Un camino para acoger la Palabra

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris       Uno de los dos objetivos prioritarios que nos marcamos para este curso fue «Dar prioridad a la lectura creyente de la Biblia para revitalizar la fe» y una forma de profundizar la Palabra de Dios es la llamada lectio divina que, como muchos ya saben, es un itinerario en cuatro etapas: lectio, meditatio, oratio y contemplatio. Este tiempo litúrgico puede ser un buen momento para practicarla.

Primero leemos un pasaje de la Biblia varias veces, y nos preguntamos «¿Qué dice el texto en sí mismo?». Hay que leer de manera atenta y respetuosa, parándose y reposando sobre el texto; queriendo descubrir el mensaje de fe, el camino que está invitando a hacer. Ojalá la lectura personal se pudiera complementar con la comunitaria, sumando los diferentes carismas y sensibilidades para descubrir con más plenitud la riqueza del mensaje.

Luego viene la meditación de lo que hemos leído, creando recogimiento en nuestro interior, poniéndonos a la escucha como Samuel (1S 3,10) y preguntándonos ante el espejo de la Palabra: ¿Qué me dice este texto? De esta manera interiorizamos y profundizamos en la propia vida, dejándonos interpelar por la Palabra y buscando descubrir el mensaje del texto para nuestra situación personal, comunitaria y social. Porque nosotros no leemos la Biblia para saber más sobre ella o por curiosidad sino para entender nuestra vida. En sus páginas no hay recetas, sino pistas fundamentales para orientar nuestra existencia y esto pide una mirada penetrante sobre las cosas que nos pasan a nosotros y a la gente que nos rodea. Jesús resucitado sigue haciéndose presente en el camino de la vida, en las Escrituras, en la fracción del pan y en la comunidad.

El tercer paso es la oración, dirigiéndonos explícitamente al Dios que nos ha hablado. La pregunta es: Este texto ¿qué me lleva a decirle a Dios? Respondemos con la súplica, la acción de gracias, la alabanza… completando así el diálogo que él mismo comienza. Porque escuchamos a Dios cuando leemos su Palabra y le hablamos cuando le dirigimos nuestra oración, presentándole nuestra disposición a fin de que quiera transformar nuestros pensamientos y nuestras acciones.

Llegamos así a la contemplación activa, dejándonos afectar en nuestro interior por la presencia de Cristo, y preguntándonos «¿Qué hay que hacer ahora para realizar esta Palabra en la vida de cada día?». La lectura de la Biblia es una lectura comprometida, tiene como meta la vida, la nuestra y la de los demás. Al descubrir su mensaje dejándonos interpelar, la Palabra de Dios nos da un impulso para la vida y nos abre un camino de conversión. Dios se nos da a conocer con la experiencia del corazón. Contemplemos, pues, con serenidad su misterio.

La lectio divina es un encuentro con la Palabra en cuatro etapas vividas con el espíritu del Salmista: «Su palabra da luz a mis pasos, luz que me ilumina en el camino» (Sal 119 [118], v.105).

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.