No dejemos que nos quiten la esperanza

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas      Este domingo, quinto de cuaresma, en todas las celebraciones de la Misa, se proclamará la narración evangélica de la resurrección de Lázaro, aquel amigo de Jesús que vivía en el pueblo de Betania.

La resurrección de Lázaro fue el retorno a la vida humana, signo y prueba de la resurrección plena de Jesucristo y de todos nosotros en él.

Nuestra esperanza es participar de la resurrección de Jesús. Él mismo respondió así a la queja de la hermana del difunto: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mi, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mi, no morirá para siempre”.

Ésta es la gran esperanza que debemos vivir, celebrar y comunicar siempre, especialmente cuando despedimos a personas queridas que han fallecido.

Permitidme señalar algunos hechos de mi propia experiencia para expresar que no nos hemos de dejar sustraer ni ocultar esta certeza, nuestra esperanza.

–    Con frecuencia, tras la celebración de las plegarias en entierros o funerales, observaba que algunos familiares o amigos, con la mejor voluntad del mundo, recordaban aspectos positivos del difunto o difunta y finalizaban dirigiéndose a ella diciéndole: “Estés donde estés…”. Mal dicho, porque es una expresión que no manifiesta esperanza alguna ni siquiera es un buen deseo hacia el difunto. Hemos estado orando y pidiendo “un buen cielo”, la salvación, y al final aparece la gran duda: o se convierte en polvo, o está con Dios o condenado sin Dios o purificándose para estar con Él. Cuando eso sucedía, acababa diciendo con toda delicadeza: “Dado que le deseamos lo mejor, apostemos por la vida siempre junto a Dios. No lo recordéis como polvo, sino vivo”.

–   En diversas ocasiones apreciaba que los padres, con ocasión de la muerte de los abuelos, bisabuelos, tíos… evitaban que sus hijos más pequeños acudiesen a la celebración cristiana de las exequias “para que no se asustasen”, y me lo presentaban como una actitud pedagógica. Les respondía que si no participaban en la celebración, si que vivirían la muerte con temor, pero si participaban, se darían cuenta que despedimos al fallecido con afecto, plegaria, esperanza, hablando vida… y que de este modo descubrirían una dimensión distinta de la muerte. Hace pocos días presidí el funeral de una abuela y bisabuela. Participaron los nietos y los nueve biznietos, éstos todavía muy pequeños. En diversos momentos de la celebración les expliqué que la vida de los hijos de Dios no termina con la muerte, sino en la VIDA, porque JESÚS ES LA VIDA.

–   He vivido situaciones en que los familiares del difunto, con frecuencia llevados por su amor y gratitud, quieren que aquella persona amada sea la protagonista de la celebración cristiana. Le dedican grandes elogios y quieren centrar la celebración en su figura. Es una distorsión que no favorece la memoria del difunto, ni aporta esperanza. Es humano y entrañable recordar momentos y actitudes como muestra de agradecimiento, pero el protagonista es JESUCRISTO, el único que fundamenta nuestra esperanza en la VIDA.  Es entonces cuando desde Jesús podemos recordar agradecidos al difunto, orando por él.

Jesús es nuestra ESPERANZA.

Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.