La celebración es algo propio de lo humano

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez       Para adentrarnos en la celebración del misterio cristiano es conveniente definir qué es celebrar. Cuando decimos la palabra celebración enseguida pensamos en celebraciones civiles y religiosas o ambas a la vez. También pensamos en celebraciones personales, familiares o sociales. Celebrar tiene connotaciones antropológicas y teológicas. Todo se basa en la dimensión expresiva y festiva del hombre.

Desde la antropología podemos decir que celebrar es una característica de los grupos humanos en todas las culturas y edades de la historia. Está en la esencia misma del ser humano la necesidad de celebrar, que es lo mismo que representar su historia y así repetir y afirmar los sentimientos de identidad. Hay fechas señaladas en las que se recuerdan acontecimientos realizando reuniones. Se recuerdan las raíces y orígenes de los pueblos proponiendo unos fundadores originales del grupo humano.

Se celebran las gestas del pueblo que se ha defendido de los enemigos, que ha conquistado territorios, que se ha unido a otros grupos humanos o que ha dominado la naturaleza con grandes obras. Se recuerda a personas célebres por su sabiduría, ingenio, por su defensa del pueblo o su fama. Se celebra el cambio de las estaciones siguiendo el ritmo de los astros y el calendario agrícola. Se recuerdan fenómenos atmosféricos sucedidos de forma espectacular o por los efectos devastadores producidos. La celebración es algo intrínseco en la memoria de la naturaleza humana.

Todo esto se realiza en reuniones de un grupo humano, en lugares determinados, en torno a una memoria hablada, escrita o figurada en esculturas y monumentos. Nos servimos del arte del bello decir en discursos y poesías, en narraciones de epopeyas, por medio de representaciones artísticas, con música, cantos y danzas. Todo eso constituye la fiesta. Los hechos repetidos se convierten en costumbres y en cultura con sus ritos para cada ocasión. Es la dimensión expresiva y festiva de los humanos. Siempre hay tres factores: algo que motiva la celebración, un grupo humano que se reúne en asamblea y un ambiente festivo presente en todo con un ritual que se realiza.

Y la celebración queda enriquecida cuando abrimos su horizonte a la vida espiritual y celebramos la intervención divina en nuestra historia: la acción de Dios Padre, la presencia de Jesucristo y la acción de la gracia del Espíritu Santo. Por eso la celebración litúrgica supera en todos los sentidos a otras celebraciones.

Las religiones han sido depositarias de las mejores tradiciones de los pueblos y se han encargado de recordarlas en sus ceremonias. Son generalmente la base de las celebraciones festivas. Así la antropología y la teología han ido de bracete para convertirse en cultura de las civilizaciones.

En la civilización occidental de influencia cristiana las celebraciones, especialmente litúrgicas, han ocupado mayormente el calendario, han tenido y siguen teniendo en gran medida una importancia capital en configurar la identidad de los pueblos. El cristianismo ha introducido la fiesta como liberadora de la pesada rutina del trabajo dando paso a la celebración litúrgica y al descanso en un ritmo semanal.

El poder de la celebración cristiana está en la eficacia real de las celebraciones y en que éstas se convierten en un programa de vida. Así, pues, celebrar es el acto de reunirse varias personas en un mismo lugar haciendo referencia a un acontecimiento, a una persona, a un misterio que produce un sentimiento común. Es un encuentro con los demás movidos por unos intereses e ideales comunes. El centro de la fiesta es la celebración de la Eucaristía dominical. El mismo Jesucristo es el autor y motivo de la fiesta al resucitar en domingo y todos los domingos se hace vivo y patente el memorial de la pasión del Señor y participando de la Eucaristía nos actualiza su gracia y salvación.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).