"Que la Palabra del Señor es sincera" -Sal 33 (32),4

martorell7Mons. Julián Ruiz Martorell       Queridos hermanos en el Señor:  Os deseo gracia y paz.

Cuando dedicamos un tiempo más prolongado, en un espacio más recogido, a orar con los salmos descubrimos un manantial de luz, un caudal de agua viva, un hontanar de esperanza. La Cuaresma es un tiempo propicio para sentir el hondo latido de los salmos.

Os propongo que recitemos juntos el Salmo 33 de la Biblia, que aparece en la liturgia con el número 32, reconocido como un himno al Dios fuerte y bueno. Leamos despacio, asimilando cada palabra. Comienza con una invitación: “Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos” (v. 1). Tal vez nosotros no nos sentimos dignos de ser calificados como “justos” y “buenos”. Posiblemente hemos transitado por senderos equivocados y nos cuesta crecer en bondad. Pero el salmista insiste: “dad gracias al Señor”, “tocad en su honor”, “cantadle un cántico nuevo” (vv. 2-3). El cántico nuevo solamente podrá ser entonado por personas renovadas, por quienes han dejado que el Señor actúe en sus vidas y cambie sus valores, sus criterios, sus expectativas, su horizonte. Además, el cántico siempre será nuevo porque el Señor nos da constantemente motivos para que le aclamemos, toquemos en su honor y le cantemos. El cántico nuevo va acompañado por los instrumentos de las buenas obras.

De repente, la mirada se desplaza desde nosotros hasta Dios: “Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra” (vv. 4-5). En medio de un mundo confundido en el que abundan las palabras efímeras y engañosas, inmersos en la multitud de acciones poliédricas, que tienen mucho de amor propio, se destacan nítidamente la sinceridad de Dios, su lealtad, su amor por la justicia y el derecho, su misericordia.

Puesto que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, descubrimos que somos más genuinamente nosotros mismos cuando nos asemejamos al Señor con palabras sinceras, con acciones leales, trabajando por la justicia y el derecho y viviendo la misericordia entrañable.

La palabra del Señor es sincera, eficaz y creadora: “La palabra del Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos” (v. 6). La contemplación de la creación produce dentro de nosotros un estremecimiento, una conmoción interior, una experiencia de respeto confiado que la Sagrada Escritura denomina “temor del Señor”. Por eso, dice el salmista: “Tema al Señor la tierra entera, tiemblen ante él los habitantes del orbe” (v. 8). No se trata de miedo; no es pánico, es respeto confiado. Es la consecuencia de sentir admiración, asombro y gratitud “porque él lo dijo, y existió; él lo mandó y todo fue creado” (v. 9).

El Dios Creador es también Providente, mira complacido, se ocupa de todos: “El Señor mira desde el cielo, se fija en todos los hombres. Desde su morada observa a los habitantes de la tierra” (vv. 13-14). No nos abandona, no se aleja de nosotros. Nos mira, nos observa. Y el mirar de Dios es amar. “Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme, en los que esperan su misericordia” (v. 18). Si al principio no terminábamos de considerarnos como “justos” y “buenos”, ahora nos sentimos más identificados con esta categoría: “los que esperan su misericordia”. El salmista insiste en esta nueva perspectiva: “Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; con él se alegra nuestro corazón, en su santo nombre confiamos” (vv. 20-21).

Por eso, hacemos nuestra la súplica final del salmo: “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti” (v. 22).

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Jaca y de Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.