad de respuesta del papa Francisco a la llamada que Dios ha expresado en su existencia y ahora como pastor de la Iglesia Universal —obispo de Roma dice Él—, le haga ser como es.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.