Domingo laetare, domingo de la alegría

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas       Este cuarto domingo de cuaresma es el domingo de la alegría porque nos aproximamos a la gran celebración de la Pascua. El canto de entrada de la liturgia se inicia precisamente con esta expresión: “Festejad a Jerusalén”. La nueva Jerusalén es la Iglesia, y por ello podemos exclamar: “Festejad a la Iglesia”.

Meditando acerca de este domingo me han venido a la memoria algunos puntos de la exhortación Evangelii Gaudium del papa Francisco.

– En el Antiguo Testamento se anuncia la alegría de la salvación en tiempo del Mesías. Podríamos recordar expresiones de los profetas, como muestra, ésta del profeta Sofonías: “El Señor tu Dios está en medio de ti, valiente y salvador, se alegra y goza contigo, te renueva con su amor; exulta y se alegra contigo” (3,17).

– Es la alegría que se vive en medio de las pequeñas cosas cotidianas, como respuesta a la afectuosa invitación de nuestro Padre Dios: “Hijo, en cuanto te sea posible, cuida de ti mismo…

No te prives de pasar un día feliz “ (Si 14, 11.14). Fíjate bien: “No te prives de pasar un día feliz”. ¿Acaso no es lo que nos deseamos cuando por la mañana decimos “buenos días?”. ¡Cuanta dulzura se intuye tras estas palabras del libro de un sabio!

– El Evangelio, donde nos encontramos con la Cruz gloriosa de Cristo, nos anima insistentemente a la alegría. Basten algunos ejemplos: “Alégrate” es la salutación del ángel a María. La visita de María a Isabel hace que Juan salte de alegría en el seno de su madre. En su canto María proclama: “se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador”. El propio Jesús “se llenó de alegría en el Espíritu Santo”. Su mensaje es fuente de alegría: “Os he dicho estas cosas para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea plena”. Nuestra alegría cristiana se fundamenta en Jesucristo. Él promete a sus discípulos: “Vosotros lloraréis, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría”. E insiste: “Volveré a veros y vuestro corazón se alegrará, y nadie os podrá privar de vuestra alegría”. Los discípulos, al ver al resucitado “se alegraron”. En el libro de los hechos de los Apóstoles se cuenta que en la primera comunidad “tomaban el alimento con alegría”.

Por donde quiera que los discípulos pasaban, había “una gran alegría”, y ellos, en medio de la persecución, “se llenaban de gozo”. Y así podríamos seguir recordando… ¿Por qué no sumergirnos también nosotros en este río de alegría?

– La alegría no se vive de la misma forma en todas las etapas y circunstancias de la vida, a veces muy duras. Se adapta y se transforma, y siempre permanece como un rayo de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado hasta el límite.

Con frecuencia tendemos a la tristeza ante las dificultades que hemos de sufrir, pero poco a poco debemos permitir que la alegría de la fe comience a despertarse, como una secreta pero firme confianza, incluso en medio de los peores sufrimientos.

– La tentación aparece con frecuencia como si tuvieran que darse innumerables condiciones para que la alegría sea posible. Ello suele suceder porque nuestra sociedad tecnológica ha conseguido multiplicar las ocasiones de placer, pese a lo cual le resulta muy difícil engendrar alegría. Vosotros y yo mismo somos testigos de que personas en situaciones humanas muy duras han dado testimonio de una profunda alegría. De formas distintas, tales alegrías, beben de la fuente del inmenso amor de Dios que se ha manifestado en Jesucristo.

La pascua se acerca, se acerca pues la razón de nuestra alegría.

+Francesc Pardo i Artigas
Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.