ANTE LA INDIFERENCIA, VALENTÍA PARA ANUNCIAR EL EVANGELIO – Reflexión sobre las palabras del Papa a los obispo españoles (II)

eusebiohernandezobtarazonaMons.  Eusebio Hernández     Queridos hermanos y amigos:

El domingo pasado comencé a comentar el discurso que el Papa Francisco dirigió a los obispos españoles en la Visita ad Limina del pasado mes de febrero, quiero seguir hoy con un segundo aspecto que el Santo Padre nos proponía.

Al obispo se le encomienda, como sucesor de los Apóstoles, el anuncio del Evangelio y el cuidado de una Iglesia particular. Este trabajo es para el obispo su principal misión a la que se tiene que entregar con todas su fuerzas, con todo su corazón y confiando plenamente en la palabra y la acción del Señor.

En este empeño nos decía el Papa que el obispo nunca se debe sentir solo: “ Es importante que el obispo no se sienta solo, ni crea estar solo, que sea consciente de que también la grey que le ha sido encomendada tiene olfato para las cosas de Dios”.

San Ignacio de Antioquía exhortaba a los cristianos de Magnesia a una profunda comunión dentro de cada comunidad en torno al obispo: “No intentéis presentar vuestras opiniones particulares como razonables, sino que haya una sola oración en común, una sola súplica, una sola mente, una esperanza en la caridad, en la alegría sin mancha, que es Jesucristo. Nada hay mejor que él. Corred todos a una, como a un único templo de Dios, como a un solo altar, a un solo Jesucristo, que procede de un solo Padre, el único a quien volvió y con quien está”.

Las palabras del Papa y de San Ignacio nos invitan, no a una uniformidad u obediencia ciega, sino a vivir en la comunión que da el amor y que sabe que tiene que cumplir la misión de transmitir la fe, la esperanza, la caridad y la alegría. Por ello el obispo nunca se debe sentir solo, su misión no es algo que asume en soledad, como nos dice el Papa todos los miembros de la Iglesia “tienen olfato para las cosas de Dios”.

Todos, pues, nos debemos sentir comprometidos en la misión que se encomienda a todo bautizado, el Papa nos señalaba la mutua colaboración que entre todos teníamos que tener para que el obispo nunca se sienta solo: “Especialmente sus colaboradores más directos, los sacerdotes, por su estrecho contacto con los fieles, con sus necesidades y desvelos cotidianos. También las personas consagradas, por su rica experiencia espiritual y su entrega misionera y apostólica en numerosos campos. Y los laicos, que desde las más variadas condiciones de vida y respectivas competencias llevan adelante el testimonio y la misión de la Iglesia”.

Por ello quiero siempre, para cumplir las palabras del Papa, contar con todos vosotros, que todos, desde la comunión, tengamos claro que por encima de nuestros intereses o nuestros gustos tenemos una misión conjunta que cumplir:“poner a vuestras Iglesias – en nuestro caso la querida diócesis de Tarazona- en un verdadero estado de misión permanente, para llamar a quienes se han alejado y fortalecer la fe ”.

Os invito a todos, desde los niños a los más ancianos, a que compartáis conmigo esta misión que el Señor nos encomienda en nuestros días. Que nadie se sienta extraño o que piense que sus fuerzas son pocas. Todos podemos desde nuestra debilidad o pobreza aportar el pequeño grano que construya la Iglesia de Jesús. Queridos hermanos: ¡Os necesito!. Esta querida iglesia particular nos necesita a todos juntos, en comunión. Rezad por mí, como yo lo hago por vosotros.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
Acerca de Mons. Eusebio Hernández Sola 244 Articles
Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.