El fundamento de nuestra esperanza

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris      Acercándonos a las celebraciones de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo encuentro oportuno que los bautizados nos preguntemos a fondo cuál será el camino a seguir para una purificación que sea una verdadera transformación cualitativa. Estamos llamados a ser perfectos como nuestro Padre Dios y no basta con prepararnos y participar en una celebración sacramental de la Penitencia. Los consejos y planteamientos de Jesús en el Evangelio nos piden ir más allá.

Está claro que recibimos el perdón sacramental, pero no de forma automática. En el Evangelio vemos que Jesús perdona, pero no sin más: perdona porque ha encontrado la humildad del corazón, porque ha encontrado la verdad en la actitud. Una verdad que está en el fondo del ser humano, más allá de todas las apariencias, y que sólo Él sabe discernir.

El Señor lee en los corazones, sabe lo que hay en nuestro interior y su medida es la Misericordia. Jesús hace presente al Dios que no hace acepción de personas ni juzga por las apariencias. Por eso come con los publicanos y pecadores, escandalizando a los que se creen justos, y manifiesta predilección por los pobres y los que son despreciados debido a la categoría en la que se les clasifica. El enviado de la Misericordia de Dios ha venido a salvar y no juzgar. El fundamento de nuestra esperanza es la Misericordia.

Acerquémonos al Señor con toda confianza. Él es el Dios de la Vida, no el Dios de la muerte. ¡Quiere la vida! Quiere la vida del pecador y no su muerte. Vayamos hacia Él con total confianza, pero también con voluntad de conversión. Aceptemos y confesemos nuestra realidad deficiente sin componendas y agradezcamos el perdón recibido reaccionando con una nueva manera de vivir.

Sin olvidar otra cosa que Jesús dejó bien clara: la alegría del cielo cuando un pecador se arrepiente. Recordemos la alegría del pastor que encuentra la oveja perdida o la de la pobre mujer que encuentra por fin la dracma extraviada. Contemplemos el gozo del Padre del hijo pródigo organizando la gran fiesta por el regreso de su hijo. ¿Por qué no darle otra vez a nuestro Señor ocasión de alegrías parecidas?

La Misericordia de Dios no es debilidad o simplemente piedad generosa con el pecador. Es la mirada profunda de Aquel que nos conoce a fondo y ve nuestra realidad con el amor del Creador a su obra o del Redentor a la criatura redimida. Es lo que hay detrás de la conmovedora petición del crucificado: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

Procuremos hacer todo lo posible para vivir en la alegría de la esperanza, en la certeza de quien se sabe amado y salvado. Y eso, aunque estemos cansados ​​de experimentar tantas veces las mismas limitaciones o de repetir siempre las mismas cosas en la Confesión. Ésta es nuestra verdad, que no es impedimento para volver a empezar, retomando el camino de seguimiento de Jesús, el camino de la santidad.

Cuando acudamos al Sacramento de la Penitencia mirémosle a Él, no a nosotros, conscientes de que vamos al encuentro del amor misericordioso de Aquel que, para hacer un santo, sólo necesita un pecador.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.