El grillo y la moneda

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella     Un sabio indio tenía un amigo íntimo en una ciudad donde la gente tenía fama de ser muy tacaña. El sabio decidió visitar a su amigo para comprobar de primera mano el motivo de dicha fama. Y así lo hizo.
Mientras ambos visitaban la ciudad tacaña, el sabio indio atraía la atención con su cara oscura color chocolate, su negra barba y su turbante amarillo. Y el lugareño caminaba a su lado, orgulloso de tener un amigo tan exótico.
De repente, mientras paseaban, el indio se detuvo en medio de una gran avenida y dijo: “Por casualidad, ¿oyes tú lo que estoy oyendo yo?”
El lugareño, un tanto sorprendido, aguzó el oído todo lo que pudo, pero confesó que no oía más que el ruido del tráfico y de la gente que pasaba.
“Por aquí cerca hay un grillo cantando”, dijo el indio, seguro de sí mismo.
“Te equivocas. Yo solo oigo el tráfico de los coches y el ruido de la ciudad. Además, ¿qué iba a hacer un grillo por aquí?, contestó el lugareño.
“Estoy completamente seguro. Oigo el canto de un grillo”, respondió el indio.
Y sin pensarlo más, se puso a buscar entre las hojas de algunos arbustos y en los ramilletes de flores de los quioscos.
Al poco rato señaló al amigo, que lo miraba sin dar crédito a sus ojos, un pequeño insecto, un magnífico ejemplar de grillo cantarín camuflado entre las hojas verdes y rezongando contra quienes venían a estorbar su magnífico concierto.
“¿Ves como era un grillo?”, dijo el sabio indio. “Tienes razón, admitió el lugareño. Vosotros, los indios tenéis el oído mucho más fino que nosotros”.
“Te equivocas, fíjate bien, replicó el sabio indio sonriendo. Y sacando una pequeña moneda del bolsillo y, como por descuido, la dejó caer en la acera.
Enseguida le echaron el ojo cuatro o cinco personas.
“¿Has visto, replicó el indio. La moneda, al caer, ha hecho un sonido más débil que el canto del grillo. Y sin embargo, ¿te has dado cuenta de cómo lo han oído?”
Amigos lectores de Pueblo de Dios, muchos de nuestros contemporáneos dicen o, quizás también nosotros decimos con ellos, que a Dios no le vemos, que a Dios no le oímos, que si la existencia de Dios no será un invento de los curas.
Y yo me pregunto: ¿no nos pasa como a ese lugareño del cuento que no vemos a Dios y no lo escuchamos porque nuestro corazón está totalmente centrado en los bienes materiales y ya no descubre la belleza de la naturaleza, no escucha el silencio en el que se hace presente el Señor, Dios y Padre de todos? Jesús nos dice bellamente: “No solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” . Tratemos de escuchar en silencio, de meditar y rumiar en el hondón de nuestro ser esa Palabra de Dios que es viva y eficaz.
Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.